La memoria rescatada de las lavanderas del Tajo

C.S. Jara
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La memoria rescatada de las lavanderas del Tajo

Una investigación de Sonsoles Arnao recupera la labor de las mujeres que se dedicaron al oficio de lavanderas y pide un recuerdo de la ciudad: «Talavera tiene una deuda con ellas»

Niñas sin infancia, adolescentes que marchitaban su juventud, mujeres ya más entradas en años que aportaban el fruto de su trabajo a la maltrecha economía familiar. Las lavanderas fueron una imagen familiar hasta mediados del siglo XX y a su esfuerzo, todavía anónimo, ha dedicado una completa investigación Sonsoles Arnao, que suma a su conocida faceta política la de antropóloga social y cultural.
Basada en la investigación documental y en los testimonios orales que ha recogido en la comarca de mujeres que se dedicaron al oficio, ‘Mujeres. Risas. Arroyos. Las lavanderas del Tajo’ es el título de la conferencia que Arnao ofreció el jueves en la sede de la Asociación Manuel Azaña, dentro del ciclo ‘El Tajo que nos lleva’, dedicado a diferentes aspectos en torno al río.
El arroyo de La Portiña y el lavadero de Los Caños son dos de los escenarios principales en los que desarrollaron su actividad las lavanderas, que encontraban en ellos su sustento, pero también un medio de socialización. «Talavera tiene una deuda con ellas», aseguró la investigadora, que pidió algún recordatorio público en su memoria, así como la recuperación de Los Caños, como homenaje y como preservación del patrimonio etnográfico de Talavera. 
Entre los datos que aportaba Sonsoles Arnao se encuentra la propia historia de este lavadero, proyectado en el año 1906, construido con material procedente del derribo de la iglesia de San Clemente y de la Puerta de Cuartos y desaparecido en la década de los 80 del siglo pasado. Su uso supuso un notable avance para las lavanderas que hasta entonces tenían que trabajar arrodilladas sobre el cauce de los arroyos que surcaban la ciudad, especialmente en La Portiña. 
siglos de historia. Aunque su historia se remonta a siglos atrás, Arnao se ha querido centrar en la última etapa, antes de que la generalización de las lavadoras las desplazara como mano de obra. Lo ha hecho a través de testimonios que ponen nombre y apellidos a algunas de las mujeres que se dedicaron a lavar para otras familias, en Talavera y en la comarca. Testimonios desnudos que retratan el sacrificio que realizaban, como el de Inés Arias García: «Fui mujer antes que niña, porque niña no he sido». 
El empeño de Sonsoles Arnao es rescatar la memoria de estas mujeres, su contribución a la identidad local y la construcción social en la que se enmarca su faena.Fuera de la visión idealizada que dejaron los viajeros románticos, el de lavandera era un trabajo duro en lo físico y estigmatizado en lo social, que se realizaba a menudo a cambio de compensaciones en especie -por pedazos de jabón, incluso- y cantidades casi simbólicas. Arnao destacó que el arroyo y el lavadero fueron también para las mujeres que se desenvolvían allí espacios transgresores y liberadores, en los que se generaban alianzas y vínculos de solidaridad entre las compañeras.
El tema supone además una aportación al universo femenino, pendiente de estudio en éste como en tantos ámbitos: «Casi siempre que se habla del Tajo, se habla muy poco de mujeres», recordó Arnao.