Los propietarios del aeródromo de Casarrubios piden un pacto para un «desarrollo conjunto»

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Los propietarios del aeródromo de Casarrubios piden un pacto para un «desarrollo conjunto» - Foto: Víctor Ballesteros

Desde el Aeródromo de Casarrubios del Monte se apela a las autoridades públicas tanto de Madrid como CLM para elaborar un proyecto «justo, sensato, viable y mucho más económico»

«Por sentido común, sentémonos para elaborar un proyecto justo, sensato, viable y mucho más económico». De esta forma se pronunciaba ayer la dirección, tanto el fundador del Aeródromo de Casarrubios del Monte, el empresario Ignacio Elduayen Ruiz, quien junto a su hijo, gerente de la infraestructura, ofrecía una rueda de prensa para hablar de los pormenores que implica el proyecto del aeródromo del Suroeste que quiere llevar a cabo la Comunidad de Madrid.
De esta forma apela a las autoridades públicas regionales y locales «a que defiendan un proyecto propio que lleva años tributando y creando empleo en la región», solicito que el Gobierno de Castilla-La Mancha y Madrid «pacten los intereses de ambas comunidades haciendo un desarrollo conjunto».
Así esperan que «no se convierta en un David Contra Goliat», sobre todo, porque lo que se propone desde Madrid «técnicamente reúne muchas carencias, que pueden afectar al volumen de negocio incluso a la seguridad», a lo que se une que cause «molestias a la población» y de llevarse a cabo significaría «la desaparición de Casarrubios».

Las «carencias». El proyecto madrileño consta de una pista de 2.000 metros de longitud. Según Elduayen, «aunque dicen que podía crecer 500 metros más sería a costa de plantar la cabecera a pocos metros de la A-5». Y con esa longitud «no entran» la mitad de los jet, porque es pequeña.
La proximidad de las cabeceras a los núcleos de población (tanto la urbanización toledana Calypo-Fado como el municipio madrileño de El Álamo) podía impedir su operatividad durante la noche, no siendo operativo las 24 horas del día, «por rebasar el límite de decibelios permitidos». Esto supondría una pérdida «importante de volumen de aviación».
En relación a sus pistas, «cruzan los vientos predominantes». Según los estudios de viento de los que disponen en Casarrubios y la experiencia de operar desde hace veinte años, «la cadencia es a favor de nuestra orientación de pista», lo que en el caso madrileño «podría empeñar peligro para los días de aviación en los días de vientos fuertes».
Además, a esto se le une que la nueva infraestructura proyectada está dividida por la carretera que comunica El Álamo con Navalcarnero, la 404. «Resulta poco práctico y costoso», por ejemplo, «tener que establecer puentes de comunicación». Entre las carencias se encuentra también el «peligro» que supone operar a baja altura por coches pasando por debajo «más cuando son muchas las escuelas que sobrevolarían la zona».
Desde el Aeródromo de Casarrubios, indicaban ayer, «no queremos ir en contra de nadie y mucho menos contra un proyecto de desarrollo y tan necesario para la aviación en nuestro país».
Así, recordaba su fundador, siempre se ha tendido la mano a la Comunidad de Madrid «para acercar posturas y desarrollar una infraestructura conjunta ya que sería lo mejor desde todos los puntos de vista, sobre todo, desde el económico y el operativo».
Desde la empresa, ahora, se estudiará el proyecto madrileño, su plan director, «y ver por donde va», presentando una alegación a su totalidad y a varios de los aspectos que incluya, ya que, según el gerente-portavoz de la infraestructura, Ignacio Elduayen Alonso, por lo pronto, al compartir el espacio aéreo lo hace «incompatible» y es que las pistas proyectadas por Madrid estarían a una distancia de 1.900 metros con ya operativa de Casarrubios.
La Comunidad de Madrid, en su plan de infraestructuras 2007-2025 indicaba que «se desarrollarían los acuerdos oportunos con el aeródromo de Casarrubios para evitar cualquier interferencia con los espacios aéreos de ambas infraestructuras».
Para Ignacio Elduayen Ruiz «el Gobierno de Madrid no puede ir en contra de su propia Ley» lo que hace pensar que «buscan que este problema se resuelva en los juzgados y que sean los ciudadanos los que paguen las indemnizaciones que se produzcan». Un «despropósito que no se puede consentir», cuando lo lógico, decía «es llegar a un entendimiento y hacer un desarrollo conjunto».
Tampoco se puede permitir, apuntaba, que la «arrogancia» de la administración de una comunidad autónoma trate de «atropellar» una infraestructura como la que él mismo fundó «para poner ellos otra técnicamente peor a dos kilómetros escasos».
Esta «barbaridad» no puede suceder en este país, criticaba y menos «envolverse en la promoción pública del proyecto madrileño cuando lo que buscan es hacerle una concesión a un gestor privado». La única diferencia decía entre la infraestructura proyectada en Madrid y la existente en Casarrubios es solo una: «este aeródromo no ha costado un solo duro a los ciudadanos», mientras que el de Madrid «ya va por 10 millones de euros» y otros 230 millones anunciados.
«Todo hace pensar que es otro interés el que mueve el proyecto y no el de los ciudadanos». Y ese interés podría ser la proximidad con la futura Eurovegas.