«Siento que el destino ha puesto a Gennet en mi camino»

Jaime Galán/Toledo
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El director de la película 'Me llamo Gennet', Miguel Ángel Tobías, se embarcó en este proyecto para cambiar la vida de los espectadores a través de la protagonista del film, la primera mujer sordociega en conseguir un título universitario en Europa

«Siento que el destino ha puesto a Gennet en mi camino» - Foto: VÁ­ctor Ballesteros

Un olfateador de milagros sería un calificativo ideal para describir a Miguel Ángel Tobías. Un profesional de la comunicación audiovisual que, a través de sus proyectos, trata de enseñar al mundo su habilidad para encontrar historias apasionantes, o simplemente, su valentía para cruzar la barrera de lo establecido y ayudar a aquellas personas que lo necesiten, tan solo con una cámara y un equipo de compañeros repleto de ilusión.
Después de la realización de otros proyectos solidarios como ‘Rising Nepal’ o ‘Sueños de Haití’, Miguel Ángel Tobías encara la proyección en cines de uno de sus trabajos más esperados, ‘Me llamo Gennet’, un documental convertido en película debido a la cantidad de emociones y sentimientos que desprende el personaje de una mujer sordociega de nacimiento. Una mujer que consiguió superar sus metas y hacer historia solo con esfuerzo y sacrificio. Fundación Telefónica pone su granito de arena en el proyecto con su colaboración, a lo que el director del film otorga su «agradecimiento eterno».
Para quien no conozca de qué trata ‘Me llamo Gennet’, cuéntanos una breve sinopsis
Gennet se despierta una noche cuando su madre adoptiva ya había fallecido con la necesidad de ponerse a escribir un diario, debido a que ella se ha dado cuenta de que no solo ha perdido a su madre, sino también a su memoria. Ella era la única persona que le podía contar cómo había sido su vida desde que con nueve años fue adoptada en Etiopía, y de los tres anteriores en los que se conocieron. Por ello Gennet se decide a escribir ese diario, ya que también le ayuda a mitigar el dolor por la reciente pérdida en ese diálogo interno que el diario mantiene con ella. De tal manera, la película arranca en el presente, pero se va mezclando con diferentes momentos del pasado gracias a la estructura de este diario. Gennet, a la vez que va haciendo su vida cotidiana en Sevilla, en un colegio de Educación Especial con niños sordociegos y con parálisis cerebral, va recordando distintos pasajes de su vida anterior, no de una forma cronológica, sino como le van viniendo a la cabeza, de tal forma construido para que narrativamente tenga un atractivo en el espectador. A partir de la escritura de ese diario a Gennet le van a ir pasando una serie de cosas que le van a hacer recordar algo que tenía muy bien guardado en su memoria, algo como la vida que ella tuvo entre los cero y los dos años de edad. Una experiencia que el resto de personas no recordamos porque en nuestra cabeza, o en nuestro disco duro, se siguen metiendo muchas cosas y el cerebro va eliminando lo anterior por salud mental. En este caso, como Gennet veía y oía un poquito cuando era bebé, -se queda sordociega completamente a los 2 años por culpa de una infección- ella sí recuerda aspectos o pequeños detalles de esa época que ya había olvidado y que la muerte de su madre le ayudó a recordar. Esta situación le genera un sentimiento de necesidad de vuelta a la tierra que la vio nacer, a Etiopía.
Es una historia real, que al principio iba a ser un documental. ¿Qué fue lo que te hizo pensar que había que llevarlo a la ficción?
Yo me planteo inicialmente hacer un documental porque es del mundo del que vengo. He rodado un montón de documentales por todo el mundo y, evidentemente, me resultaba mucho más fácil seguir haciendo lo que yo suelo hacer, pero según voy entrando en la historia de Gennet, después de haberme reunido con ella durante un mes, Gennet me cuenta una vida que no ha vivido, sino una vida que ha sentido. Este detalle hizo que tuviera que entrevistar a unas 50 personas relacionadas con ella para que me hicieran un dibujo sonoro y visual de lo que había sido su vida. Cuando yo tuve todo este material me di cuenta que la historia era demasiada grande para contarla en un documental, me di cuenta que necesitaba recurrir a los elementos dramáticos de la ficción para poder llegar a la emoción que la vida de Gennet ha tenido en muchísimos momentos. El siguiente paso a tomar fue que Gennet, la propia persona real, se interpretara a sí misma en la película. Necesitaba que Gennet Corcuera pasara de ser la chica sordociega de la película, a la actriz principal que interpreta a la Gennet real. Obviamente, esto lo hace en la vida adulta, bajo este papel hay otras cuatro actrices que hacen de Gennet en las diferentes edades hasta llegar a la vida adulta.
¿En qué momento te llega la historia real de Gennet Corcuera? ¿cómo te llega? Y, ¿en qué momento decides movilizar a 50 personas para entrevistarlas y conocer la vida de Gennet?
