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No, los celos y el control no son amor

Leticia G. Colao
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La guía sobre violencia de género editada por el Ayuntamiento de Talavera ayuda a los jóvenes a identificar y rechazar comportamientos violentos que no ven como tal. Prevenir es hoy la garantía de un futuro libre de cualquier tipo de violencia.

No, los celos y el control no son amor - Foto: Manu Reino

Las experiencias de violencia o acoso en la pareja se han agravado en el último año y afectan a, al menos, tres de cada cinco jóvenes. Así se desprende del estudio sociológico 'Género, vivencias y percepciones sobre salud', una investigación del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fad y la Fundación Mutua Madrileña elaborado tras consultar a 1.200 jóvenes.

Este inquietante dato obliga a poner el foco de la lucha diaria y continua contra la violencia de género, en los más jóvenes. Es por ello que, en el marco de la conmemoración del 25-N, Día Internacional contra la Violencia a las Mujeres, el Ayuntamiento de Talavera ha editado una guía para adolescentes donde expone la realidad con datos objetivos, intenta identificar las diferentes variantes del machismo más atroz y les ofrece soluciones ante posibles casos de acoso y control en la pareja.

Trabajando desde la prevención y la sensibilización en la adolescencia se allana el camino hacia la igualdad entre mujeres y  hombres, por lo que el Ayuntamiento y el Centro de la Mujer trabajarán con esta guía en centros escolares.

En este mismo estudio se informe que crecen especialmente las prácticas de control personal sobre la pareja, del teléfono móvil o la intromisión de la pareja a la hora de decidir con quién puede o no hablar, impidiendo incluso el encuentro con amigos. Es por ello que esta guía se revela necesaria para tratar este problema estructural desde la base, que pronto será el futuro.

Las relaciones afectivas en la adolescencia pueden estar salpicadas de comportamientos de control, de abuso, de aislamiento difíciles de detectar, porque al principio son muy sutiles y se pueden  confundir con muestras de cariño. De ahí la importancia de trabajar  desde la prevención en edades   tempranas, con conocimiento sobre cómo empieza y evoluciona. De este modo se alerta sobre el riesgo que implica no detectar esas primeras manifestaciones o camuflarlas sobre un falso amor.

En la guía realizada por la concejalía de Políticas de Igualdad y Perspectivas de Género del Ayuntamiento talaverano se explica claramente que es la antigua sociedad patriarcal la que recoge el origen de la desigualdad que aún, aunque escondida, se encuentra entre nosotros. Se recuerda la baja presencia femenina en la dirección de empresas, en el mundo del arte o la historia, y la aún amplia dedicación a la crianza o las tareas del hogar.

Son resquicios de una realidad  cada vez más diluida pero que revela que queda mucho por hacer. «Hemos avanzado mucho, sobre todo a nivel legal, pero no es suficiente con ser iguales ante la ley», indica el documento.

Para cambiar la desigualdad social, económica y con ello, la violencia de género, es necesario acabar con el machismo, y para ello será clave «que la población en su conjunto se involucre activamente». Y es que el machismo sigue estando presente aunque no sea tan evidente como en tiempos pasados. Lo hace camuflado, en ocasiones, en el modelo distinto de hombres y mujeres con una distribución de características (ellos fuertes, ellas débiles), que ayudan a mantener la desigualdad, recoge la guía.

Así, anima a acabar con esa «imposición de un modelo femenino de sumisión y otro masculino de superioridad», anima a que cada persona «se exprese y viva como quiera, sin que los genitales con los que nació condicionen su vida».

Relaciones de pareja. La sociedad machista y la educación sexista hacen más difícil que las relaciones de pareja se desarrollen en igualdad. Para ello, el texto elaborado para los adolescentes recuerda que el amor romántico no es siempre como en las películas, que los celos no son una prueba de afecto y que los que se pelean, no se desean, sino más bien al contrario: los que se desean, evitan las peleas.

Apuesta por potenciar la autoestima de las mujeres, el respeto por sí misma para no dejarse faltar el respeto después, por nadie. Recuerda que el amor no es posesión, que los celos no son sanos y que cuando se producen, pueden ocultar falta de confianza, seguridad, revelando un carácter dominador con sentimiento de posesión y dependencia. Por supuesto, subraya, nadie es propiedad de nadie.

Todas estas ideas son claro caldo de cultivo de la violencia de género, que es la que se ejerce sobre las mujeres por el hecho de ser mujeres. Esta violencia se basa en el sexo y es consecuencia de la desigualdad y de las relaciones de poder de los hombres que se consideran superiores a las mujeres.

La violencia machista no es solo física (empujar, tirar del pelo, empujar, pegar patadas y puñetazos); también es psicológica (insultar, humillar, intimidar, aislar y vigilar); sexual (acosar, abusar, agredir, presionar para mantener relaciones sexuales; exigir determinadas prácticas, negarse a usar preservativo y obligar a mandar imágenes sexuales) e incluso económica, cuando no se permite la autonomía económica o se controlan ingresos y gastos.

Los falsos mitos, los que hoy ayudan al negacionismo, también se recogen con su correspondiente dato objetivo que demuestra su falta de veracidad. Uno de ellos, el de «la mayoría de las denuncias por violencia de género son falsas» no puede ser más irreal. Frente a ello, la realidad. El porcentaje de denuncias falsas en 2020 fue 0,0004 por ciento, es decir, 7 de 168.057 denuncias.

Está más que claro. No, los celos no son amor, ni el control sobre tu vida, tus horarios, tus amistades o tu móvil. Y no, tampoco hay ninguna justificación para la violencia.