Media cabeza en Toledo y media en Venezuela

J. Monroy
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Media cabeza en Toledo y media en Venezuela - Foto: Yolanda Redondo

Una veintena de familias venezolanas están afrontando conjuntamente la conflictiva situación de su país desde Toledo, prestándose apoyo en lo material y lo emocional

Confiesan que aunque están en España, en Toledo para ser concretos, tienen la cabeza y su corazón divididos, porque la mitad está aquí con su cuerpo, la otra mitad está en Venezuela, donde todos han dejado a familiares, incluso muy muy cercanos. Cada sábado en la parroquia de Santa Bárbara, un grupo de venezolanos compuesto por una veintena de familias se reúne para realizar ejercicios espirituales, pero también para compartir: compartir apoyos físicos y una palabra de aliento para subir el ánimo, «por solidaridad unos con otros, para poder sobrellevar este proceso, que no es fácil»; y compartir las noticias que desde sus familiares les están llegando sobre lo que ocurre en su país. Entre todos se ayudan, si hace falta, consiguiendo alimentos.
Esta semana, en vista de lo que allí está pasando, ha sido muy dura. Algunos de ellos, confesaban, no han pegado ojo. Además, es una semana en la que han estado preparando las comuniones de los niños; unas comuniones modestas que, por falta de ingresos por parte de algunas familias, han tenido que celebrar conjuntamente.
Historias iguales y distintas. La situación política y económica de Venezuela ha llevado a estas personas a acabar en Toledo. Cada familia, explican, es una historia distinta, «pero dentro de eso, tratamos de tener una misma historia y un mismo apoyo y la historia de cualquiera de nosotros es la historia de todos», explican. Vienen de Margarita, Carabobo o Maturín. Los más ‘veteranos’ en Toledo llevan tres años, pero los hay que solo llevan aquí unos meses. Algunos son refugiados y otros han podido llegar al tener ascendentes europeos.
Muchos están en Toledo por cuestiones económicas o la falta de comida. Hay personas que han huido de Venezuela por cuestiones políticas. También hay problemas energéticos y médicos. En definitiva, buscan más seguridad para su familia, para sus hijos, para poder darles alimentación, medicinas y educación. Aunque aquí, muchas veces sin empleo, también tiene que suplir sus dificultades.
Por ejemplo, una de las jóvenes recién llegadas, hace medio año, ha venido a España  con su hija de dos años. En Venezuela están volviendo enfermedades que se creían olvidadas, como la fiebre amarilla. Y no hay vacunas, a no ser a cambio de mil euros, el sueldo de un año. Ella ha podido venir al tener abuelos españoles y portugueses. Pero su marido se ha tenido que quedar en Venezuela, al carecer de pasaporte caducado. Es solo uno de los casos.
Aquí en Toledo, apuntan, la ciudad les ha dado una muy buena acogida. Se acuerdan de Cruz Roja, pero, sobre todo, de Caritas; de personas, destacan, como el padre José María y el equipo que lo acompaña, o el padre Áureo. Todos ellos están poniendo su granito de arena para que estas familias puedan hacer la difícil adaptación y consigan un empleo, todo ello de manera legal, como no podía ser de otra manera, «según las leyes y normas de España».
Una España desde la que están siguiendo lo que ocurre en Venezuela, casi todo por las redes sociales. El Gobierno, apuntan algunos, ha acabado con los medios. Y en falta de estos, en España llega entre un sesenta y un ochenta por ciento de lo que ocurre. Quizás no se habla de los cortes de luz, de la falta de agua y alimentos primarios, y de la inflación de estos.
Con los familiares cercanos en Venezuela ellos, confiesan, están muy preocupados por las noticias de los últimos días. No es solo lo que está sufriendo su pueblo, sino sus más allegados, «habría que sacarse el corazón para no sufrir». Y con una convicción, parecen coincidir todos:  Venezuela puede ser una gran potencia por sus recursos, de no ser así la situación ya se habría solucionado; lo que se está dando ahora es una lucha por el poder, entre los países y quienes quieren meter mano en Venezuela y tras la mala administración de Maduro, está en el aire quién va a acceder a ello. Es una competición que ven ilógica, porque todos deberían ganar, no solo unos pocos.