Ahora que se habla de la crisis de la prensa escrita, yo reivindico este medio porque la historia de Gennet me llegó gracias a un periódico. Hace cinco años y medio, en un viaje de Madrid a México, donde yo iba para rodar otra película, me puse a leer en el avión una noticia en la que decía «Gennet Corcuera se convierte en la primera española sordociega de nacimiento que consigue un título universitario». Me impacté mucho al leer ese titular. Seguí leyendo el interior de la noticia, entendí la importancia de lo que estaba leyendo, comprendí que era un hito histórico porque leí que la primera mujer que había conseguido un título universitario teniendo esa discapacidad había sido Helen Keller, y de esto se habían sucedido 115 años. Por ello, me di cuenta que había pasado más de un siglo entre la primera mujer de la historia y la primera de Europa. Yo ya sabía que esto era material de cine, pero lo dejé en un segundo plano porque yo me imaginaba que alguien ya estaría trabajando en este tema, así que me marché a México a rodar otro proyecto. Pasaron tres años, y al ver que nadie había trabajado con esto decidí dar el paso de hacerlo yo. Así es como se inició el proyecto. No entiendo como alguien no pensó antes en hacer este trabajo.
¿Te pusiste en contacto directamente con Gennet o hubo algún intermediario?
Me alegro mucho de que me hagas esta pregunta porque me resulta muy impactante como llegué a ella. Después de decidirme a hacerlo, la locura era ver cómo llegar hasta Gennet, a ver como hablaba con ella siendo sordociega sin que ella me conozca de nada, a ver cómo hago que quiera hacer una película de cine si nunca ha visto alguna, a ver cómo hago que confíe en mí. Entonces se produjo una historia muy mágica, como las que fueron surgiendo durante y después de la grabación de esta historia. Y es que resulta que yo había conocido a una chica tres o cuatro meses antes, y esta amiga viene a Madrid y me dice que si quedamos a cenar que me quiere presentar a alguien. Resulta que el día asignado para la cena, yo veo que tengo mucho lío en el trabajo y me veo obligado a cancelar la cita. Esta chica se acabó yendo a su casa, a Burgos, y unas semanas después, en su vuelta a Madrid, me dijo que si retomábamos aquella cita. Cuando ya estamos reunidos, ella me hace una pregunta; «¿a qué proyecto te estás dedicando ahora?» En ese momento, lo más normal es que yo hubiera respondido con el proyecto en el que estaba trabajando en ese preciso instante, pero algo pasó por mi cabeza, no sé el qué, hizo que yo le contara la historia de Gennet como un asunto al que yo llevaba dándole vueltas durante años en mi cabeza y, paradójicamente, cuando yo acabo de contárselo, ella me mira y me dice: «Miguel Ángel, ¿te acuerdas que hace tres semanas cuando quedamos para cenar quería presentarte a una amiga? Ella era Gennet…» Imagínate la locura. La persona que me presenta a Gennet es su mejor amiga desde que llegó a España. Mi amiga Ana conoce a Gennet en un campamento inclusivo cuando ambas tenían 12 años, a Ana le impacta la situación y se pasa el campamento aprendiendo el lenguaje de signos para que no acabe ese período sin poder comunicarse con Gennet. Desde entonces, ambas han seguido manteniendo la amistad y puedo decir que quien me lleva a Gennet es su más íntima amiga. Que pequeño es el mundo. Esta situación produce un entorno de confianza que me permite explicarle a Gennet mis intenciones al rodar la película. Le conté la historia de lo que yo sentía y ella enseguida me dijo que sí. Además, yo conocí a Gennet en un momento muy duro para ella, después de que su madre adoptiva muriera apenas un mes antes. De esta manera, Gennet me respondió que quería hacer la película por dos razones, «por mi madre, un homenaje a ella, para que el mundo sepa lo que esta mujer hizo por mí, el sacrificio que hizo para que hoy en día yo pueda ser la persona que soy, totalmente integrada e independiente». Y la segunda razón que mencionó fue que «si el resto de sordociegos del planeta hubieran tenido la oportunidad que yo he tenido, habría millones de ellos integrados en la sociedad, cuando la mayoría de ellos están abandonados a su suerte sin que el mundo lo sepa». Sinceramente, siento que el destino ha puesto a Gennet en mi camino.
Se pone la piel de gallina con esta historia…
A mí se me pone la piel de gallina al recordarlo una y otra vez. Ha sido una película en la que todo un equipo de rodaje ha llorado. Todos hemos llorado grabando las escenas. Te juro que yo mismo, que he escrito el guión, cuando lo leía lloraba, y me decía a mí mismo, «es absurdo Miguel Ángel, si lo has escrito tú», pero no podía evitar llorar. Los espectadores me suelen preguntar si es normal llorar con esta película, y yo les respondo que si no lo haces, tienes un problema gordo y hay que llevarte al psiquiatra.
Has mencionado que Gennet vuelve a Etiopía 30 años después, ¿lo hace gracias al rodaje de la película?
