Vaya, vaya, Madrid no tiene de todo...

M.R.Y. (SPC)
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Con el simple y pegadizo grito de «¡aquí no hay playa!», The Refrescos dieron voz a millones de españoles que aprendieron sus primeras palabras en brasileño gracias a 'La lambada'

Vaya, vaya, Madrid no tiene de todo...

Podéis tener Retiro, Casa Campo o Ateneo... Podéis   tener mil cines, mil teatros, mil museos... Incluso podéis ser el epicentro del fútbol -ganar la Liga, ganar la Copa...- Podéis tener de todo, pero... ¿sabéis qué? Que al llegar agosto en Madrid no hay playa. ¡Vaya, vaya!
La canción de The Refrescos se convirtió en todo un himno en 1989. Aunque sus autores insisten en que se trata de un halago a la ciudad y una única crítica a los estragos del calor estival, muchos vieron en ella la materialización de un hartazgo general con la capital del país y su manera de acaparar cualquier institución o acontecimiento. Eso sí, estaban aún por llegar los Juegos de Barcelona y la Expo de Sevilla, ambos en 1992, que abrirían la exposición de España a otras ciudades
Aquel verano de 1989, el clima estaba caliente en el país, que durante el primer semestre del año había ocupado la Presidencia rotatoria de la UE -«podéis decir a gritos que es la capital de Europa», decía la canción-. Felipe González se vio obligado a adelantar las elecciones nueve meses -se celebraron en octubre de ese año- por el descontento en las calles, donde en diciembre de 1988 se había vivido una multitudinaria huelga general contra la reforma laboral socialista. Sin embargo, el PSOE revalidó su mayoría absoluta, aunque perdió cerca de 800.000 votos, mientras que el PP -recién refundado y con el estreno de José María Aznar al frente- comenzaba a ganar espacio.
Aquel primer -y solitario- éxito de The Refrescos, que repitió dos semanas en el Número uno de Los 40 Principales -siendo el único tema que repitió en todo el año al frente de la lista de música de referencia en España-, que sigue sonando -bueno, este año no- en muchas verbenas, sigue sirviendo de grito de guerra para toda una generación, que combinó ese Aquí no hay playa con sus primeras lecciones de brasileño y de movimiento de caderas a ritmo del antecessor del reggaeton: La lambada
De titulo original Chorando Se Foi (llorando se fue), acabó cambiando su nombre para adoptar el de un ritmo carioca que las mujeres bailaban con faldas cortas y gestos sensuales y que durante esos años llegó a estar prohibido años antes. Lambada, que significa latigazo, era considerado provocativo y obsceno por la sociedad más purista y, además de la polémica por su manera de bailar, también tuvo controversia por su autoría.
No conviene olvidar que -eso sí, ya pasado el verano- Loco Mía, con su canción homónima, causó sensación con sus movimientos de abanicos, mientras que a finales de octubre, Objetivo Birmania nos aseguraban que Los amigos de mis amigas son mis amigos -¡uh! ¡Vaya lío!-. Y, casi al tiempo que el Muro de Berlín caía -en noviembre de ese año- y abría una nueva etapa en el panorama internacional, Loquillo y Los Trogloditas desvelaban su mayor deseo -Quiero un camión-, apenas unos meses después de cantar desde su Cadillac Solitario y de que Freddie Mercury ya hubiese lanzado con Queen su petición al mundo: que lo quería todo -I want it all-. Madrid, seguramente, quería su playa, pero continúa sin ella 31 años después.