El Covid paraliza una feria de éxito desde el siglo XIII

Leticia G. Colao
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Ni la gripe de 1918 ni la Guerra Civil en el 36, con bombardeo en plena corrida de toros, cancelaron un festejo de renombre en toda España desde hace siglos por sus transacciones ganaderas.

El Covid paraliza una feria de éxito desde el siglo XIII - Foto: Manu Reino

La crisis sanitaria del coronavirus ha logrado suspender unas ferias y fiestas con las  que no pudieron ni la gripe de 1918 ni tan siquiera la Guerra Civil. Ya lo hizo en mayo con las de San Isidro y repite para San Mateo en un año, el de 2020, que pasará a la historia no solo por la pandemia del Covid-19, sino por todo lo que ésta se llevó por delante.
Las Ferias de San Mateo, que deberían inaugurarse esta noche desde la plaza de la Comarca, son las más antiguas de la ciudad, ya que tienen su origen en el decreto aprobado por el rey Sancho IV en el  siglo XIII, concretamente en el año 1294. Desde entonces, las de Talavera han sido una de las celebraciones más reconocidas a nivel nacional, en aquellos tiempos siempre centrados en su carácter eminentemente ganadero.
El profesor universitario y Doctor en Historia de la Educación, Ángel Monterrubio, cuenta a La Tribuna que «aunque con menor afluencia de gente por las diferentes vicisitudes, nunca se han suspendido las ferias de septiembre», al menos no se ha dejado constancia en ningún escrito antiguo.
La feria de Talavera aprobada hace ocho siglos, estaban fechadas para San Andrés, a finales de noviembre. El decreto real estipulaba que serían 16 días de fiestas a celebrar ocho días antes y ocho después de esta efeméride.
Sin embargo, explica Monterrubio, «desde tiempos inmemoriales, sin fecha conocida», se trasladaron a septiembre coincidiendo con San Mateo para disfrutar de mejores condiciones meteorológicas y haciéndolas coincidir con el final del año agrario, después de las cosechas y cuando los vecinos tradicionalmente tenían más dinero.
Así, la de septiembre fue la única feria que disfrutó la ciudad desde los siglos XIII al XIX -las de mayo se aprobaron en 1834-, y las que le dieron fama nacional atendiendo a sus importantes transacciones comerciales relacionadas con el campo.
Fray Andrés de Torrejón, se refería a su prestigio nada menos que en el año de 1646, en este caso todavía en noviembre: «Los muchos lechones que en esta villa y tierra se crían a toda España es manifiesto, pues el día de san Andrés se hace feria de ellos en esta villa adonde acuden muchos merchantes de diferentes partes a comprar para curarse de este mantenimiento y por ser la carne mejor y más sólida que de otras partes por razón de haberse engordado con bellota de encina y que no se disminuye cuando la aderezan para comer como la que es de castaña y de bellota de roble y por esto llevan los compradores muchos de esta tierra, porque tienen experimentado el provecho que de ello sacan, más que con el ganado de otras partes».
Otra noticia de ABC, fechada en 1903, habla de la «afamada feria anual» de Talavera «por la cantidad de ganado que se lleva de toda España, de Extremadura, de Castilla La Nueva y Castilla La Vieja». «Se calcula que este año han concurrido 12.000 cabezas de ganado de cerdas, 100.000 del lanar y cabrío; 10.000 de vacuno y en la misma proporción del mular, asnar y caballar».
sin cancelar. Curioso es que ni en los años más trágicos de la historia reciente de España se cancelaran los festejos talaveranos. Monterrubio indica que no existen noticias ni crónicas que así lo aseguren, y que incluso en los peores años, «las ferias se celebraron, aunque lógicamente con menos gente y menos actividad para disfrute de los vecinos».
Cuenta el profesor que en la pandemia de 1918, también conocida como Gripe Española, y hecho similar a los acontecimientos del presente año, fue la feria de San Mateo local la que tras su celebración, supuso el principal «vehículo de contagio» para Talavera y toda la comarca, ante la aglomeración de personas que esos días disfrutaron de los eventos. Tras ello, «la gripe empezó a sacudir muy duro, luego prohiben las concentraciones y se establecen medidas higiénicas, octubre fue muy duro», explica.
Más aún porque la fama de las ferias hacía que la compañía de trenes ampliase sus servicios ferroviarios a la ciudad, tanto desde Cáceres como desde Madrid. En un  anuncio de 1930,  coincidiendo además con la «corrida del año» por el cartel: El Niño de la Palma, Cagancho y Manolo Bienvenida, con tan solo 17 años, la compañía puso en marcha un «servicio de trenes especiales con billetes de ida y vuelta a precios muy reducidos, que permite a los viajeros regresar a su residencia en el mismo día de la corrida». No era nuevo este año, ya que así lo hacía desde finales del siglo XIX y hasta mediados del XX, por lo que el año de la Gripe esto contribuyó a un mayor contagio.
También este año, concretamente el día 21, se celebró un gran concurso de bandas de música civiles, probablemente el primero de estas características en Talavera y origen de los certámenes de bandas actuales. Los premios eran tres:  1.500 pesetas, 1.000 y 750 para primero, segundo y tercero, y al primero, además, una batuta de oro que regaló el Marqués de Mirasol.
Los festejos no pararon en la Guerra Civil Española. En septiembre del 36, y tras el alzamiento rebelde el 3 de septiembre, cuenta la historia «que cuando están en los toros, están bombardeando desde el otro lado del río, donde estaba la frontera republicana, y las bombas llegaron a caer en la misma Ermita del Prado y en La Caprichosa, llegando a interrumpir la corrida y generando gran revuelo».
En los siguientes años de guerra se sigue celebrando, «más o menos, pero se sigue haciendo». En las próximas décadas, son habituales los espectáculos del Circo de los Hermanos Tonetti, con gran cariño  por la feria de Talavera porque fue en septiembre donde su padre se había estrenado con una pequeña compañía de circo en la ciudad, y así lo que recordaban siempre que podían. También en la segunda feria del año se disfrutó de la mujer forzuda, que arrastró un camión con los dientes.
Solo el Covid, aún sin control sanitario, ha conseguido cancelar unas ferias que, de haberse celebrado, habrían sido pasadas por agua, como también, dicen, manda la tradición.