Un hospital para los próximos 30 años y que puede crecer

F. J. Rodríguez
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Un hospital para los próximos 30 años y que puede crecer - Foto: Yolanda Lancha

La superficie total construida se ha incrementado en 23.000 metros cuadrados. Se utilizan 4 de los 5 peines y se dejan 3.871 metros cuadrados de área de reserva para futuras necesidades de ampliación


Más superficie, más servicios, más funcionalidad, más camas, más quirófanos, más consultas... y más posibilidades. En el nuevo hospital de Toledo todo es superlativo. La inmensa mole de 247.000 metros cuadrados construidos ha necesitado en esta última fase de obra que se muevan más de 14.000 metros cúbicos de tierra, 70 toneladas de acero y unos 700 m3 de hormigón para poder hacer realidad las modificaciones planteadas por el Gobierno de Emiliano García-Page. En total, el incremento presupuestario debido a estas modificaciones ha sido de unos 47 millones de euros, llegando a un total de 204 millones invertidos en terminar las obras.
Las primeras labores que se llevaron a cabo tras reactivarse las obras fueron las demoliciones, a las que siguieron nuevos trabajos de cimentación y contenciones de la estructura. Luego llegó el turno de los cerramientos exteriores y los trabajos de albañilería. Posteriormente se pasó a trabajar a destajo en el interior del hospital: falsos techos, pinturas, solados y alicatados fueron la prioridad. Por último, se pusieron manos a la obra con las cubiertas, los aislamientos e impermeabilizaciones, para dejar las instalaciones y la urbanización de la parcela para la recta final.
Han sido meses de duro trabajo que afrontan ahora una recta final de detalles y pruebas en la que nada puede salir mal.
Los accesos al imponente edificio también están siendo afectados. Ya se ve la nueva rotonda que regulará el acceso por la entrada principal desde la calle Río Boladiez, justo enfrente del edificio de oficinas del Sescam.
La entrada es especialmente impresionante. La estructura más característica del nuevo hospital es sin duda su bloque cilíndrico de hormigón. En el primer proyecto iba a estar destinado a acoger, principalmente, laboratorios de investigación. Ahora pasa a estar en ‘reserva’; es decir, queda en bruto y es sellado a la espera de que en algún momento se necesiten sus metros cuadrados para ampliar las necesidades del centro.
Esa estructura, a la que los trabajadores apodan el ‘donut’ por su forma y su agujero interior, custodia la entrada principal del complejo, con una tremenda marquesina. Una vez se acceda al interior lo primero que se verá es una gigantesca cafetería en dos plantas, la baja para visitantes y pacientes, y la superior para el personal sanitario.
Además, desde el exterior destaca el muro cortina de cristal que cubre prácticamente la totalidad de la fachada del edificio más alargado del complejo. Es uno de los elementos más costosos y caro de mantener, pero finalmente se ha optado por desarrollar esta parte del proyecto por estética, debido a que es la fachada principal del hospital, y de cara a evitar que se degraden las zonas que en un primer momento no tendrán uso.
Y es que, el futuro preocupa mucho a los responsables del Sescam que reelaboraron el proyecto y a los arquitectos, del estudio ‘Árgola Arquitectos’, que han tenido que llevarlo a cabo bajo la dirección de Luis González Sterling, arquitecto director con 38 años de experiencia, especialista en el diseño de arquitectura sanitaria y hospitalaria con más de 15 hospitales de nueva planta y 18 reformas y ampliaciones a sus espaldas.
De esta forma, se ha incrementado la superficie total construida en 23.000 m2 y se han dejado 3.871 m2 de área de reserva para futuras necesidades de ampliación. El edificio está proyectado ajustándose a las necesidades sanitarias de la provincia y su evolución, para prestar servicio durante los próximos 30 años, aportando además casi cuatro mil metros cuadrados de reserva para cuando llegue el momento. Que llegará, porque bien saben los que trabajan en esto que un hospital nuevo se empieza a quedar pequeño nada más abrir sus puertas.