Una victoria labrada más con la cabeza que con las piernas

J. M. Loeches
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El Águila de Toledo, ayudado por Dalmacio Langarica, su director, tuvo que templar su carácter para no desfallecer por intentar la heroica en la montaña. Prometió más triunfos en grandes vueltas

Una victoria labrada más con la cabeza que con las piernas

No tuvo dudas: «Este amarillo es para España». Federico Martín Bahamontes no pudo ocultar aquel 18 de julio de 1959 su alegría por ser el primer ciclista español en vencer una gran vuelta. Habían pasado 56 años desde la creación de la ronda francesa y, quizás, a día de hoy se le dé todavía más importancia a la conquista.
Para el toledano, el triunfo se labró más con la cabeza que con las piernas. Nadie duda de su calidad, sobre todo en la montaña, pero al Águila de Toledo le había faltado siempre un punto de cordura para ser el mejor en tres semanas de carrera. Por eso, su saber estar sobre la bicicleta y, ahora sí, el autocontrol sobre su carácter, le enfundaron el jersey amarillo en París.
«Es un día muy importante, tanto para mí como para mis compañeros de equipo, que me han ayudado a lograr este reto», dijo el toledano, que esperaba en ese momento que no fuera el último: «Quiero repetir triunfo en otras ediciones del Tour de Francia y de otras grandes vueltas». Se quedó en el intento.
Fermina, presente en París, también estuvo en el recuerdo de Bahamontes con la entrega del ramo de flores: «A mí ya me darán otro después para hacer la vuelta de honor». Sello del Águila de Toledo, impertérrito a día de hoy. De hecho, en pleno 2019 recuerda que «en carrera, el único que sabía sufrir era yo porque nadie me ayudaba y sí a los demás».
Por lo demás, su director, Dalmacio Langarica, también ayudó a contener los impulsos del Águila hasta llevarse al éxito. Fue muy arriesgado para él escogerle por delante de Jesús Loroño, pero le acabó dando la razón. «Me presionaba constantemente para que le soltase la brida que le sujetaba», reconoció al final del Tour. Asimismo, confesó que «estaba empeñado en hacer una gran etapa de montaña, pero me daba miedo porque corría el riesgo de sufrir un desfallecimiento».  Su táctica, como declaró, «era aguantar hasta el primer día de calor para atacar a Charly Gaul para eliminarlo». Y con el luxemburgués fuera, «tocaba parar». Después, Langarica estaba convencido de que «era sencillo seguir a Rivière y Anquetil en los Alpes».