Tomás Rufo: «Es el momento»

Mario Gómez
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El novillero de Pepino afronta el próximo jueves la que será la tarde más importante de su carrera, su debut con picadores en la plaza de toros de Las Ventas

Tomás Rufo.


Son poco más de las 11 de la mañana y con sus trastos plegados aparece Tomás Rufo en los Jardines del Prado.
Es de Pepino, pero en Talavers se siente como en casa. Talavera es su segunda casa como persona, pero como torero no lo es menos.
Aquí se produjo su debut de luces,  en esta misma plaza debutó como novillero con picadores en una matinal el pasado año, y quién sabe si La Caprichosa pudiera ser el escenario de una futurible alternativa... pero antes de pensar en nada más, el jueves se presentará en Las Ventas.
La primera plaza del mundo, la más importante, la que todo lo da y a penas puede quitar nada a quien comienza a caminar en este mundo del toro.
Un novillero con caballos de Pepino, que se ha criado taurinamente en la Escuela Taurina de Toledo, y que como becerrista apenas estuvo un año. En la citada Escuela Taurina, junto al matador de toros y director de la misma, Joselito de Vega.
Una etapa que define como «muy bonita» porque como en cualquier comienzo, con toda la inocencia que uno tiene.
«Fue muy bonito, y quizá lo menos duro» pues en aquel entonces para Rufo todo esto no pasaba de un juego, «jugar al toro». 16 becerradas en un ambiente de compañerismo que «se respiraba en la ET de Toledo»,  y que condujeron a un apoderamiento por parte del matador de toros toledano José Luis Triviño, y junto al cual quedó ganador del certamen  ‘Promesas de Nuestra Tierra’, lo que le abrió numerosas posibilidades para acartelarse.
Después y tras las 31 novilladas de este primer año,y con Carlos Collado, «El Niño de la Taurina» como nuevo mentor, sumó 26 paseíllos más.
Cada vez más serio, siguió Rufo dando pasos en esta profesión  hasta que en el marco de las fiestas de San Isidro 2018, se produjo un soñado debut con picadores.
En un cartel completado por Toñete y Marcos y con utreros de Fernando Peña, paseó sendas orejas que le valieron para obtener su primera puerta grande con los del castoreño.
Ahora ya sale el utrero, los rizos del animal en el testuz imprimern seriedad a las embestidas, a las miradas, a los comportamientos, experiencia que pudo vivir en las seis novilladas y dos festivales que toreó el pasado año, este año volvió a reencontrarse con Talavera,  y volvió a triunfar desorejando al segundo de su lote.
De esa cita a Madrid. ¿Pronto? Podrían pensar algunos, Tomás lo tiene claro, pues a pesar de no haber sumado demasiados festejos de luces con los del castoreño «se ha hecho mucho en el campo», por lo que el contacto con los animales nunca le ha faltado. «Era el momento de ir a Madrid», sus palabras sensatas se apoyan en el estado de la novillería actual, todo muy difícil y con muchos a punto de dar el paso al escalafón superior, y «es el momento de que pase algo importante».
Acartelarse en Madrid lo define como lo más bonito del mundo, aunque asegura que va acompañado de mucho miedo y mucha responsabilidad y presión, aunque trata de descargarse, mentalizándose de que lo que más importa es el ir metido en la tarde y dar una gran dimensión.
Asegura que no han cambiado para nada sus hábitos. «La vida normal» que mantiene desde que se anunció para su compromiso en Talavera. Misma intensidad, en los entrenamientos y fortaleza mental para poder tener la mayor tranquilidad a la hora de presentarse en ese escenario.
EL día más especial. Una fecha como la de la presentación en Las Ventas es uno de esos días que todo novillero tiene marcado.
Tomás podrá enmarcar un cartel en el que se lidiará una novillada con el hierro de José Cruz.
Sin duda es «la mejor», porque es la que tiene por delante, un día que comenzará cuando llegue al hotel a la hora de comer pues es «poco asiduo a los sorteos», con una cuadrilla que es para él como una familia(Sergio Blasco -matador de toros talaverano que debutó de banderillero precisamente a las órdenes de Rufo-, Miguel Martín y Pedro Cebadera como banderilleros e Iván García y Manolo Sayago como picadores),  y en un  horario poco habitual como es el noctrurno, pero que hace que sea un marco inmejorable para adornarlo con un triunfo; porque si las noches son para dormir... qué mejor momento para soñar.