Campeones en una instalación ruinosa

Raquel Jiménez
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El Club Talavera-Talak denuncia el estado del edificio de la Escuela y el embarcadero con humedades, grietas, cristales rotos y baños donde se han desprendido las baldosas

La hilera de duchas del vestuario de las chicas, con algunas baldosas desprendidas, sirve como soporte para material del club ante la falta de espacio. - Foto: Ferrero

El Club Talavera-Talak es una cuna de campeones. Pero, igual que sucede en otros deportes, los éxitos parecen un auténtico milagro cuando se accede a las instalaciones de la Escuela Municipal de Piragüismo. A la entrada te reciben cristales de recipientes de alcohol del botellón de los fines de semana, la puerta de entrada da igual que esté abierta o cerrada con llave porque los gamberros han arrancado algunos de los pernios y, además, se ha convertido en lugar donde descargar la ingesta de alcohol y el orín la ha ido carcomiendo.
El pasillo tiene la mitad de los rodapiés y donde faltan estas piezas, la pared deja al descubierto moho debido a la humedad. Entrar en los vestuarios es deprimente; en el de los chicos algún plato de ducha resquebrajado con un ‘habitante’ no deseado, las plaquetas se han ido cayendo y dejan al descubierto la pared de ladrillos junto al marco de la puerta. Mientras, la falta de espacio en la instalación ha motivado que uno de los baños del vestuario de las chicas se haya convertido en improvisado almacén y la hilera de duchas se convierte en soporte de las barras que Talak utiliza para montar las carpas en las competiciones.
Las paredes tienen grietas en muchas zonas pero, quizás, la más evidente es la que exhibe el espacio destinado a a gimnasio. En la zona donde Talak guarda las piraguas, éstas se amontonan unas encima de otras por la falta de espacio. Éste es el motivo por el que el club ha solicitado en reiteradas ocasiones al Ayuntamiento el vallado tipo jaula de un pasillo exterior entre el edificio y la pasarela; precisamente, en este lugar hay palés y tiradas algunas barandillas que debieron de sobrar al terminar el paseo junto al Tajo. Y el río, pues más de lo de siempre, es decir, cubierto de una especie invasiva de algas que dificulta bastante los entrenamientos de los piragüistas.
El guía en las instalaciones de Talak es Dani Salazar, entrenador del equipo de competición. Él mismo explica a este diario que «es un edificio que va a cumplir unos veinte años  y los desperfectos son cada vez más, lo que es normal si no se llevan a cabo labores de mantenimiento que es, precisamente, lo que pedimos para desarrollar nuestra actividad sin correr ningún riesgo».
Y es que la puerta de la calle «se nos va a caer y en la entrada salen humedades, lo que es normal al estar el edificio pegado al río». Mientras que la pared antes aludida de la ducha del vestuario de los chicos «está para caerse». Y las grietas en el gimnasio «son muy preocupantes».
El Ayuntamiento quiso conocer en marzo de este año de primera mano todas estas demandas de Talak, pero «se centró únicamente en pintar el pasillo». En cuanto al cerramiento exterior que Talak necesita para guardar el material que no pueden almacenar dentro, el Consistorio «lleva dos años para hacerlo».
Llega la época veraniega y el caballo de batalla de Talak, el botellón y con él cristales rotos, orines e, incluso destrozos en la instalación y de material, sobre todo, piraguas como ocurrió el pasado año. Estos actos vandálicos motivaron la instalación por parte del Ayuntamiento de cuatro cámaras que «por lo menos intimidan». Pero nada más; por tanto, la solución que ve y que demanda con urgencia Talak es «el vallado que haría la función de proteger y que nadie pudiese entrar».
En cuanto a las basuras que deja el botellón, sobre todo, cristales de botellas rotas acumulados en el embarcadero, «van con una sopladora, pero lo único que hace es barrerlos, con lo que los echan al río, que es peor, o los dejan al otro lado y que se acumulen ahí». Son los propios integrantes de Talak los que bajan las mañanas de los sábado y los domingos con cepillos para retirar los restos antes de que comiencen los cursos programados de piragüismo y que «nadie se corte, que no sería el primer caso ya que nosotros bajamos con chanclas». Y es que, como denuncia Dani Salazar, «hay mañanas que llegamos y todo el embarcadero está lleno de botellas rotas». Considera que «es una pena que tengamos que estar peleando por algo que debería ser simple civismo». Y es que en el embarcadero chocan dos mentalidades juveniles contrapuestas.
En cuanto al Tajo, «está hecho una pena» por los trasvases y la escasez de lluvias. A lo que se unen las algas, con lo que «el río se va cerrando y al final el cauce se convertirá en un hilito de agua». El Ayuntamiento, a través de la empresa Tragsa, limpia las algas, «pero solo unas zonas, no los ocho kilómetros de cauce navegable en Talavera».