Pequeños tiranos

Maricruz Sánchez / SPC
-
Pequeños tiranos

Los últimos casos de 'bullying' conocidos en España reabren el debate en torno a la necesidad de atajar un problema en el que la crueldad de los agresores con las víctimas parece no tener límite

Casi siempre se repite el mismo patrón: uno o varios menores insultan a un compañero de clase, en persona o mediante las redes sociales, y a veces llegan a golpearlo, con el objetivo de humillarlo y vejarlo. Un esquema del miedo presente en la sociedad desde hace años. Porque en las aulas, a veces no solo se fraguan futuros académicos; también pequeñas dictaduras. 
Así lo evidencia un reciente informe sobre bullying elaborado por la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR, que refleja cómo a pesar de que cada vez hay menos casos de acoso escolar en España, los registrados son más crueles, violentos, y graves. En 2017 se detectaron 590 supuestos de este tipo, frente a los 1.207 de 2016. 
Los expertos atribuyen este descenso a que han bajado los sucesos más superficiales porque se descubren antes gracias a la mayor concienciación social. Pero en casi la mitad de los casos atendidos, la frecuencia y la intensidad del acoso fue aumentando con el tiempo, con el recrudecimiento de las agresiones verbales y físicas que sufren las víctimas. Los zarandeos y empujones a los afectados se han elevado desde el 22,6 por ciento que registraban los estudios en 2016 hasta el 47,8 por ciento en la actualidad. Y el aislamiento al que se ven sometidos, ha pasado del 29,7 por ciento al 40,09. 
Quizá por ello, las víctimas tardan más de un año en contar lo que les ocurre. Además, el 90 por ciento reconoce que sufre trastornos psicológicos, ansiedad o síntomas depresivos. Viven con miedo permanente. 
Es lo que le ocurrió a dos hermanos de 13 y 15 años, alumnos del instituto Juan de Villanueva en el distrito madrileño de Usera. Llevaban un mes y medio sin acudir a clase, absolutamente atemorizados por lo que pudieran ocurrirles si lo hacían, cuando la Policía Nacional arrestó a 15 chavales de entre 14 y 16 años acusados de agredirles, vejarles y humillarles. Unos hechos que también grababan y difundían en las redes sociales. 
La detención tuvo lugar el pasado diciembre, aunque no se hizo pública hasta la pasada semana. Fueron los propios padres de las víctimas quienes llamaron al 091 para denunciar la situación en la que se encontraban, asegurando que ya lo habían puesto en conocimiento del centro escolar. Por su parte, los responsables del instituto negaron saber algo al respecto y destacaron que el acoso no se produjo en sus instalaciones.
Los expertos avisan de que, al recrudecerse los casos de bullying, las secuelas psicológicas para quienes lo padecen son más graves. Los agresores convierten a la víctima en un divertimento, sin ponerse en su lugar. Todo esto deriva en una baja autoestima que, en situaciones extremas, puede llegar a las autolesiones y los intentos suicidas. 
Llegados a este punto, algunas víctimas incluso aseguran que «preferirían morirse a volver al colegio». Eso le ocurrió a Jokin, un chico de 14 años que, en 2004, eligió lanzarse desde lo alto de las murallas de Hondarribia (Guipuzcoa), antes que seguir viviendo el infierno en el que se había convertido su día a día. Nunca contó a nadie su calvario. Lo vivió en silencio. La tercera parte de los menores acosados no cuenta el problema ni a sus padres ni a sus profesores. El resto, tarda entre 13 y 15 meses en hacerlo. Pero el impacto mediático de su fallecimiento despertó las conciencias sobre la verdadera relevancia del bullying y arrancó el compromiso de todas las partes implicadas en atajar una lacra (gobiernos, colegios y hasta los propios padres) para activar protocolos y medidas preventivas.
Una de cada cuatro víctimas de violencia entre compañeros de clase es acosado en las redes sociales (ciberbullying), especialmente a través de WhatsApp, donde aumentó en 2018 el número de insultos y mensajes amenazantes que se reciben. Por ello, se recomienda retrasar lo máximo posible la edad a la que se regala a los niños un móvil con acceso a internet.
Y es que, en tres de cada cuatro casos, el hostigamiento en el colegio es diario, una verdadera bomba de relojería para un menor.