Democracia, también en las empresas

J. Monroy
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Democracia, también en las empresas - Foto: David Pérez

De la Rosa y García Molina apadrinan a Bruno Estrada en la presentación en la Biblioteca de Castilla-La Mancha de su libro La Revolución Tranquila

Ese «otro mundo posible», que pedía Paco de la Rosa, pasa por que la izquierda recupere su hegemonía intelectual y que la democracia llegue a otros ámbitos de la vida, como la empresa. El secretario regional de CCOO y el vicepresidente segundo de la Junta, José García Molina, apadrinaron ayer la presentación de libro La Revolución Tranquila, del economista Bruno Estrada, en la Biblioteca de Castilla-La Mancha.
Estrada forma parte de la Secretaria Estatal de Economía de Podemos desde su creación. Es adjunto al Secretario General de CCOO, director adjunto del Programa Modular de Relaciones Laborales de la UNED, fundador y miembro de la Junta directiva de Economistas Frente a la Crisis.
Las revoluciones de siglos anteriores, explicó Estrada en la Biblioteca, se produjeron en sociedades no democráticas. De ahí la violencia de que necesitaron, en la medida de que no había cauces para canalizar la expresión mayoritaria de la sociedad. Pero con la democracia asentada, apuntó, no tienen sentido los espacios violentos, sino ganar la hegemonía cultural en el debate democrático; algo que tampoco hay que hacer a corto plazo, sino en un recorrido mucho mayor, advirtió, convencido de que la tendencia a largo plazo va a ser la cooperación, pero subir cada escalón será un esfuerzo, «porque aquellos que mantienen los privilegios intentan que no avancemos».
La Revolución Tranquila es una reflexión «de largo recorrido», que incluso recoge unas páginas iniciales con contenido antropológico, en la que vincula la evolución del hombre a una evolución colectiva. En el fondo, apunta Estrada, «la evolución del ser humano es una evolución hacia la cooperación». Recuerda cambios genéticos, como las neuronas espejo o la capacidad de interrelacionar más cosas a través del neocórtex, y evoluciones, como el lenguaje, que así parecen indicarlo. Por lo tanto, «somos un animal fundamentalmente cooperativo».
A partir de esa premisa, y de vincular el mundo sindical a la política, el autor llega a conclusiones sobre política y sociedad. Estrada llega a hablar en La Revolución Tranquila de «democracia económica». Es decir, «en el proceso de democratización de las sociedades, muchas veces desde la izquierda y los sindicatos hablamos de democracia solamente desde el espacio de lo político, y no de la economía, cuando la economía es lo que define gran parte de nuestra realidad en el día a día, no sólo de cómo producimos, sino cómo trabajamos, qué horarios tenemos o si somos capaces de conciliar nuestra vida laboral y familiar».
En la medida de que esas decisiones las toman sólo los que tienen el capital, hay una sociedad. Si las tomara el conjunto de la sociedad, sería otra. Estrada apuesta, por lo tanto, por la democracia económica en el interior de las empresas, que los trabajadores participen en sus tomas de decisión. Ha habido experiencias muy importantes en los años sesenta y setenta, apuntó, que parecen olvidadas, y que se están retomando, como se está viendo en Inglaterra.
De la Rosa apuntó que, en este libro, se demuestra que no sólo las palabras, sino también las cifras, hacen posible desde la izquierda «lo que algunos se empecinan a decir que es imposible». Por su parte, García Molina recomendó, en un tiempo en el que la política parece que va demasiado deprisa, sentarse a leer a ver otras formas de ver la vida y la política. Las revoluciones tranquilas, a su juicio, se van imponiendo porque demuestran que hay otra forma de vivir, que es mejor para todos.