Tocata y Fuga y un cocido: fractales y amigos

J. Monroy
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Tocata y Fuga y un cocido: fractales y amigos - Foto: David Pérez

Arturo Pardos hace un acercamiento al concepto «gastrónica» y el pensamiento «ventral» y a partir de ahí se aproxima a estos dos «conceptos universales» que no son otra cosa que fractales

El arquitecto madrileño jubilado y afincado en Toledo Arturo Pardos abrió hacia 1985 en la capital el restaurante La Gastroteca. Desde allí ha acuñado el término «gastrónica», desencantado ya de la gastronomía, «que me parece algo local y primitivo». La gastrónica trata de entender el pensamiento ventral, «el vientre como elemento pensante, igual que hizo Freud con el sexo como elemento actuante, o el cerebro como elemento lógico».
Como no podía ser de otra forma, la conferencia que Pardos ofreció este lunes en la librería Hojablanca fue ventral. Pardos ha sido el protagonista de la última Tertulia de Fernando (entendiendo por Fernando a Fernando Ruiz de la Puerta).
De hecho, fue la conferencia que cerraba el curso, una charla sobre el arte de la Fuga de Johan Sebastian Bach y el cocido madrileño (entendido este como un universal gastrónico, que tiene todas las condiciones para ser universal en todos los países y la Fuga también como concepto universal). En realidad, ¿de qué iba la conferencia ‘Johan Sebastian Bach y el Cocido’? Fue una búsqueda de coincidencias, una aproximación a dos conceptos universales que no son otra cosa que fractales.
Pardos abordó los arquetipos culinario y sonoro no necesariamente para construir una traducción del uno al otro, pero sí al menos para construir un camino entre ellos. Su idea era que «igual que en ballet el danzarín baila en función de una estructura musical, tú vas a comer el cocido, los 216 garbanzos del cocido auténtico, sabiendo por dónde empezar».
En realidad, reconoció Pardos, ha escogido la Tocata y Fuga para acercarse al cocido, aunque podía haber escogido otras muchas, siempre y cuando tengan estructura de fractal. Por ejemplo, el Bolero de Ravel también habría ido bien, «o cualquier música que tuviese cierta repetición, reiteración, fractalidad, podíamos entender esto como unos puntos de apoyo para pararte en el cocido, pero no tiene que ir con la velocidad de comer, son conceptos intelectuales, espirituales o simbólicos». También ocurriría con la paella, una pizza a o incluso el gazpacho, en cuyas escrituras también subyacen fractales.
Retirado del mundanal ruido desde hace doce años en un pueblo de la provincia, Pardos viene siendo un habitual cada año en las Tertulias de Fernando. También, apunta, se dedica a escribir «obras inmortales» tratados gastrónicos, «solamente inmorales, las otras no me interesan, porque como tampoco ganas dinero con ninguno, prefiero que sean inmortales, que alguien las lea dentro de mil años».