Entienden restricciones de visitas a residencias

I.G.Villota
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El hijo de un anciano de la residencia toledana 'Santa Casilda' lo considera prudente y reconoce las ganas de reencontrarse con su padre pero recalca que «lo prioritario que no haya rebrotes»

Residencia de ancianos de Santa Casilda. - Foto: Yolanda Lancha

Celes tiene nietos y lleva más de tres meses sin ver a su padre. Antes no pasaba un día sin compartir un rato con él. Iba de visita una hora antes de entrar a trabajar. Echa en falta el reencuentro pero aplaude y entiende la decisión del Gobierno regional de restringir las visitas de familiares a residencias de ancianos donde haya casos positivos de Covid-19. «Es prudente esperar un poco más. Nosotros podemos llevar de la calle esto o cualquier otro patógeno y ellos son los más vulnerables», reflexiona Celes, quien recalca que no será por falta de ganas. «Pero lo prioritario es proteger» a los ancianos y «que no haya rebrotes», recalca.
Su padre está en la residencia toledana ‘Santa Casilda’, una de las 240 de las más de 400 de la región que no podrá abrir sus puertas a las visitas de familiares, con cita previa, este lunes, al mantener casos positivos. Una residencia que ha sufrido las consecuencias de esta crisis sanitaria con decenas de personas contagiadas.
Las visitas se harán pero con limitaciones, tal y como informaban este jueves desde el Ejecutivo autonómico. Cada persona residente podrá recibir dos visitas a la semana, de una hora de duración cada una y solo podrá entrar una persona por visita. Dadas estas restricciones, las visitas hay que pedirlas con cita previa al centro, que será el que dé fecha y hora. Los encuentros no podrán ser en cualquier punto del centro, sino en los lugares que se habiliten para estas visitas. Prioritariamente se deben realizar en espacios al aire libre, aunque si las residencias no tienen zonas al aire libre, tendrán que adaptar alguna estancia para las visitas.
«Entendemos estas limitaciones y también entendemos que por ahora no podamos visitar en aquellas residencias que no están libres de la enfermedad», comenta Celes,  quien explica que tanto mayores como familias se han ido acostumbrando en estos meses a la comunicación telefónica. «Lo importante es que estén bien», enfatiza.
Echa en falta, como le ocurrirá a su padre, la visita diaria que hacía a la residencia para verse antes de que estallase la pandemia, pero considera que esta enfermedad ha reforzado la idea de que lo importante es la supervivencia, continuar con vida. «Tengo muchas ganas, pero hay que ser prudentes. Siento que hay algunas familias que se quejan y precisamente son las que menos van a visitar a sus familias. Ahora toca ser prudentes, insisto», reflexiona.
Celes pasa todos los días por las inmediaciones del centro, avisa a las religiosas y profesionales que lo sustentan, y deja a su padre los enseres que necesita o pequeños caprichos como «unas galletas que le gustan mucho». Un gesto que sirve para que se dé cuenta de que su familia sigue a su lado y que si no le visitan es porque no pueden.
Celes recalca que aunque al inicio de la crisis sanitaria la situación estaba descontrolada ene esta residencia en la mayoría, comenta, la situación está «tranquila» desde hace un mes, lo que a su vez tranquiliza a las familias de los mayores que viven allí.
Agradece la labor que han hecho la médica, las enfermeras, el resto de sanitarios y profesionales y las religiosas de este centro cuando «no tenían medios» y estaban «abandonadas» por la administración». Para evitar que esta situación se repita, pide a la Junta un protocolo «claro» de actuación para el otoño.
Un momento crítico toda vez que no se descartan los rebrotes y que el coronavirus se puede juntas con otros virus como el de la gripe. «Esperamos que la administración esté preparada y haya aprendido después del drama que se ha vivido en las residencias. Espero que no dejen a su suerte a los profesionales y a nuestros mayores», comenta.
Este jueves, la directora general de Humanización y Atención Sociosanitaria, María Teresa Martín, asumía que hay muchas ganas por parte de los familiares de volver a ver a las personas que han estado durante esos meses en las residencias. Sabe que la espera ha sido larga. «No podemos correr más, tenemos que ser muy razonables», explicó, «priman los criterios epidemiológicos y de salud». Reconoce que el aislamiento es duro y que era necesario volver a permitir este contacto entre familiares. «Tenemos que proteger la salud física, pero también la salud mental y emocional de las personas en las residencias», comentó.  
Esta es la parte que también comparte Celes, pero evidencia la importancia de dar la posibilidad a las familias a comunicarse con frecuencia con sus mayores, a través del teléfono y demostrarles que están con ellos, aunque no les puedan dar un abrazo o acariciar la mano. «Eso llegará, esperemos que pronto y con garantías», recalca.
«Después de todo lo que han pasado, han salido adelante casi sin ayuda, no podemos llegar los familiares ahora y complicárselo todo», sentencia este hombre que se convierte en la voz de la generosidad.