El tren del «escarnio»

Francisco J. Rodríguez
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La línea de alta velocidad a Toledo fue la tercera de España, por detrás sólo de Madrid-Sevilla y Madrid-Zaragoza-Lleida , lo que provocó recelos nacionalistas



En pleno intento de ‘desconexión’ de Cataluña es inevitable recordar la polémica nacionalista que suscitó la llegada del AVE a Toledo. El por aquel entonces  presidente de CiU, Artur Mas, criticó duramente la llegada de la alta velocidad a la capital de Castilla-La Mancha por delante de la opción catalana, algo que no dudó en calificar como un «escarnio».
Mas destacó el mismo día de la inauguración de la línea toledana que Cataluña «fue pionera en la reclamación de un AVE» que la conectase con la capital y «se está quedando a la cola», insistiendo en que «muchos ciudadanos de Cataluña se sienten insultados» porque Toledo tuviera alta velocidad antes que ellos.
Aunque admitió que en ese 2005 la Generalitat no le estaba «poniendo las cosas fáciles» al PSOE para poder llevar el AVE a Barcelona, dado que los socios del tripartito no se ponían «de acuerdo», Artur Mas quiso denunciar que la construcción de la alta velocidad obedecía a criterios partidistas. «Cuando gobernaba Felipe González, que era andaluz, el AVE llegó a Sevilla. José María Aznar lo llevó a Valladolid, ahora a Toledo, y no me extrañaría que José Luis Rodríguez Zapatero lo llevara a León», criticó el ahora presidente en funciones de la Generalitat.
La respuesta desde Castilla-La Mancha no se hizo esperar, y el propio presidente de la comunidad por aquellos años, José María Barreda, escribió una carta remitida a los medios de comunicación en la que expresaba su descontento con las afirmaciones del líder nacionalista.
«No entraré a hacer disquisiciones técnicas, económicas, administrativas e incluso geológicas que hayan podido influir en los tiempos y plazos de uno y otro proyecto (de AVE), pero sí quiero manifestar mi rechazo a su consideración según la cual ‘es una auténtica falta de tacto y de sensibilidad’ hacia Cataluña», arrancaba el escrito, para a continuación subrayar que «no me parece una pedagogía adecuada excitar envidias entre las diferentes Comunidades autónomas de España», recordando a la vez a Mas que «entre los muchos efectos silenciados del centralismo se encuentra el despoblamiento que mi tierra tuvo que soportar por falta de inversiones y ausencia absoluta de creación de infraestructura básica». «Me gustaría que para usted nuestro progreso y nuestro desarrollo fuera no un escarnio, sino una buena noticia», sentenció el líder del Gobierno regional entonces.
El tema no quedó ahí, y a las voces de Artur Mas se sumó otro piar por el AVE. El por aquel entonces diputado nacional de Chunta Aragonesista, el difunto José Antonio Labordeta, preguntó en el Congreso a la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, sobre la, a su modo de ver, «discriminación» que suponía el hecho de que los billetes del AVE entre Madrid y Toledo se vendieran en 2005 a precios muy inferiores de la línea Madrid-Zaragoza, en trayectos de distancias similares.
El Gobierno de Aragón, que presidía el socialista Marcelino Iglesias, también se sumó a las quejas de Labordeta, y remitió una carta a Fomento. En la misiva, remitida al secretario de Estado de Infraestructuras, Víctor Morlán, se incidía en el «agravio comparativo» del precio de la línea.
El problema de los precios sí fue solventado, y con ello se apaciguaron las aguas de una polémica que en Cataluña todavía encendió debates durante algún tiempo.
Y es que, la alta velocidad ya prometía desde sus inicios, puesto que incluso el acto de la colocación de la primera piedra terminó por ser declarado nulo por la Junta Electoral Provincial de Toledo. José María Aznar, entonces presidente del Gobierno, no respetó los 15 días de campaña electoral en un acto que fue catalogado como «propaganda».