Cómo comer con cabeza

MARÍA ALBILLA (SPC)
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La psiconutrición aúna el trabajo de los psicólogos y de los dietistas-nutricionistas cuando problemas como la ansiedad, el estrés o la baja autoestima derivan en desajustes alimentarios

Alimentarse en la sociedad actual es mucho más que  ingerir ciertos productos para nutrirse. Comer se ha convertido en un acto social, en un comportamiento hedónico y, en ciertas ocasiones, en una forma de desahogo ante la tensión del día a día. Lo malo es que ante una situación adversa, en un momento de nervios o en pleno ataque de ansiedad, a nadie le apetece tomar un yogur natural con avena y frutos secos, sino que se devoran los primeros y, generalmente, poco saludables alimentos que hay en la despensa, preferiblemente los dulces o los ricos en grasas. 

El problema se agrava cuando esta mala relación con la comida no sucede en un momento puntual, sino que se convierte en una pauta y se entra en una rueda en la que los nervios llevan a un atracón, este deriva en el sentimiento de culpa y ansiedad por lo ocurrido y no es de extrañar que acabe, de nuevo, en otro episodio malsano con la comida, ya sea en forma de atracón o, por el contrario, de restricción pensando en un concepto erróneo de compensación.

«Bajo nuestro punto de vista, el comer emocional es un acto que todo ser humano realiza, pero que convertimos en algo perjudicial y dañino cuando hacemos de la ingesta nuestro mejor recurso para afrontar la vida, ya sea a modo de refugio, de calma o de evasión». Así lo explican Griselda Herrero y Cristina Andrades en Psiconutrición. Aprende a tener una relación saludable con la comida. Ambas han formado un tándem en este proyecto como dietista-nutricionista, la primera, y como psicóloga, la segunda, para desarrollar una herramienta basada en el abordaje conjunto de la persona y su relación con la comida para superar estos problemas.

En realidad, la asociación entre la comida y los sentimientos viene desde la infancia. Los regalos que acompañan a ciertos productos, los dibujos que se asocian a los alimentos, el refuerzo o premio con comida u ofrecer alimentos o productos para calmar y aliviar emociones negativas son algunas de estas formas. 

Pero, como explican Herrero y Andrades, no siempre que se habla de ingesta emocional se refiere a aumentar la cantidad de comida. Hay muchas personas a las que se les cierra el estómago ante estas situaciones. «Lo que caracteriza el comer emocional no es el alimento en sí, sino que el motivo de ingerirlo no tiene una causa o busca una consecuencia emocional no gestionada», explican.