Por supuesto, pero hay un matiz. Gennet vuelve, entre otras cosas, porque el Padre Juan Núñez le escribe una carta con motivo del fallecimiento de su madre, ya que él conoció en vida a su madre adoptiva Carmen Corcuera y le cuenta que él mismo fue quien la llevó al centro de acogida donde Gennet se encontraba. Todo esto es una historia real que yo he llevado a la ficción cinematográfica. Aun me sigue pareciendo increíble.
Después de escuchar la historia, retóricamente, ¿hay algún detalle que no conmueva dentro de este relato?
Sinceramente, a los preestrenos están viniendo desde niños de ocho años hasta una señora de 93 años. Me da una alegría inmensa tener a una persona tan mayor en una sala de cine. La mujer me comentó que esta película la tiene que ver todo el mundo. Con estas cosas te das cuenta de que la historia, desde el punto de vista de su contenido, resulta imposible de entender que haya alguien al que no le despierte un mínimo interés. Igualmente, le pregunté a un niño de nueve años su opinión después de ver la película, y me respondió: «me ha gustado muchísimo porque me ha permitido darme cuenta de la suerte que tengo».
Miguel Ángel, no sé si esta película está dirigida hacia algún tipo de público, hacia algún colectivo…
Sinceramente no. Hoy en día vivimos en un mundo hiperpublicitario donde todo se intenta tarjetear, unas cosas para hombres y otras para mujeres. Soy incapaz de elegir un público determinado. A raíz de esto, la película es un homenaje a todas las madres del mundo, pero también a los sordociegos, a los ciegos, a los sordos, a los familiares de estos, a los niños, a los profesores…porque la película habla de educación. La realidad es que no va dirigido hacia ningún colectivo. Yo he hecho una película a conciencia de que pueda ser vista para todos los públicos, que no haya nadie que tenga una razón para no poder verla. Es una película para seres humanos, entonces cualquiera que se considere un ser humano va a sacar una lección impresionante de ella.
Fundación Telefónica patrocina esta película, ¿en qué medida te ha ayudado que una compañía de este nivel te apoye en tu proyecto?
Así es. Yo les conté mi proyecto y no dudaron ni un segundo en decirme que sí, que querían participar en la película. Ellos mismos son los responsables de que podamos estar haciendo esta gira de preestrenos por toda España, donde la gente está acudiendo de manera gratuita a ellos. Además, la Fundación Telefónica nos está permitiendo que colectivos de todo tipo estén viniendo a ver la película, y nos está permitiendo, a través de esta gira por España, que otros países de América Latina también se hayan interesado en presentarles la película. Si no hubiera entrado la Fundación esto que estamos haciendo no sería posible y la pelea para promocionar la película hubiera sido muchísimo más dura. Para mí el agradecimiento es eterno, pero es que los valores que entroncan a la Fundación Telefónica vienen a ser los mismos que defiende la película desde el punto de vista de la educación y de la defensa a los más vulnerables. Su colaboración ha sido maravillosa.
Solo con escucharte hablar se siente que el trabajo realizado te ha salido desde el corazón. Por esta experiencia, ¿animas a otros profesionales de la comunicación audiovisual a dar voz a temas inclusivos como este?
Recalco que la película es cien por cien accesible, está subtitulada y tiene disponible el audio-descripción para ciegos, de tal manera que cualquier persona puede acudir al cine a verla sin necesidad de recurrir a pases especiales. Esa es la inclusión del cine. Agradezco mucho que me digas que me sale desde el corazón, porque es una película realizada con muy pocos medios técnicos, los pocos que teníamos, pero con mucho corazón, el mío y el de todo el equipo, incluyendo todos los actores como Ángela Molina, Miriam Díaz-Aroca, Miki Molina o Zewdu W. Mariam que es un actor etíope, que se estrena en esta película, y ahora puedo decir que es un pedazo de personaje del que la gente se enamora cuando lo ve –hace de padre biológico de Gennet-. El proyecto está totalmente dirigido a aquellas personas que quieren cambiar su vida a mejor después de ver la película. En esta gira estoy haciendo la broma de que quien no quiera cambiar su vida a mejor que no venga a ver la película. No deja indiferente a nadie y hemos decidido que la obra tenga un componente benéfico muy fuerte. Se estrena en salas el día cuatro de abril, en más de 120 cines españoles, yendo la recaudación íntegra de ese día para FASOCIDE (Federación de Asociaciones de Personas Sordociegas de España). Por otro lado, es obvio que animo a otros profesionales a rodar este tipo de proyectos. Yo llevo ocho años haciéndolos desde que empecé con ‘Sueños y Haití’, que es el único documental en el mundo que se ha rodado durante los terremotos de Haití, y me comprometí a hacer cada año un proyecto audiovisual solidario, y desde que hice esa promesa llevo ocho proyectos en ocho años. Y ahora, que cada vez me cuesta más separar lo comercial de lo benéfico, he decidido que este proyecto que no iba a ser benéfico tenga también parte de su recaudación como ya he explicado antes.