Información y formación contra la mutilación genital

J. Monroy
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Información y formación contra la mutilación genital - Foto: Yolanda Redondo

Una investigación cualitativa de Médicos del Mundo incide en la necesidad de trabajar con la población de países de riesgo, la sociedad de acogida y profesionales de la salud

La erradicación de la mutilación genital femenina en Castilla-La Mancha necesita de una concienciación y formación tanto de la población de países de riesgo, como de la sociedad de acogida en general, y específicamente, de los profesionales de la salud. Se tiene que trabajar en estos tres frentes de forma complementaria, abordándolos desde el sistema sanitario, sistema educativo y Servicios Sociales. Estas son las principales conclusiones de la investigación cualitativa que Médicos del Mundo Castilla-La Mancha ha elaborado en Albacete y la zona de La Sagra en Toledo.
Lo que Médicos del Mundo pretendía, explica su presidente regional, Idoia Ugarte, era hacer un análisis de la práctica de la mutilación genital femenina, teniendo en cuenta las opiniones y experiencias de la población procedente de los países en los que se practica. Para ello, desarrolló una serie de entrevistas y talleres, tanto en Albacete, como en Toledo. Desde hace tiempo, Médicos del Mundo está trabajando en talleres de educación para la salud con mujeres en estas provincias. Allí comenzó el trabajo, que más tarde se culminó con entrevistas a las mismas, así como a hombres, con los que también se habían realizado talleres. En todo este proceso, destaca Ugarte, fue importante el clima de confianza en el que se pudieron desenvolver los autores del estudio con las personas con las que hablaron de la ablación.
La mayoría de las personas participantes eran de Nigeria, Mali, Senegal, Camerún, Guinea Conakry y Ghana. Hubo más hombres que mujeres, dado que son ellos los que suelen llegar antes, para trabajar, y después se da la reagrupación. En su mayoría, fueron jóvenes, entre los 18 y 50 años, con diversos grados de formación. Durante estas conversaciones, todas estas personas pudieron contar sus percepciones y motivos, argumentos algunas en defensa de la mutilación; pero muchas de ellas se mostraron en contra de una práctica cultural, sí, pero que consideraban que no se debía perpetuar. La investigación sirvió sobre todo, apunta Ugarte, para conocer cuáles eran los elementos que podían ayudar a erradicar la mutilación genital femenina.
Resultados. No hay constancia de que en Castilla-La Mancha de practique la mutilación genital femenina, aunque sí que hay riesgo de que las familias lo hagan cuando se van a sus países de origen, donde reciben presiones sociales para que lo hagan. La región tiene un protocolo para evitarlo, y a nivel estatal la legislación penaliza la práctica. De las conversaciones quedó claro que la amenaza de la cárcel como elemento disuasorio podía ser un buen argumento para que las familias no tuvieran la tentación al viajar a sus países. A la vuelta del viaje, las niñas tienen que ser revisadas, y si se detecta que están mutiladas, los progenitores pueden ir a la cárcel. Aunque esto puede ser algo disuasorio, apunta Ugarte, llegar a este punto puede ser la peor de las soluciones. La idea es trabajar antes en la sensibilización, y que mujeres y hombres tengan un conocimiento real de la práctica, y se pueda tirar por tierra los mitos que hay alrededor suyo y las motivaciones religiosas. «Pero sobre todo, que vean cuáles son las consecuencias que tiene para la salud de las niñas que sufren la mutilación», apunta.
Tanto hombres, como mujeres, reconocieron en sus entrevistas que cuando tuvieron una información real de las consecuencias de esta práctica se dieron cuenta de que no era lo que querían para sus hijas y que erradicar la mutilación genital femenina no es ir contra la cultura africana. De ahí, apunta Ugarte, que Médicos del Mundo se ratificara en la idea de que dar información es lo que hay que hacer con las personas que proceden de países donde la mutilación se ve como algo cultural o religioso.
Hubo una segunda conclusión: que el mantenimiento de la práctica de la mutilación por las personas de estos países estaba muy condicionada por las actitudes y comportamientos que aquí tienen los profesionales de la salud y la sociedad. «Lo que nos decían es que si veían que la sociedad de acogida tiene una actitud de integración y aceptación de la diversidad cultural, ellos también se ven más flexibles para integrarse en el sentido de compartir; si veían un rechazo, también se radicalizan más las prácticas culturales», apunta Ugarte. La conclusión es que hay que trabajar con la sociedad en general, y muy concretamente, con los profesionales de la salud, «para que cuando vean una mujer que ha sufrido la mutilación genital femenina o una niña que está en riesgo, no tengan de entrada una actitud de juzgar o de presuponer, sino que establezcan un diálogo con las familias, transmitan información y conocimiento».
La investigación, financiada por el Instituto de la Mujer, se ha publicado en la página de Médicos del Mundo España, para que la consulte todo aquel que esté interesado. Resta ahora, apunta Ugarte, desarrollar una nueva investigación para conocer la opinión sobre la mutilación genital femenina entre los profesionales de la salud, lo que sería un paso previo para desarrollar un plan de formación en rigor. Eso no quita que se pueda ir sensibilizando a los profesionales y hacerles llegar que tienen herramientas para identificar situaciones de riesgo y poner en marcha el mecanismo del protocolo. En la práctica, apunta Ugarte, ha empujado a que comience la formación de profesionales de la salud de la atención primaria. El 11 de junio, se desarrollará una en el centro de salud de Palomarejos, que viene a unirse a la ya desarrollada el pasado mes de diciembre. A lo largo del pasado año, Médicos del Mundo, el Instituto de la Mujer y los centros de la Mujer, también formaron a profesionales de los servicios sociales, para que conocieran el protocolo de intervención regional.