El Papa carga contra el triunfalismo

SPC
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Francisco insta a los jóvenes en la misa del Domingo de Ramos a continuar con el modo de vida de Jesús para resistir las tentaciones y hace un llamamiento a favor de la paz

El Papa carga contra el triunfalismo - Foto: CLAUDIO PERI

El Papa Francisco comenzó ayer los ritos de la Semana Santa con la misa del Domingo de Ramos en la plaza de San Pedro ante decenas de miles de fieles, en una ceremonia en la que criticó el triunfalismo e hizo un llamamiento mundial a favor de la paz.
Durante la solemne celebración, que para los católicos conmemora la entrada triunfal del Mesías en Jerusalén, que es el preludio de su arresto tortura y muerte en la Cruz, el Santo Padre quiso recordar que «de las aclamaciones de la entrada en Jerusalén se pasó a la humillación de Jesús» y «de los gritos de fiesta al ensañamiento feroz».
La ceremonia comenzó con la tradicional procesión desde la plaza de San Pedro hasta el obelisco, donde Francisco, vestido con ornamentos rojos tradicionales en estas fechas, bendijo las palmas y ramos de olivo que llevaron los fieles, símbolos de la paz. Allí, se realizó la primera lectura y después continuó la procesión con el Sumo Pontífice hasta el altar central, que lucía decorado con ramas de olivo.
El Papa reflexionó en su homilía cómo Jesús ante «la carta del triunfalismo» que le ofreció el Diablo «respondió permaneciendo fiel a su camino, el camino de la humildad». «Jesús nos muestra cómo hemos de afrontar los momentos difíciles y las tentaciones más insidiosas, cultivando en nuestros corazones una paz que no es distanciamiento, no es pasividad o creerse un superhombre, sino que es un abandono confiado en el Padre y en su voluntad de salvación, de vida, de misericordia», señaló.
Criticó entonces el triunfalismo que «trata de llegar a la meta mediante atajos, compromisos falsos» y que «busca subirse al carro del ganador». «El triunfalismo vive de gestos y palabras que, sin embargo, no han pasado por el crisol de la cruz; se alimenta de la comparación con los demás, juzgándolos siempre como peores, con defectos, fracasados...», lamentó. «Una forma sutil de triunfalismo es la mundanidad espiritual», añadió y la consideró «el mayor peligro, la tentación más pérfida que amenaza a la Iglesia», citando al teólogo francés Henri-Marie Lubac.