La Historia del monasterio de La Sisla al fin ve la luz

J. Monroy | TOLEDO
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Antonio Martín Salamanca por fin pudo publicar su extensa investigación sobre el que fuera uno de los conventos más importantes de la ciudad. Tras diez año de trabajo, estuvo mucho tiempo buscando editorial

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Con la presentación de ayer en la Biblioteca de Castilla-La Mancha, Antonio Martín Salamanca cerró un ciclo de diez años de investigaciones y muchas vueltas y sinsabores buscando un editor. El autor daba a conocer por fin su libro La historia del monasterio de La Sisla, editado por Ledoria. Lo hizo en compañía de su amigo, el director de la Real Academia de las Bellas Artes y las Ciencias Históricas de Toledo, Roberto Jiménez Silva.
Pocos toledanos conocen el antiguo palacio de la Sisla, situado en el interior de la Academia de Infantería. Menos todavía saben que allí estuvo un importarte monasterio jerónimo del siglo XIV, el segundo fundado en España, del que salieron importantes personajes en la historia de España, y el que llegó a pasar una temporada Carlos I.
Martín Salamanca ha estado diez años estudiando el monasterio en los archivos Histórico y Diocesano. Y cuando por fin ha culminado su extensa obra, de más de trescientas páginas, las dificultades económicas de las distintas administraciones dificultaron su publicación.

La historia. El convento de la Sisla fue el segundo convento jerónimo fundado en España, tras el de Lupiana, en Guadalajara. La orden llegó a tener más de cuarenta monasterios en todo el estado. De aquí salieron Hernando de Talavera, arzobispo de Granada y confesor de Isabel la Católica; o fray Diego de Yepes, confesor también de Santa Teresa de Jesús y Felipe II, y a la postre obispo de Tarazona. Sin embargo, con la desamortización de Mendizábal, se expulsó a los monjes, y el Estado subastó el edificio y sus doscientas fanegas. Con todo se quedó Buchental, banquero que, según Martín Salamanca, «sólo con las alhaja y los techos del monasterio se llevó más del doble». El monasterio quedó destruido. En 1908, ya era propiedad del Conde de Clavijo, que se lo vendió a Consuelo de Cubas. Ella fue la que hizo el bonito palacio, que entró por méritos propios entre los edificios con leyenda e historias esotéricas de la ciudad. Reconstruyó algunas de las ruinas del antiguo monasterio, salvo la iglesia, totalmente destruida.
Finalmente, el edificio perteneció a Álvaro Jofre, hasta que el Estado se lo expropió para el campo de obras de la Academia. El 14 de junio de 1974 su último propietario dinamitó todo.
En su libro, Martín Salamanca repasa la historia de la orden Jerónima y del monasterio, hasta el año 1974. Hace un repaso de sus personajes ilustres y de sus obras de arte desaparecidas, pasando por el retablo de Tristán muy similar al de Yepes.
Tras esta publicación, Martín Salamanca continúa con sus pequeñas investigaciones sobre nobles toledanos y sobre su propia familia.