«Hay que pensar en fórmulas de apoyo para las monjas»

A. de la Paz/Toledo
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«Hay que pensar en fórmulas de apoyo para las monjas» - Foto: Yolanda Lancha

Francisco José Aranda, catedrático de la UCLM y director del observatorio Claustra, conversa con La Tribuna de la situación de los conventos, de las posibilidades para que mantengan su actividad y del posible deterioro del patrimonio monumental

El anuncio del cierre de Capuchinas se suma a otros ceses conocidos en los últimos años. ¿En qué estado se encuentran los conventos toledanos hoy?
La situación es muy preocupante. Se está notando una aceleración en las previsiones más pesimistas que se habían hecho. Todo pivota en torno al mantenimiento de las comunidades. Tenemos un enorme desconocimiento, ya no solo de la investigación histórica y de lo que fueron estas comunidades a lo largo del tiempo y lo que yo llegaron a suponer, también de la situación actual. Y tampoco hay que hacer un estadio demasiado profundo para ver lo evidente: van faltando vocaciones, no hay renovación, salvo renovaciones foráneas de religiosas. Hablamos de religiosas porque la inmensa mayoría de lo que queda de vida monástica es femenino. De la parte masculina solo resisten tres órdenes. Hay falta de vocaciones y falta de gente. Y los que van quedando tienen una edad media excesiva con todo lo que acarrea de enfermedades y menor utilidad para la vida religiosa.
A partir de la extinción de las comunidades vienen otros problemas, como la propia extinción de las personas que mantienen estas instituciones vivas y el uso para el que fueron creadas. Eso es lo importante: no nos referimos a nada arqueológico, estamos hablando de comunidades vivas donde se mantienen unas tradiciones milenarias como son el rezo, el canto de las horas o el culto divino, además de todos los instrumentos que se crearon para tal fin, como los edificios, los ornamentos y los objetos litúrgicos.
Se trata de comunidades que hasta este momento estaban vivas, pero cuando desaparece la comunidad desaparece la razón del ser del continente y el contenido de los conventos. Ahí está la cuestión: hay que abordar un estudio para ver qué se puede hacer y cómo se pueden salvar y reforzar esas comunidades. A partir de ahí, y si no es posible esa recuperación o no se consigue el remplazo de la misma comunidad o su sustitución por otra orden religiosa parecida, pensar en cuál es la salida o utilización más digna de estos conventos que quedan vacíos. Que no se quede al albur de la especulación. Todo el mundo dice: «los vamos a transformar en hoteles»; pero a veces puede ser y a veces no. Hay que preservar la integridad de todas estas fundaciones en la medida de lo posible.
Se pierden los edificios, también el patrimonio que reposa en su interior y que fue creado para la vida conventual
No sólo se puede perder su uso; se pueden, sencillamente, perder. El mayor problema que tenemos cuando desaparece una comunidad está en su patrimonio inmueble, que corre un peligro de primera magnitud. Se produce un problema de seguridad: ¿quién vigila lo que queda en los conventos, quién vigila que no salga y se desperdigue, aunque lo que hay dentro de los conventos es propiedad de la comunidad? La declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) tiene que preservar o intentar  controlar la integridad. Si en algún momento alguna pieza ha de salir, que se sepa si va a volver y que quede constancia de ese movimiento, no como ocurre ahora.
Lo que hay dentro de los conventos son tres cosas fundamentalmente. Están los ajuares, formados por objetos litúrgicos, pinturas, esculturas, casullas y relicarios, que son, en definitiva, sus colecciones de arte. En segundo lugar tenemos los archivos con los documentos. También las bibliotecas. La historia de los conventos está en los archivos y las bibliotecas.
¿Cuántos conventos quedan en Toledo?
