Nacer en exclusión social condena a la miseria

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La brecha entre capas sociales se agranda ya que en los últimos diez años la renta media de la región se ha reducido un 2% mientras que la renta de los más pobres ha caído un 17%

Nacer en exclusión social condena a la miseria - Foto: VÁ­ctor Ballesteros

La exclusión social «severa» se consolida en España y cada vez es más complicado que las personas afectadas salgan de ese pozo porque la política no da respuestas a quienes más lo necesitan y la sociedad asume esa marginalidad como «natural». Las mayores tasas de exclusión, un 24,6%, se dan en las ciudades de tamaño mediano de entre 50.000 y 100.000 habitantes como Toledo y Talavera de la Reina (también Guadalajara y Cuenca). Cabe una esperanza porque las encuestas indican que el 82% de la población «apuesta por más prestaciones y servicios sociales, aunque esto requiera más impuestos». Por cierto, el gasto de Castilla-La Mancha en prestaciones sociales «es notablemente inferior al del Estado».

Son solo algunas de las  conclusiones del VIII Informe FOESSA (Fundación de Estudios Sociales y Sociología Aplicada) sobre exclusión y desarrollo social en Castilla-La Mancha (datos de 2018) que presentó ayer Cáritas Regional con la presencia del arzobispo Braulio Rodríguez para quien el documento ofrece una investigación rigurosa y necesaria, realizada por profesionales, que expone la realidad tal como es aunque «a algunos no les guste».

Raúl Flores, secretario técnico de FOESSA, explica el informe y empieza por destacar que el 16,2% de la población de Castilla-La Mancha, es decir, 328.000 personas, se encuentran en exclusión social.

Además, se está produciendo la salida de la crisis económica pero la recuperación «no se ha traducido en una mejora de las rentas más bajas». Valga como dato que en diez años la renta media de la región se ha reducido un 2% mientras que la renta de los más pobres ha caído un 17%. Por lo tanto, esa población en exclusión ha quedado «estancada», es un grupo «sobre el que se ceba la desigualdad, la vivienda insegura e inadecuada, el desempleo persistente, la precariedad laboral extrema y su invisibilidad para los partidos políticos».

El paro en la región es del 18% pero un 9% de la población convive en hogares donde todos están en desempleo y gran parte de estos ni siquiera reciben formación ocupacional. El 16% de los trabajadores se encuentran bajo el umbral de la pobreza y en 11% directamente en exclusión social (individuos con menos de 300 euros al mes o familias de cuatro personas con menos de 600 euros al mes).

El derecho a una vivienda digna está lejos de lograse.  Por ejemplo, 97.000 personas padecen la incertidumbre de quedarse en la calle y el 8 % de la población (196.000 personas) ha recibido avisos de cortes de suministros.

la familia. Sufren exclusión el 26% de la familias numerosas, el 31% de las monoparentales y un 19% de los menores de 18 años. Este último dato es decisivo porque «cuando se nace y se cría en un hogar con escasos bienes e ingresos reducidos aumentan las posibilidades» de quedar atrapado en la miseria. Aunque parezca mentira, «hoy más que nunca la familia en donde naces determina más tus oportunidades».

En el caso de las mujeres la exclusión severa afecta al 8% de los hogares donde ellas son el principal sustento. Además deben trabajar hora y meda más al día para ganar lo mismo que un hombre, o dos horas si son inmigrantes. Uno de los perfiles más extendidos de la exclusión es el de mujer de 44 años, con hijos a su cargo, bajo nivel de estudios y en búsqueda de empleo.

El 13% de la población ha dejado de comprar medicinas por problemas económicos, la no escolarización entre 3 y 15 años triplica la tasa nacional.

El informe de Cáritas combate algunos prejuicios relacionados con la inmigración y señala que las personas extrajeras aportan el 10% de los ingresos a la Seguridad Social y solo suponen el 10% de la población en exclusión (por lo tanto receptoras de ayudas).

En cuanto a las soluciones desde el ámbito de lo público, los ciudadanos siguen apoyando el Estado del bienestar como mecanismo de protección y «no consideran creíble el discurso sobre el excesivo gasto social». En esa línea Cáritas alerta contra la tendencia a dejar que sea el mercado el que regule las oportunidades de cada individuo para adquirir un estatus económico y social.