Cecilio López: «Se ha demostrado que los espeleológos somos una gran familia»

J.M.
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Cecilio López-Tercero pasó 12 días herido en en interior de una cueva del Amazonas peruano

Reconoce que nunca había estado en una camilla herido. - Foto: Yolanda Lancha

Cecilio sube a duras penas las escaleras de su chalé de Méntrida con un corsé como recuerdo de su accidente. Sin embargo, su voz no se quiebra en ningún momento durante la entrevista en su casa, donde su madre y su hermana cuidan de él y esperan para una revisión médica en el Centro de Salud de la población toledana. Aguardan en una vivienda ubicada en una urbanización con vistas al campo. Este veterano espeleólogo se mueve como pez en el agua en terrenos inaccesibles para el común de los mortales, pero una caída a 400 metros de profundidad y los días de angustia a la espera del rescate lo han dejado muy diezmado. Ha adelgazado cinco kilos tras permanecer 12 días atrapado. Estaba a tres días de viaje desde Madrid. Desde allí partió el grueso de rescatistas que le han permitido ver la luz de nuevo. Acaba de encajar su experiencia más peligrosa. Sin ayuda del Gobierno de España y con el auxilio del Gobierno peruano, que se ha volcado en la lucha por la supervivencia de este ciudadrealeño. Quedan por delante ocho meses de reposo y muchas horas de recuerdo de aquellos días herido en un lugar remoto e inexplorado del Amazonas.
¿Cómo sucedió el accidente?
Habíamos decidido abandonar la exploración ese día porque habíamos llegado a la cota que queríamos llegar y se nos echaba el tiempo encima. Formábamos un grupo de cuatro, con dos topografiando y dos explorando. Llegando abajo, uno de los topógrafos tuvo un problema con la iluminación y el compañero lo tuvo que acompañar fuera. El otro explorador, mi compañero mexicano, y yo avanzamos como equipo de punta y estuvimos topografiando y explorando. Estábamos en 380 metros y habíamos decidido bajar un poco a ver si continuaba la cueva para luego subir. Estábamos ‘rappelando’ una rampa de unos 20 metros y al llegar a un resalte de cuatro o cinco metros instalamos la cuerda para llegar abajo. El bloque se rompió al bajar yo el primero. Caí de espaldas y el bloque de 100 kilos se quedó colgando del anclaje. Se me quedó a medio metro de mí. Si me da, sí que no lo cuento. Tenía un dolor impresionante en la espalda porque me rompí la vértebra. Corté la cuerda por debajo y por arriba. Así pudo bajar mi compañero y me apartó de la zona, que tenía caída de agua, y me quedé en una zona seca. Yo no me podía mover ni nada. Subió y avisó a la gente. Después, bajó dos sacos de dormir. Uno para mí y otro para él para estar allí una larga temporada. Por suerte, mi compañero subió y bajó en cuatro horas y media. Es un tiempo impresionante. Si hubiera tardado más, yo no lo cuento. Seguro. Estaba al límite por la hipotermia. Estaba continuamente tiritando y me dolía más la espalda. Si tarda un par de horas más, no lo cuento.
¿Es la situación más peligrosa que ha vivido?
Sí claro, con mucho. Con mucho.
¿Cómo vivió esas horas de espera tras el accidente en la cueva?
Le daba vueltas al rescate. Daba vueltas a cómo iba a ser porque sabía que en el país no hay grupos de rescate y que tendrían que llamar a mis compañeros en España. Pensando a ver cómo me iban a sacar porque sabía que iban a tardar mucho tiempo en sacarme. Pensaba que Perú, al ser un país pobre no iba a colaborar. Pensé que tendría que bajar en burro y en camilla, porque hay cuatro horas andando. Y el Gobierno de Perú se volcó y ha puesto todos los medios posibles.
¿Cuántos días permaneció en la cueva hasta que llegaron los refuerzos y quién estaba con usted?