En el término municipal de Toledo hay ahora quince conventos: tres masculinos y doce femeninos. Pero a principios del siglo XIX llegó a haber un total de 52: 24 masculinos y 28 femeninos. Tenemos que considerar lo último que ha ocurrido la semana pasada y también que hay situaciones de interinidad. Espero que la marcha de las benitas sea una situación reversible: lo cierran, pero la comunidad ha expresado su intención de venir de vez en cuando para el mantenimiento del edificio. Las monjas de Santa Clara hacen lo mismo: vienen para dar una vuelta al convento. Esta situación, dentro de lo que cabe, es más deseable que la que ocurrió en 2007 cuando se extinguieron las capuchinas de manera sorpresiva. Aquella fue la primera voz de alarma. Lo ocurrido después ha sido como un castillo de naipes: Santa Clara y Santa Úrsula se fueron en 2017 y ahora las benitas.
¿Cuál es el problema que tenemos aquí? Las monjas están abandonadas a su suerte y no tienen la ayuda de nadie. Las autoridades eclesiásticas, más allá del consuelo moral, poco pueden hacer: en el Arzobispado no son los superiores de ellas. Las autoridades civiles, aunque no ponen mala cara, tampoco aportan ninguna solución. Las monjas se ven abocadas a tomar una solución sabiendo que van a ser criticadas y con gran dolor. Hay hermanas que llevan en los conventos 40 y 50 años y se tienen que ir de su casa. Porque su modo de vida es la fidelidad a la casa. Pero están desatendidas, no se les hace caso.
¿Qué objetivos se marca Claustra?
Fundamos el observatorio el año pasado con la idea de presentarnos a una serie de ayudas a la investigación a través de los fondos europeos Feder que administra la Junta de Castilla-La Mancha. Todos somos profesores universitarios o profesionales del mundo de la cultura, la arquitectura, el arte y el derecho. Nuestro objetivo es buscar soluciones, poner de acuerdo a todos los implicados y, por supuesto, estimular a la ciudadanía. Es un asunto importante: tenemos que ser conscientes de que lo que hay en Toledo es excepcional, no sólo en el ámbito español, también europeo y mundial. Toledo es un centro religioso impresionante en donde la vida contemplativa es una característica muy especial, aunque en la actualidad no hay ni la mitad de los conventos que hubo porque a lo largo del siglo XX se ha registrado una disminución severa.
En la mayor parte de España los conventos han desaparecido. En Toledo tenemos el milagro de su mejor preservación. Precisamente por esa mejor preservación hay que cuidar que no desaparezca. Me dejó muy impresionado mi visita el año pasado a Guimaraes, que se podría decir que es la Toledo de Portugal porque está al lado de Braga, sede de la diócesis primada de Portugal. Allí no quedaba ningún convento. Si en el equivalente portugués ya en 2018 habían desaparecido los conventos, ¿qué nos espera aquí?
¿En qué momento puede llegar esta situación a un punto de no retorno? ¿Qué año?
De aquí a diez años estarán en serio peligro el 90% de los conventos que quedan. Estamos hablando de medias de edad superiores a los 70 años en las comunidades. No podemos esperar, hay que buscar soluciones ahora si queremos construir sobre lo que todavía se conserva. Mientras sigan vivos se puede seguir haciendo historia, no arqueología. La historia viva puede continuar y nosotros seguir viéndola y disfrutándola. No sabemos cómo puede ser su uso. Los conventos estaban pensados para una gran cantidad de personas, aunque quizás ahora con menos...  
Hay que pensar en fórmulas de apoyo para que las monjas y las órdenes religiosas no estén solas. Siempre ha existido una especie de ósmosis de ayuda entre los de dentro y los de fuera. Hay que recuperar esa cultura en Toledo, esa justa correspondencia. Las monjas se han llegado a sentir utilizadas. Cuando se han hecho grandes fastos, como el Año Greco de 2014 o la exposición Carolus del 2000, se abrieron los conventos y mucha gente los pudo visitar. Pero después no hubo un seguimiento posterior. A veces hay más interés por las obras de arte que por ellas, que son las que realmente se baten el cobre. En los conventos las cosas se arreglan por su tesón.
