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«La administración debe apoyarse en los profesionales»

M.G
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El jefe del Servicio de Anestesiología del Complejo Hospitalario de Toledo explica los avances en su especialidad, la situación vivida en estos meses de pandemia y las reivindicaciones de unos profesionales sanitarios que han realizado una gran labor

«La administración debe apoyarse en los profesionales» - Foto: David Pérez

El sábado se ha celebrado el Día Mundial de la Anestesia. En una fecha así, ¿hay algo que decir siendo el presidente de la Asociación de Anestesiología, Reanimación y Terapia del Dolor de Castilla-La Mancha?            

Se ha celebrado el 16 de octubre porque esta fecha corresponde, en teoría, con la primera anestesia que se  hizo en Estados Unidos, en el Hospital General de Massachusetts, por el cirujano Morton. Es la manera de agradecer la labor de tantos profesionales que trabajan día a día. Es una especialidad muy desconocida y todavía no hemos sabido explicar a la población lo que hacemos y hay un concepto sobre nosotros que no se corresponde totalmente con la realidad. Así que es una buena oportunidad para decir lo que hacemos y darle un valor añadido a la especialidad.

Habla de que la labor de los anestesistas es poco reconocida de cara a la población. ¿En el ámbito sanitario se sienten más arropados?

Sí. Ya se nos reconoce y últimamente con la pandemia del Covid-19 hemos jugado un papel muy importante y nos ha colocado otra vez en una primera línea de tratamiento de los pacientes y también en una primera línea en la asistencia sanitaria, que al mismo tiempo nos ha valido para un reconocimiento importante.

Llama la atención lo poco que se conoce de la labor de los anestesistas en relación al dolor crónico.

Una parte importante del trabajo del anestesista es el dolor, tanto el postoperatorio, que exige tratamiento y alivio del mismo durante un periodo  y lleva a cabo el personal de Anestesiología, como el dolor crónico, una patología muy específica que afecta a un gran porcentaje de la población y se desarrolla en unidades, generalmente, multidisciplinares, con un anestesiólogo a la cabeza. Veo que con el paso del tiempo hay una mayor implicación por parte de otras especialidades, pero la coordinación y el eje fundamental es del anestesiólogo.

La labor se centra en el alivio de los procesos dolorosos que se mantienen de manera crónica y que muchas veces afectan tanto que impiden el desarrollo normal de la vida. Incluso este dolor puede llegar a ser motivo de baja laboral. De todo ello se encargan las unidades del dolor.

El dolor crónico va en aumento en la población en los últimos años. ¿Se sabe qué está ocurriendo?

No está del todo claro e influyen muchos factores. Hay un hecho evidente, la población cada vez envejece más, las expectativas de vida se van incrementando y las patologías que conlleva el envejecimiento también, como ocurre con los procesos degenerativos, muchos de ellos son dolorosos e impiden desarrollar una vida normal. Cuando eso ocurre está claro que el paciente quiere el alivio del dolor y la recuperación de la mayor capacidad funcional posible y demanda cada vez más unidades del dolor. Sin embargo,  no están tan extendidas como sería necesario y Castilla-La Mancha está por debajo de las necesidades. Hay una gran demanda de estas consultas y muchos pacientes quieren ser tratados y no podemos corresponder tan rápidamente como lo aconsejable.

¿La unidad del Dolor de Toledo funciona bien?

Está ubicada en el Hospital Provincial y con el objetivo de que pueda desplazarse al Hospital Universitario, ya que en principio no se contempla. Además, la unidad necesita crecer y hacerlo en una gran medida. Ahora mismo hay cuatro profesionales desarrollando la actividad, pero no es suficiente porque la demanda que hay es muy grande.

Dentro de los tipos de dolor, ¿qué papel juega el dolor psicógeno y el derivado de patologías mentales? ¿También va en crecimiento?

Sí. Están creciendo la mayoría de las causas del dolor crónico, pero cubrir todas estas expectativas es muy complejo porque exige un abordaje disciplinar y en la mayoría de las ocasiones hay que abordarlo con psicólogos, psiquiatras y rehabilitadores potentes. El objetivo es llegar a la creación de unidades amplias que permitan todo tipo de pacientes. En estos momentos, el dolor crónico no es de las patologías que se están abordando con mayor preferencia.

Desde la Sociedad Española del Dolor se apunta que el dolor crónico ha aumentado en el 60% por los casos de Covid.

