La mitad de los residentes en Toledo han nacido fuera

A. DE LA PAZ
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La radiografía de la población en 2017 evidencia la elevada proporción de mayores de 65 años y la singular longevidad de las mujeres toledanas. La maternidad avanza muy lentamente y hay menos jóvenes menores de 16 años que personas en edad de jubila

La mitad de los residentes en Toledo han nacido fuera - Foto: David Pérez

El padrón municipal de habitantes a 1 de enero de 2017 registraba 83.741 pobladores en la ciudad de Toledo. El último dato actualizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) sube la cifra de empadronados hasta los 84.282 vecinos, aunque los datos segmentados corresponden al ejercicio pretérito. La Oficina de Transparencia y Buen Gobierno de la Junta de Castilla-La Mancha aporta un estudio que ahonda en varias tendencias poblacionales visibles en las últimas décadas: la población envejece, la longevidad se alarga, la maternidad tiende a disminuir y el colectivo de jóvenes es menor al de quienes sobrepasan la tercera edad.
Otro de los aspectos que confirma el estudio apunta a que sólo la mitad de los toledanos empadronados (52,6%) ha nacido en la ciudad. El 30% de los residentes actuales tiene su origen lejos de la comunidad autónoma: bien en otra región de España (20,3%) o en el extranjero (9,9%); el resto proceden del ámbito castellano-manchego (4,2%) y de otras localidades de la provincia (13%).
La procedencia de los actuales vecinos de la ciudad demuestra su variado origen. El colectivo de residentes llegados desde terceros países sobrepasa los ocho millares de residentes. Toledo es foco de atracción de extranjeros por su doble interés económico y cultural. Hace apenas quince años los vecinos venidos desde el exterior representaban apenas el 3,7% del padrón municipal: eran algo más de 2.600 los foráneos inscritos en las listas de recuento.
Además, uno de cada cinco censados procede de regiones ajenas a la comunidad autónoma que articula la meseta sur peninsular. Procedentes de otros municipios más pequeños de la provincia hay alrededor de 10.000 habitantes, una cifra reducida dada la influencia histórica, social y económica que la capital ha ejercido sobre su zona de influencia.
El crecimiento vegetativo se ha ido reduciendo desde 2012. La diferencia entre los nacimientos y las defunciones alcanzó una cifra positiva de 270 personas en 2017, aunque hace cinco años se rozaban los 500. El aumento del padrón, por tanto, lo explica en buena medida la llegada de nuevos habitantes a la ciudad. Este despegue exógeno se complementa con un cada vez más débil empuje endógeno.
La maternidad avanza muy lentamente. Hay 22 menores de cuatro años por cada centenar de mujeres entre quince y 49 años, la edad que se supone de fertilidad. La tendencia es, además, poco favorable, dado que el colectivo de toledanos que tienen entre cero y cuatro años es menor al formado por aquellos que celebran entre cinco y nueve (en una proporción de 97,7 por cada cien). La pirámide de población sigue estrechándose en la base. La evolución en la natalidad refleja una desacelaración sobre el ritmo ya notablemente bajo registrado en los últimos años.
El escaso tirón de los recién nacidos se compensa con el alargamiento de la vida. La longevidad es una realidad en la ciudad, destacando especialmente entre el colectivo. En Toledo hay un total de 2.789 mujeres mayores de 80 años frente a los 1.472 hombres en esa franja de edad postrera. La brecha entre ambos sexos es casi del doble en ese punto, aunque la diferencia se hace aún mayor si se toma al grupo de mayores de 65 años: en esta franja se contabilizan 7.892 féminas por 5.753 varones.
La combinación de los cifras de natalidad y longevidad evidencian que el remplazo generacional no está asegurado. Hay 92 jóvenes veinteañeros (entre los 20 y los 29 años) por cada centenar de adultos en la edad inmediatamente anterior a la jubilación (entre los 55 y los 64 años). La extrapolación de estos datos al conjunto de España apuntan a un problema para el sostenimiento del bienestar social, especialmente en el ámbito de las pensiones públicas.
Casi la mitad de la población de la ciudad se encuentra en situación estadística de dependencia. Este estatus, que no tiene relación con la acreditación sociosanitaria del mismo nombre, alude al porcentaje de población en edad laboral y a aquella que por ser menor o excesivamente mayor ya no forma parte del mercado de trabajo. El 48,9% de los toledanos dependen de un ajeno ya sea por tener menos de quince años o por superar la barrera de los 65.