«En veinte años hablaremos de diseño para todos»

J. Monroy
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«En veinte años hablaremos de diseño para todos»

La directora de Accesibilidad de Ilunion Hoteles recomienda a los hosteleros toledanos que vayan haciendo pequeñas inversiones en accesibilidad cada año para lograr abordarlas

En veinte años, en España ya no se hablará de adaptar los hoteles para hacerlos accesibles, sino de «diseño para todos». Porque hoy todo el mundo puede tener potencialmente alguna discapacidad, y con el aumento de la esperanza de vida, a la postre casi todo el mundo tendrá algún problema. Así lo explicaba este lunes la directora de Accesibilidad de Ilunion Hoteles (cadena perteneciente a la ONCE), Beatriz Rubio, en el Taller Colectivo sobre Accesibilidad y Turismo, organizado por la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento.
Al Taller acudieron empresas afectadas, miembros del Consejo de Accesibilidad de la ciudad y estudiantes de Turismo de los Ciclos Formativos en la Universidad Laboral. Rubio recomendó a empresarios y trabajadores de los hoteles que no aborden la accesibilidad de golpe. La accesibilidad es un derecho, que permite a todo el mundo disfrutar de un hotel, o de un concierto, por ejemplo, y además, «va en beneficio de todos». Pero para hacer un espacio accesible no hace falta mucho dinero.
Porque igual que los hoteles dejan determinado dinero cada año para renovar televisores o cambiar los colchones, también pueden hacer lo propio para mejorar la accesibilidad de sus espacios. Pueden ir invirtiendo así poco a poco, o mejorar con personal propio, para que al cabo del tiempo, sus instalaciones estén totalmente adaptadas.
El proceso. La accesibilidad en sí, apuntó Rubio, va más allá de los establecimientos hosteleros. Hay que adaptar toda la ciudad, los entornos y los servicios. El turismo inclusivo puede incluir la búsqueda que un turista hace en Toledo de un concierto, taxis adaptados o páginas web que permitan navegar con facilidad a personas con cualquier discapacidad.
La cadena Ilunion apuesta por el turismo inclusivo, en el que una persona con discapacidad y otra sin ella, por ejemplo, pueden disfrutar de la misma piscinas. Rubio recomendó a los hosteleros que apliquen los criterios Dalco y el principio de autonomía.
Al aplicar estos criterios Dalco, los hosteleros tienen que tener en cuenta las necesidades de las personas con problemas de deambulación (desde personas en silla de ruedas, a personas de baja talla, andadores, embarazadas o quienes conducen un carrito gemelar). También hay que adaptar los espacios a las necesidades de quienes no pueden asir con facilidad un objeto, adaptar, por ejemplo, tiradores y puertas. En cuanto a la localización, hay que situar señalítica clara. Finalmente, en lo que respecta a la comunicación, hay que tener en cuenta, por ejemplo, lenguaje de signos.
En cuanto al principio de autonomía, «yo siempre digo que una persona con discapacidad auditiva o discapacidad visual, por el hecho de que nosotros tengamos un entorno accesible no vamos a hacer que recupere esa capacidad, pero sí podemos interferir en que esa discapacidad sea menor». Es decir, hay que permitir que el cliente tenga la misma autonomía que en un lugar que conoce.