Diario de una doctora con coronavirus

Ana Belén Escobar
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Ana Belén Escobar, neonatóloga del Virgen de la Salud, cuenta su experiencia tras dar positivo por coronavirus. Ella ha superado la enfermedad pero recuerda con un «poco de sensación de culpabilidad» que hay muchos que no han tenido esa suerte

Ana Belén Escobar, neonatóloga del hospital Virgen de la Salud. - Foto: La Tribuna

«Tras dos guardias y un refuerzo, trabajando sábados y domingos, llegas a casa un día, saliente de guardia (el día del padre) y notas que tienes pequeños síntomas: dolor de cabeza, mialgias, dolor de garganta y mal estar general. Al principio niegas la evidencia, es cansancio, nada más, en cuando pueda descansar un par de días (después de llevar 10 días sin ello) seguro que me encuentro mejor.
Pero los síntomas siguen y a los tres días empieza la clínica catarral y la incapacidad para oler ni saborear nada (ya parece que esto es más que probable). Una compañera se acaba de infectar, no puedo negar más la realidad, me realizan el test y …. Positivo.
Al principio se te cae el mundo encima, qué hago, cómo me aíslo, quién cuidará a mis hijos.  Porque lo triste de todo esto es que nadie se da cuenta de ello, somos médicos sí, ese médico que lleva 15 años en un Hospital, sacrificando en muchos casos su vida personal, sin ningún reconocimiento y con la posibilidad de que si no te sacas una plaza por oposición, después de todos esos años, puedas acabar en la calle y sin indemnización. Menos mal que los políticos europeos tienen más sentido común y acaban de aprobar una ley para que esto no ocurra.
Bueno a lo que iba, médico, pero madre, cosa en la que no ha pensado nadie, tenemos que trabajar, salvar el país, somos héroes sin traje homologado, pero… quien cuida de nuestros hijos, mientras la mayoría de padres están en su casa teletrabajando.
Que qué sientes cuando te enteras… pues no sé, al principio nada, luego tu cabeza no deja de trabajar: no quiero infectar a los míos, en qué momento me habré contagiado, cómo voy a evolucionar… mientras los grupos de WhatsApp del hospital no paran de bombardear con pronósticos, muertos, sobrecarga que hay en el hospital… así que decides vivir en la ignorancia, más feliz de momento.
La clínica progresa, astenia, anorexia, algo de disnea con tos (gracias a Dios leve), diarrea… te vas haciendo tu propio seguimiento de los síntomas teniendo presente cada día la posibilidad de que pueda empeorar, pero agradecida hasta el momento de que no haya sido así. Te da miedo salir del cuarto para cualquier cosa, incluso para salir a por comida, no sea que les vaya a infectar… Solo sales para lo imprescindible y con un EPI de fabricación casera (como el que se están elaborando en algunos hospitales) con el que no se puede casi ni respirar.
Por fin, a partir de los 10 días de progresión de la enfermedad parece que te encuentras algo mejor. Ya tengo ganas de comer, no me fatigo simplemente con andar y dejo de perder peso -5 kilos en toda la evolución de la enfermedad-, incluso empiezo a intuir a que huelen o saben las cosas, parece que la cosa empieza a mejorar. Y siempre piensas, esto con un poco de sensación de culpabilidad, porque hay mucha gente y compañeros que no han tenido la misma suerte que yo. Por aquellos compañeros que ya no podrán contar su experiencia».