Éramos un grupo de ocho. No toda la gente del grupo podía bajar hasta 400 metros. Todos los que podían bajar se turnaban. Hasta que llegaron los médicos pasaron cinco días. Durante ese tiempo, se turnaron. Nunca estuve solo. Tenía mucho dolor porque lo único que me daban era Ibuprofeno cada cuatro horas. Llegó el primer doctor, un limeño especializado en montaña pero que nunca había entrado en una cueva. Le echó muchísimo valor. Me puso morfina y me calmó los dolores.
¿Tenían víveres suficientes?
Arriba había comida y la traían los compañeros que se turnaban para bajar. También pastillas potabilizadoras porque había agua pero no se podía beber. Por cierto, los dos primeros días estuvimos a base de chocolatinas porque no había otra cosa.
El rescate demuestra la solidaridad de los espeleólogos.
Me quedé impresionado porque se ha demostrado que somos una gran familia. No sólo en España, sino también en Italia, México, Canadá o Francia. Había gente que estaba deseando venir al rescate, pero no han venido porque no les dejaban. Incluso pagándolo de su bolsillo. Hemos dado un ejemplo de solidaridad y de altruismo.
¿Anteriormente, a usted habían tenido que rescatarlo o había participado usted en algún rescate?
Por suerte, soy un jefe de equipo del grupo de socorro de la Federación madrileña de Espeleología. He participado en cuatro o cinco rescates. Sabía lo que era eso. Pero nunca había estado en una camilla herido. Sabía las complicaciones del rescate y cómo iba a ser. Cada dos o tres meses, organizamos simulacros y me tocaba el mes que viene, y la gente me decía que qué bien lo había organizado este año (Risas).
¿Los rescatistas eran españoles?
Sólo eran españoles porque fue al único país al que el Gobierno de Perú permitió ir al rescate. Conocía al 90 por ciento de los rescatadores. Había gente de otros países preparada con todo el material para ir allá. Hubo 60 rescatistas, y también hubo bomberos, policías. En total, unas 150 personas.
Y en una zona remota.
Para hacerse una idea. Hay que ir de Madrid a Lima. 11 horas de vuelo. Luego, un autobús desde Lima a Chachapoyas, que son entre 24 y 30 horas de recorrido. Después, de Chapapoyas a Lemebamba, 4 horas en coche o en bus. Y de allí al lugar de la cueva, cuatro horas caminando. Se tardaba más o menos tres días saliendo de Madrid si tenías que ir por tus propios medios, que es como iba la mayoría de la gente. Si el Gobierno hubiera puesto un Hércules hasta Chachapoyas, hubieran estado en un día. Pero no fue así.
¿Está contrariado, cuando menos, por la actitud del Gobierno de España?
Estoy decepcionado porque no ha aportado nada. Sólo ha colaborado la embajada, que ha facilitado el asunto a los rescatistas. Ha sido todo hecho por iniciativa privada.
Tenía un seguro de 18.000 euros. ¿Cómo se cubrirá el gasto del rescate?
No estoy muy al tanto de ello, pero la Federación Madrileña de Espeleología todavía está echando cuentas. Pero las cuentas no van a salir demasiado negativas. De momento, se ha hecho cargo la federación y están recaudando dinero. Mi seguro federativo sólo cubre 18.000 euros, porque es el único seguro que he encontrado.
De toda la experiencia, ¿En qué piensas ahora mismo ya en plena recuperación?
Principalmente, no me canso de agradecer lo que han hecho por mí. La gente importante es la que me ha rescatado, yo sólo me caí. No me canso de llamar a todo el mundo que me ha rescatado para agradecérselo. Y atender a los medios de comunicación, porque si no hubieran dado bombo, no se hubiera recaudado tanto dinero.
Le quedan meses de recuperación, ¿tendrá alguna secuela?
Hay que ver cómo evoluciona. Me dijeron que si quería mantener una vida activa, deportiva, quizá me tendría que operar y ponerme un par de placas para estabilizar la vértebra. Me gustaría seguir en la espeleología.