Todavía desconocemos mucha patología asociada al covid y no sabemos mucha secuelas que estamos valorando. Ahora va a ser el momento de valorar la prevalencia de algunas secuelas. Puede haber aumentado, pero todavía es difícil establecer un cálculo porque hay que pensar que llevamos año y medio desde los primeros casos  y aún no ha dado tiempo porque exige realizar estudios. Si es cierto que hay estudios que demuestran una mayor incidencia, pero cifrarlo es difícil desde un punto de vista objetivo y con cierto rigor.

Hablaba antes de que los anestesistas suelen pasar desapercibidos pero han pasado a primera línea con  la pandemia. ¿Cómo se está desarrollando ese trabajo de manera tan intensa y durante tantos meses?

Se desdibujó toda la estructura hospitalaria y todos los recursos se fueron movilizando y modificándose para la atención al paciente de covid.  Nosotros gozamos de una ventaja, nuestra capacidad para llevar pacientes en estado crítico y en el momento en el que la actividad de las Unidades de Cuidados Intensivos fueron incrementándose fuimos dando mayor soporte porque eran imposibles de cubrir y ahí entramos los servicios de anestesia. La situación obligó a ir ocupando nuevos espacios, salas de reanimación, áreas de críticos cardiacos y hubo momentos que hubo que tratar a este tipo de pacientes en los quirófanos que se modificaron para llevar a cabo el manejo de pacientes críticos. Gracias a eso se ha podido paliar y mantener la asistencia.

Y la situación se fue complicando por falta de recursos...

Fue una situación que llegó de imprevisto y fue imposible de prever lo que se nos venía encima. En este  contexto, todos tenemos que entender que era imposible tener cien respiradores, por ejemplo. Disponíamos de recursos humanos, pero la demanda cada vez fue siendo mayor y había un factor limitante, los recursos materiales que tenían que servir de soporte. La estructura da para lo que da y no había más posibilidad.  Aun así, a mí me sorprende y más ahora con la perspectiva del paso de los meses, la capacidad del personal, su entrega y dedicación. El personal se dedicó en exclusiva y todo el mundo cedió su tiempo para la atención sanitaria dejando de lado otros intereses. Fue algo asombroso y de agradecer y como jefe de servicio siempre lo he agradecido.  A los anestesistas les mandaba un correo diciéndoles cuál era la situación cada día y siempre les daba las gracias. Lo que han hecho es de un valor incalculable.

¿Cómo está viviendo usted personalmente y profesionalmente esta pandemia? Hay que tener en cuenta que además lleva la responsabilidad de ser jefe del servicio.

Nadie calculaba la dimensión del covid aunque ahora sea muy fácil hacer análisis. Lo que hicimos fue ponernos a disposición de la dirección del hospital y de manera reiterada dije que el servicio estaba capacitado para tratar a este tipo de pacientes. Desde el punto de vista organizativo colaboramos y planteamos sugerencias. Al principio, lo viví como una situación estresante porque había que adaptar el servicio con rapidez, había que cerrar quirófanos, abrir áreas específicas de estos pacientes y hubo muchos cambios. Me sorprendió la entrega del personal sanitario, de todas las áreas, y eso ha hecho  más fácil la labor de los jefes de servicio. Además, también se contó con especialistas quirúrgicos que colaboraban con nosotros en lo que fuera necesario y eso permitía llevar la carga de trabajo de manera más liviana.

Está claro que la primera ola del covid fue la peor porque con el resto hemos tenido un cierto margen de maniobra que nos ha permitido anticiparnos y organizar mejor las olas sucesivas. Pero hay que pensar también en hospitales más pequeños, como Tomelloso por ejemplo, y su increíble capacidad para asumir la situación. Aun así, echamos una mano y algunos compañeros anestesiólogos se trasladaron allí para ayudar y dar soporte porque llegó un momento que no podían asumir la actividad.

Aunque la primera ola fue la peor, lo cierto es que el covid sigue siendo un virus muy contagioso y grave en muchos casos, que ha conducido a la UCI a muchos pacientes en este año y medio.

Sí. Esto no ha terminado y la situación de ahora es mejor en función de olas anteriores, pero desconocemos  cómo será la situación este otoño, sobre todo, en relación a su interacción con la gripe. Sin embargo, siempre digo que de todo esto deberíamos haber aprendido algo. Nosotros, a nivel de sociedad regional hemos pedido al Gobierno autonómico que se desarrollen planes de contigencia ante situaciones de este tipo. Esta vez ha sido un virus, pero puede producirse una catástrofe química o radiactiva,  por ejemplo, y tenemos que estar preparados. Hemos demostrado que nuestra capacidad es grande, pero si contamos con un esquema podemos responder de manera más rápida y tratar a mayor número de pacientes.

