Un espectáculo «trans» en el Toledo de 1912

A.D.M.
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Un espectáculo «trans» en el Toledo de 1912

La actriz y cantante italiana Fátima Miris (1882-1954) popularizó la transgresora imagen de mujer vestida con traje de etiqueta masculino cuando Marlene Dietrich solamente era una niña

En 1912, mucho antes de que estrellas del celuloide como Marlene Dietrich -en aquel entonces una niña de apenas diez años- elevasen a la categoría de icono contracultural la imagen de la mujer vestida con traje de etiqueta masculino, espacios de Toledo como el Coliseo Moderno, en la Cuesta del Águila, acogían ya actuaciones como la que allí protagonizó la actriz de variedades y cantante italiana Fátima Miris. 
María Frassinesi (1882-1954), su verdadero nombre, era hija de la condesa Pullè de Modena y de un capitán del ejército italiano. Su gran habilidad para interpretar personajes diferentes le hizo alcanzar un gran éxito en Europa y Sudamérica, donde realizaría su última gira en 1932. 
Actuó en Toledo a finales de febrero del año  1912, en dos ocasiones, con motivo de las fiestas de Carnaval. Conocemos, por el semanario La Campana Gorda, que su espectáculo comenzaba con un monólogo en castellano al que seguían varios números. El primero era ‘La princesa divina’, al que seguían ‘Una lección de transformismo’, ‘París Concert’ -que incluía monólogos y canciones en inglés y francés, además de su italiano natal- y ‘La Gran Vía’. Fátima Miris actuaba acompañada al violín por su hermana, la concertista Emilia Frassinesi. 
«El manoseado arte del transformismo -recogía la publicación toledana- es dominado por Fatima y el lujoso y riquísimo vestuario y atrezzo que exhibe demuestra que ha triunfado en su mundo artístico y el dinero ganado con su labor ha sido su más agradable compañía (…) Yo he tenido el placer de ser recibido por Fátima en su camerino y su exquisito trato y esmerada educación me han hecho comprender su verdadero cariño por los cultos espectáculos, asegurándome en correcto español su amor a lo bello y desprecio a la sicalipsis grosera». En páginas interiores, La Campana Gorda dedicaba a la artista un extenso poema de Arturo García en el que los ripios simbolistas se conjugaban con el recuerdo del pintor Ricardo Arredondo, fallecido el año anterior. 
Tras abandonar Toledo sin que su actuación supusiera ni mucho menos un escándalo -solamente fue recogida por La Campana Gorda y Patria Chica-, Fátima Miris puso rumbo a Gibraltar, desde donde partiría con destino a Egipto. No fue el más lejano de sus escenarios, pues cruzó el globo desde Nueva Zelanda hasta Argentina, donde recibía sus aplausos más sonoros.