Ayer y hoy, Toledo se viste para el Corpus

J. Monroy
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Sagrario Martín-Caro repasa la transformación de las calles del Casco durante estos días, su origen, los grandes iconos de la fiesta y las aportaciones de la Escuela de Arte

Ayer y hoy, Toledo se viste para el Corpus - Foto: David Pérez

Estos días Toledo se viste de Corpus, en lo que es «la mayor transformación de carácter efímero que se produce en la ciudad», en palabras de la pregonera de este año, Sagrario Martín-Caro Rodríguez, directora de la Escuela de Artes. Martín-Caro centró su intervención en el escenario del Rojas en la transformación que sufren las calles de Toledo estos días, el origen de la misma y de los grandes iconos de la fiesta, para terminar recordando las aportaciones realizadas desde la Escuela.
Precisamente en la calle, a la entrada del coliseo toledano, se producía un agradable encuentro entre varios concejales de distintos grupos políticos, muchos de ellos, como los de Ganemos, en su día de despedida del Consistorio. La alcaldesa, Milagros Tolón, todavía recibía felicitaciones por la reelección. También estaban presentes el consejero de Cultura, Ángel Felpeto, y el delegado de la Junta, Javier Nicolás, así como el jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en la región, Manuel Llamas.
Fue otra edil saliente, Nuria Cogolludo, la que presentó a Martín-Caro, ese «altavoz para pregonar que el Corpus Christi goza de una salud excelente después de acarrear a sus espaldas siglos de existencia y de experiencia».
Martín-Caro comenzó narrando esa «mutación del espacio ciudadano en un escenario conformado para la fiesta del sacramento». Primero llegaron los toldos, en una labor que en el siglo XVI hacía el gremio de leceros. Si estos toldos ya son «símbolos permanentes de la fiesta, también hay que nombrar las sillas, flores, guirnaldas vegetales y boj. Martín-Caro también recordó reposteros, estandartes, mantones de Manila y piezas de ajuar de Lagartera; alfombra de tomillo y faroles artísticos.
El origen de la metamorfosis de la ciudad, explicó la pregonera, «le tenemos que buscar en épocas pasadas, cuando comienza un proceso que ya está perfectamente documentado en los siglos XVI y XVII». Entonces, las transformaciones afectaban a la totalidad de las manifestaciones populares y al universo conceptual que subyace a la vida entera de la comunidad.
Porque si en los siglos XVI y siguientes cambian los conceptos de tiempo y espacio, «el lugar en que se celebra la fiesta adquiere un carácter divino para las mentalidades de la época medieval y la moderna». Es decir, en busca de más público, «la Catedral se abre ahora al exterior del templo y convierte el espacio urbano en un anexo. La calle cumplirá la función de escenario eclesiástico y para ello se transformará completamente por medio de arquitecturas efímeras».
Martín Caro se acordó del origen de la Tarasca, Tarasquilla. La primera es el enemigo acechante y el tentador del edén, el diablo. En el siglo XVII se le añade la Tarasquilla, «portadora simbólica del orgullo y la lujuria, a la que en Toledo llamamos Ana Bolena». La Tarasca, apuntó, «asume el papel de encarnación del pecado, que finalmente es vencida por el cristo triunfador».
Los Gigantones se presentaban en el cortejo procesional formando parejas, representando a las naciones del mundo a través de sus reyes, que rinden homenaje al Salvador. Por su parte, «los Gigantones de Lorenzana, que presiden durante el Corpus el gran balcón de la Casa Consistorial, deben guardar un cierto parecido con aquellos de siglos precedentes, aunque más ágiles en la carrera y menos pesados».
Mientras tanto, la Catedral también participará en esa transformación al sacar al exterior obras de arte, «quedará literalmente envuelta en tapices en una representación barroca de luz y color imposible de superar».
La custodia. El momento más esperado está a punto de producirse «con el comienzo de la procesión, que tuvo lugar por primera vez en 1333, y la salida de la Catedral de la Gran Custodia, núcleo central de toda la fiesta». Pero antes, recodó Martín-Caro, pasa la Gran Cruz de la Catedral, datada en torno a 1475, regalo de rey portugués Alfonso V, « magnífico ejemplo de orfebrería gótica por su perfección técnica y la representación naturalista del cuerpo desnudo de cristo».
Después, «la Custodia aparecerá y nos deslumbrará, convertida en la mayor expresión devocional de la procesión eucarística». La Custodia surgió como consecuencia de la celebración del Corpus Christi, tras la institución de la festividad por el papa Urbano IV en 1263, pero habría que esperar a que Juan XXII introdujera la celebración de la octava y la procesión pública exponiendo el sacramento. «Al observarla podemos comprobar que está compuesta de dos importantísimas piezas: el ostensorio de Isabel la Católica y la Custodia de asiento de Enrique de Arfe», apuntó la pregonera.
Tras describir ostensorio y custodia, Martín Caro se despidió, como no podía ser de otra manera, recordando las aportaciones de la Escuela de Arte a la fiesta, antes de la entrega de las Tarascas de Honor.