Además, el hecho de que los recursos se destinaran al covid y a medida que iba bajando la incidencia volviese la actividad programada ha ocasionado una bolsa de pacientes muy importantes que no han sido operados y hay que tratar de hacerlo. Ahí también hemos propuesto a la administración que cuente con nosotros y se elabore un plan para poder tratar a este tipo de pacientes, recuperar la actividad que no se pudo llevar a cabo e intentar colocarlos en la medida de lo posible en la actividad prepandémica.

¿Es necesario y urgente un aumento de profesionales sanitarios?

Sí, se necesitan más, tanto para la actividad normal como para organizarse en aras a posibles situaciones de este tipo. Necesitamos más anestesiólogos. En Toledo somos 52 profesionales y faltan, pero en Castilla-La Mancha también. Hay plazas vacantes y la administración está en condiciones y contrataría si los hubiera, pero no están disponibles. Por parte de la administración no hay reticencias, pero el problema es la disponibilidad y resulta complejo que algunos anestesiólogos se quieran marchar a hospitales pequeños y localizados en zonas periféricas de algunas provincias.

También habrá pocos anestesiólogos a nivel general.

Somos una de las especialidades que más plazas saca en el MIR y de hecho en Castilla-La Mancha se han incrementado, pero muchos de los anestesiólogos que se forman salen fuera de la comunidad autónoma. Y en la región la respuesta de los grandes hospitales con capacidad docente es insuficiente para la demanda que se está creando. Hay que tener en cuenta que los anestesistas trabajan en muchas áreas y una de ellas es la de la anestesia fuera de quirófano porque colaboramos con muchos procedimientos mínimamente invasivos, sedamos a los pacientes y los manejamos en esos procedimientos y cada vez hay más demanda de estos profesionales para que trabajemos con ellos y el crecimiento es tan elevado que es imposible satisfacer tanta demanda. También sería recomendable incrementar el número de anestesiólogos para agilizar las intervenciones quirúrgicas, pero resulta muy difícil.

De cara al hospital nuevo habrá nueve quirófanos más, pero también se necesita incrementar el personal para cubrir todas estas áreas. Es algo fácil de entender. Si tú operas más, los anestesistas  necesitan ver a más pacientes en consulta para prepararlos para la intervención, vas  a necesitar más recursos en las áreas de postoperatorios, vas a tener más pacientes en dolor agudo y en dolor crónico y más actividad en distintas pruebas... Con el hospital nuevo se necesitan más anestesiólogos, como mínimo quince y es difícil conseguirlo porque nosotros formamos a cuatro residentes al año y un 50% se queda y el resto se marcha.

Se ha estado muy pendiente de las cifras de contagios, de hospitalizaciones y de ingresos en UCI y del número de fallecimientos por este virus. Desde el plano sanitario, ¿resulta muy complejo sacar adelante a pacientes de coronavirus en cuidados intensivos?

El manejo de estos pacientes inicialmente fue muy difícil, pero las cosas han cambiado con el tiempo. Al inicio fue una enfermedad desconocida y el manejo se fue conociendo con el paso del tiempo y el arsenal terapeútico ha ido cambiando. También es cierto que los primeros pacientes tenían una edad muy elevada y muchas enfermedades y eso condicionó el pronóstico en relación a la situación actual, con pacientes más jóvenes, con menos enfermedades, con lo que el pronóstico ha mejorado mucho.

¿Nota con la vacunación menos entradas en UCI?

Sí. Y menor incidencia también. Es una mejoría importante.

¿Es suficiente la Ley de reserva estratégica para disponer de suficiente material en caso de pandemia?

La idea es buena, pero desconozco la cuantía de los recursos. Aun así, insisto en que echo en falta el paso previo, que todos los actores implicados hubieran hecho un análisis de la situación y se hubiera desarrollado un plan de contingencia. La vida nos ha ofertado una segunda oportunidad y deberíamos de aprovecharla en vez de desperdiciarla. No debemos dejar pasar más tiempo sin que se elabore un estudio serio y con cierto rigor de la situación, los errores, los aciertos y cómo podemos gestionar en caso de catástrofe.

¿Quiere decir que la administración debería apoyarse más en los profesionales sanitarios?

