Último de Filipinas; primero en Toledo

Á. de la Paz
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El Museo del Ejército de Toledo albergó el acto de cesión de la réplica de la estatua que el escultor Salvador Amaya ha realizado para homenajear la resistencia de las tropas españolas en Filipinas en 1898

Último de Filipinas; primero en Toledo - Foto: Ví­ctor Ballesteros

El Museo del Ejército celebró el acto de entrega de la talla con que se homenajeará la resistencia de las tropas españolas en Filipinas durante 1898. El escultor Salvador Amaya cede  temporalmente una réplica de madera a escala de la futura estatua que se instalará en Madrid y recordará a las decenas de militares que permanecieron sitiados durante meses en la iglesia de Baler. La obra parte de un boceto del pintor Augusto Ferrer-Dalmau, quien estuvo presente en el acto y entregó al museo el dibujo. La figura del teniente Saturnino Martín Cerezo, uno de los iconos de aquel pasaje de la historia española ahora revisitado, protagoniza la escultura. La creación tanto de la réplica como del original, cuyo tamaño se irá hasta los seis metros de altura, se han financiado a través de las donaciones de particulares.
La réplica de madera se exhibirá en el marco de la exposición Los héroes de Baler: la historia de los últimos de Filipinas, una muestra que se alargará hasta el próximo 30 de junio y que pretende divulgar un episodio aún desconocido para una parte importante de la sociedad española. Una vez finalice su periodo de estancia en la gran sala toledana de titularidad estatal, el conjunto recorrerá diferentes ciudades españolas de forma itinerante. «La tarea de sacar del olvido» aquella gesta es el principal objetivo de la escultura, según explicó Amaya. El autor apuntó al carácter sentimental que tiene una obra «que ha salido del corazón».
Ferrer-Dalmau es el creador del boceto sobre el que se ha inspirado Amaya. En el dibujo aparece el teniente Martín Cerezo, un cacereño que protagonizó «la gran aventura en el sitio de Baler», tal y como la definió el periodista Luis Bello en El Sol y así se recordó durante el acto de presentación. El general Antonio Rajo, director del Museo del Ejército, rememoró la hazaña de más de medio centenar de hombres, resguardados en el interior de un templo, que solo abandonaron su posición tras una negociación y no por la victoria de sus enemigos. «Cuando salieron quedaban 33 hombres desarrapados, pero no derrotados». Rajo recordó que aquella guarnición diezmada por la enfermedad y el paso de los meses dejó atrás la iglesia enarbolando «la bandera española».

Último de Filipinas; primero en Toledo
Último de Filipinas; primero en Toledo - Foto: Ví­ctor Ballesteros
El general Francisco Ramos Oliver, director de la Fundación Museo del Ejército, se felicitó por el éxito de la campaña de suscripción popular a través del micromecenazgo que ha permitido sufragar el coste de ambas estatuas casi en su totalidad y agradeció el esfuerzo realizado por todos los donantes. La idea de homenajear este capítulo histórico ahonda en la tarea de recuperación de las gestas y las figuras que han marcado la historia de España en los últimos siglos, especialmente en aquellas zonas alejadas de las actuales fronteras del país. «Esta estatua es del pueblo español», clamó el general, especialista en historia militar.
Ramos Oliver expresó su deseo de seguir ampliando el conocimiento popular sobre una serie de acontecimientos históricos que reflejan la importancia y el buen hacer de España. Rajo, por su parte, elogió la labor de servicio abnegado de aquellos hombres, que eligieron seguir defendiendo su bandera y no entregarse pese a su inferioridad. «Esta obra representa la esencia de los valores que les mantuvo pegados a su deber», aseguró el director del museo.