La tradición manda en San Pablo

J.M.
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Cientos de vecinos y visitantes han disfrutado del Día de la Vaca en San Pablo de os Montes. Se trata de una fiesta singular protagonizada por los quintos y los forasteros. La limonada y los tostones forman parte de esta jornada

La tradición manda en San Pablo - Foto: David Pérez

Los quintos y los forasteros protagonizan la fiesta popular señera de San Pablo de los Montes. Y quintos y visitantes coincidieron ayer, un año más, en la celebración del Día de la Vaca, que congregó a cientos de personas encantadas con un día caluroso en medio del invierno.
Esta fiesta comienza la noche de la ‘luminaria, víspera del Día de Vaca. Se trata de una gran hoguera encendida por los quintos con leña durante el día. Los quintos, antes los recién licenciados de la mili, cruzan la hoguera. Y al día siguiente, ayer se celebró el Día de la Vaca. El visitante observa de primeras a un hombre que porta una cornamenta vacuna, a un escobonero y a unos cencerreros de blanco y con pañuelos rojos. Con ellos, un quinto disfrazado de mujer al que se le llama ‘la madre cochina’. Son los quintos, quienes se encargan durante la mañana de conducir a los visitantes al Ayuntamiento para que se refresquen.
La iglesia parroquial de San Pablo albergó la misa siguiente a la procesión por las calles del municipio de los Montes de Toledo. El templo estaba abarrotado de fieles, mientras fuera esperaba un nutrido grupo de vecinos. «Es una vez en la vida», decía el escobonero, Daniel, quien arreaba a la vaca simbólica. Con 21 años, la generación protagoniza el Día de la Vaca. Jorge, por su parte, estaba caracterizado como la ‘madre cochina.
El Día de la Vaca está protagonizada también por los quintos de hace 25 años. Parte de la generación de 1994 repetía ayer también los personajes y aprovechaban para reeencontrarse. En total 10 de los 26 de esa promoción corrieron por las calles del pueblos, tal y como apuntaba a este diario José Antonio, natural de San Pablo aunque residente en Madrid.
«¡Qué apretón de los mozos!», decía uno de los vecinos al ver al bando de los solteros tirar del gran tronco que sirve como duelo contra los casados. Los primeros ganaron con suficiencia en una de las pruebas características del Día de la Vaca.
La limonada y los tostones se repartían a espuertas en la plaza de la Constitución de este municipio de 1.800 habitantes. Allí, ejercía como presidenta de los actos la alcaldesa, Alicia Benito, quien ejerció como anfitriona de sus compañeros de partido Emilio Bravo, alcalde de Mora, y Manuel Fernández, de Gálvez. «Para nosotros es muy especial», afirma con el bastón de mando en la mano sobre el sentimiento de los vecinos con esta celebración, que comenzó como una fiesta de hoguera para desprenderse de lo negativo.
Los niños forman parte de esta fiesta, que se celebra cada 25 de enero porque se trata del día de la conversión de San Pablo. El 1 de enero ya empiezan los preparativos con el permiso a la alcaldesa para correr la vaca. «Los protagonistas son absolutamente los quitos y los forasteros», recuerda.