Sí. Debería apoyarse en los profesionales, en las sociedades científicas y en los colegios profesionales. No se trata de criticar lo que se ha hecho porque ya ha pasado y la situación nos desbordó a todos, pero hay que aprender la lección. Demasiado ingenuos seríamos si volviéramos a una situación así sin haber aprendido la lección, algo que no tendría disculpa.

¿Qué avances importantes hay en el campo de la anestesiología?

En el campo de la farmacología se van incorporando nuevos agentes que nos permiten conseguir recuperar al paciente en las mejores condiciones posibles. Ahora puedes dormir a un paciente con una anestesia general o una regional y que recupere sus funciones previas en un tiempo más breve y recupera su actividad laboral mucho antes. Al mismo tiempo, también hay muchos avances tecnológicos y las empresas se han puesto a disposición de los profesionales para crear muchos dispositivos para tratar cuadros de dolor que antes eran imposibles de tratar.

Desde el punto de vista logístico,  el desarrollo de unidades multidisciplinares y el futuro se encuentra en la iteración de los anestesiólogos con los equipos quirúrgicos, un avance muy importante que redunda en los pacientes.

Recientemente se ha aprobado la Ley de Eutanasia. ¿Cómo se preparan los anestesistas para hacer frente a esta nueva legislación, teniendo además un papel protagonista?

Desde nuestra sociedad estamos valorando la posibilidad de asesorarnos para conocer bien la ley y poner en marcha una jornada para poner a disposición de todos los profesionales un análisis serio. Nos tienen que explicar cuál es la situación y en qué contexto nos movemos y a partir de ahí cada uno tendrá que tomar una decisión a nivel individual. Hay muchos aspectos de esta ley que desconozco todavía y hay que estudiarlo. En este tema no puede haber decisiones colectivas ni recomendaciones. Los servicios de anestesia son muy amplios y habrá un abanico de sensibilidades muy amplio. Quiero pensar que habrá profesionales a favor y otros en contra, pero se necesita información y así lo demandan los anestesiólogos. Quieren que se explique su papel, qué herramientas para estar de acuerdo o tener una objeción y no jugar ningún papel. Hay mucho desconocimiento sobre la ley y se han hecho muchos juicios de valor previos a la información que se requiere.

En todo caso, ¿la objeción puede poner trabas a la ley?

Hay que tener en cuenta que el sistema sanitario tiene que atender a los pacientes y en este caso hay que garantizar lo que por ley se ha establecido y hay que compaginarlo con la actitud de los profesionales. Desconozco como se va a llevar a cabo esta situación tan compleja porque hay que garantizar el derecho que tiene el paciente a que se le ayude en los últimos días y el derecho que tiene el profesional también para no colaborar en este tema. Aun así, parte de toda esta polémica se puede evitar si se desarrollan y se potencian  las unidades de cuidados paliativos, que realizan una tarea encomiable.

En relación de los últimos días del paciente, los hay en los que no conviene y no tiene ninguna justificación mantener algunos tratamientos. La manera de actuar en estos casos e explicarle a la familia la situación y se consensua no realizar ningún soporte más de lo que se está haciendo.

Tampoco se suele hablar de la labor del anestesista en los trasplantes.

La mayoría de los casos son pacientes críticos de unidades de cuidados intensivos y su manejo lo realiza el anestesiólogo para permitir la extracción de órganos en las mejores condiciones posible. Cuando una familia dona los órganos de una persona en muerte cerebral, por ejemplo, es fundamental mantenerlo vivo para conseguir llegar al implante. También en el propio trasplante intervenimos y la actividad está creciendo.

La población suele tener muchos temores en relación a la anestesia. ¿Hay que tener tanto miedo?

No deben de tener miedo porque la anestesia ha evolucionado muchísimo y permite ejercer la actividad con una seguridad que hace unos años era impensable. Ha mejorado la calidad y los sistemas de seguridad. Los pacientes que van a ser intervenidos son valorados previamente por el anestesiólogo en consulta o estando ingresados con un doble objetivo, preparar al paciente para que esté en las mejores condiciones posibles y conocer qué debemos hacer en base de sus patologías. Además, los avances tecnológicos nos permiten tener al paciente monitorizado y podemos cuidar al paciente durante más tiempo y en las mejores condiciones. Siempre que los pacientes me dicen que tienen miedo les digo que estén tranquilos, que vamos a cuidarles y a estar a su lado. Y estamos hablando de eventos adversos con la anestesia de uno o dos casos de cada 100.000 pacientes.