Para algunas cosas ha ayudado el Consorcio y muy puntualmente la Real Fundación. Pero todo son parches cuando necesitamos un plan: que se conozcan los conventos por la historia, una historia por hacer, y se estudie con profundidad lo que son nuestros conventos, sus necesidades reales y una atención de forma global, no convento a convento. Esto no un sálvese quien pueda. Vamos a atenderlos a todos porque todos son iguales. Hay que hacer un plan que tenga previstas posibles soluciones para que no nos coja desprevenidos. Conocemos la situación de dificultad y no vale meter la cabeza dentro de la tierra. Que las órdenes no se encuentren solas y decidan irse. Porque además, ellas son las primeras interesadas en que se conserve su patrimonio. Y no, no mercadean, nunca.
Esta semana se inauguró la cesión de la Colección Polo: el arte contemporáneo en Toledo.
Está hecho en un convento [en el Museo de Santa Fe, antiguo colegio de Monjas]. ¿Qué sentido tiene traer piezas de fuera? Es un contrasentido, parece que lo que tenemos dentro nos sobra. Los políticos le dan prioridad porque les interesa. Podría ser más importante la creación de un museo de vida contemplativa en Toledo que uno de arte contemporáneo.
Una de las soluciones para preservar el patrimonio conventual puede pasar por musealizar los conventos y hacerlos abiertos a visitas; también por hacer un gran museo de piezas. Por ejemplo, el Museo de Santa Cruz, que pasa por sus horas más bajas, es en origen el museo de las parroquias de Toledo. Ahí hay un ejemplo. Podríamos hacer un museo religioso o de la vida contemplativa porque es necesario y porque podría ser una de las soluciones para los ajuares.
¿Se puede promover la conversión de los inmuebles sin temor?
No podemos pretender que todos se conviertan en centros culturales, salas de conciertos u hoteles. Necesitamos un plan para ver qué es necesario e ir repartiendo posible soluciones: en qué empleamos los edificios. Una cosa son las colecciones y otra son los edificios. El centro cultural San Clemente es un ejemplo de éxito. Es parte del convento y las monjas obtienen un beneficio de alquilar esa parte. Pero no podemos hacer todos iguales. Hay que estudiarlo. En nuestro grupo de trabajo hay un equipo entero de arquitectos y urbanistas que son los que tienen que pensar qué es lo más adecuado. Hemos estado dando vueltas en Toledo al POM. ¿No se puede también pensar en esto?
Han llamado a la sociedad toledana a sumarse al proyecto.
El 11 de abril vamos a hacer un acto de presentación del observatorio Claustra en el centro cultural San Clemente. Vamos a recordar que existimos, que estamos dispuestos a ayudar. Abriremos la conferencia, queremos hacer encuentros públicos, debates para que la gente vea que existe una preocupación y tome conciencia del asunto. Hay otra cuestión que creemos fundamental: por desgracia, solo estamos muy concienciados los mayores, los jóvenes no tienen ni idea. Quiero que seamos conscientes y presionemos como opinión pública para que se busquen soluciones y no siga sucediendo esta dejación total del asunto. A los responsables políticos les pido que sean conscientes de esta necesidad y urgencia. Hay que actuar ahora, dentro de tres años es muy tarde.
En España no pasamos por un periodo de bajada de vocaciones para la vida contemplativa. Lo que pasa es que localizan en determinados sitios, como en Lerma (Burgos) con órdenes tradicionales e incluso con la fundación de órdenes nuevas. Se podría intentar ordenar el flujo de vocaciones y ofrecer los conventos que hay aquí. Empecemos por ahí y después, igual que hay asociaciones culturales que defienden sus causas, los fieles laicos o los amantes de la cultura podamos hacer algo.