La capilla mayor, espacio sagrado entre lo sagrado

Juan Nicolau
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El majestuoso retablo, de madera policromada y dorada, debe su traza a Petit Jean, bajo la dirección de Enrique Egas y Pedro de Gumiel. Su construcción duró seis años (1498-1504). - Foto: Catedral de Toledo

El cardenal Cisneros decidió su construcción y la acumulación en ella de obras bellísimas que le han servido para ganarse el mito de que no hay un lugar más rico en la cristiandad

Se ha comentado con frecuencia por muchas autoridades del mundo del arte que no hay en la cristiandad un lugar más rico que la Capilla Mayor de la Catedral toledana, con el retablo mayor, la deslumbrante reja y púlpitos creación suprema de Francisco de Villalpando que cierra este espacio sagrado y la tumba del cardenal don Pedro González de Mendoza. Es tal la abundancia de piezas deslumbrantes que se hace muy difícil la descripción de este espacio sagrado entre lo sagrado.
Quien decidió su construcción y su acumulación de obras bellísimas fue el cardenal don Francisco Jiménez de Cisneros aunque recientemente la Dra. Doroty Heim, tras sus nuevos estudios en los archivos catedralicios ha puesto a Cisneros en entredicho y ella es partidaria de considerar como constructor del retablo al Cardenal Mendoza con quien comenzaría las obras en 1496. Pero tradicionalmente se viene sosteniendo que el cardenal Cisneros siempre sostuvo que el lugar ocupado por el presbiterio del altar mayor era pequeño y quitaba esplendor a las ceremonias religiosas y la única forma de hacerlo era unir a este presbiterio la capilla de Santa Cruz separado de él por un gran muro. Pero el problema que se planteó desde el primer momento es que esta capilla era panteón real en el que reposaba siete reyes comenzando por Alfonso VII. Por ello el cabildo se opuso al proyecto y pidió suspenderlo por mediación de la Reina Católica, la cual les quitó la razón y dio su aprobación al proyecto de Cisneros. Todo lo cual tendrá como normal consecuencia que las obras se retrasaran un año.
 Las obras comenzaron con la remodelación de los muros de la capilla. De las obras se encargaron Martín Sánchez Bonifacio, su hijo Pedro, Juan Guas y Egas Cueman. Todos ellos artistas que de alguna manera ya trabajaban en la catedral. Todo se recubre de un espacio en el que conviven arquitectura y escultura. Los temas iconográficos representados corresponden a la Infancia y Pasión de Cristo, temas que, al parecer, ya existían en la obra antigua.
 También trabajarán aquí Rodrigo Alemán y Pety Juan, entalladores. El comienzo de la talla de la escultura de la predela data de 1499. En la zona central un tal Juan de Mora colocaba la imagen de la Virgen toda ella forrada de plata y rodeada de un coro de ángeles sonrientes y llenos de color que se ultima en el verano de 1506. Poco después se introducen ciertas modificaciones para colocar la custodia en el centro del retablo dándole un carácter fundamentalmente eucarístico como siempre pretendió el cardenal Cisneros. Esta modificación fue siglos después mantenida por Narciso Tomé en su famoso Transparente. El acceso a esta capilla eucarística se hará a través de una escalera interior cuyas puertas se decorarán con una pareja de profetas pintados por Andrés Tome concebidas como trampantojos.
Tras la realización de la custodia se iniciaron gestiones para que el escultor Felipe Bigarny se incorporara al trabajo en la catedral consiguiendo del Cabildo que el escultor con su equipo de colaboradores se trasladase desde Burgos a residir a la ciudad de Toledo. En las distintas escenas representadas correspondientes a los ciclos de la Infancia y Pasión de Cristo, Bigarny se encargará del grupo del Nacimiento, la Asunción de la Virgen y el Calvario que corona el retablo, todo ello es de lo más hermoso de la obra. La Virgen arrodillada ante el Niño en la escena del Nacimiento es muy posiblemente la escultura más hermosa de todo el conjunto a lo que contribuye mucho el azul madreperla del manto.
Bigarny es un escultor de una gran delicadeza en el que se mezcla lo mejor de los últimos años medievales y los primeros del renacimiento. Fue sin duda el escultor predilecto de Cisneros.
 La mayor parte de los artistas que llegaron estos años a Toledo eran de fuera de España, lo que se explica por la bonanza de nuestra nación en aquellos años y las buenas condiciones que había para el trabajo e incluso para quedarse a vivir en la nación. Eran años en los que el trabajo abundaba como se puede ver estudiando el arte del momento.
 Finalmente hay que tener muy en cuenta la utilización de grabados flamencos para la realización de las composiciones y la agrupación de las figuras, grupos que curiosamente no están trabajados en bajorrelieve como muchas veces engaña la vista sino que son figuras exentas pegadas someramente a paneles de madera policromados.