NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Entre la lucidez y la ceguera

Fue un sabio. Y un visionario. La conciencia de una época, de la mía. José Saramago ha sido uno de los autores más inspiradores de mi generación, y espero que lo siga siendo de alguna generación más porque, como se está demostrando, sus reflexiones y ensayos siguen de plena actualidad. Lo que también nos lleva a pensar en lo poco que hemos aprendido. Pero eso es otra historia.
La situación política actual me ha recordado a su novela Ensayo sobre la lucidez, en la que las elecciones municipales de una ciudad ficticia dan lugar a una masiva votación en blanco. Algo inesperado para las autoridades, que entran en pánico, pero tampoco planificado o premeditado. Simplemente pasó. Y el gobierno de turno decide repetir los comicios, y el resultado es aún más abrumador. Más blanco todavía.
Evidentemente, Saramago exponía motivos, reflexiones, argumentos y conexiones que se alejan de la situación actual. Pero la maestría con la que plasmó esa hipótesis de hartazgo ciudadano, en la que los poderes públicos eran cuestionados por su inoperancia e ineptitud, me ha llevado a pensar en qué deberíamos hacer si nuestros dirigentes políticos, los de hoy, nos vuelven a llevar a las urnas después del verano.
Primero por el veto de PP y Ciudadanos, que lo de este último ya se las trae. No sé hasta qué punto sus votantes pidieron a Albert Rivera que dijera insistentemente «no es no» a Sánchez, o si más bien le pidieron acabar con los bloques y ofrecerse como puente para propiciar una evolución política y democrática. Perdonen, Toni Roldán lo expresó también mejor que yo. Y no sé si sus votantes le pidieron rechazar una reunión con el presidente del Gobierno en funciones del país, pero ha quedado a la altura de los que siempre trata de deslegitimar como ERC o Bildu.
Y luego está Unidas Podemos, que sale ahora con el o me das ministerios o no te garantizo el voto en la sesión de investidura. Pablo Iglesias le pide a Sánchez que se decida: o a la izquierda o a la derecha. Y Sánchez lo tiene claro desde hace tiempo. A la izquierda, por mucha vicepresidencia social que le conceda, los números no dan. Pero a la derecha sí. Y es la baza que no está sabiendo jugar Rivera. Si tan siquiera se hubiera molestado en explorar la vía de la negociación con el PSOE, sus votos le permitirían hasta tener un sitio en el Consejo de Ministros. Ya acordaron 200 medidas en el famoso ‘pacto del abrazo’ de 2015. Pero su enroque, a pesar de Toni Roldán, a pesar de Javier Nart, o a pesar de Juan Vázquez, no tiene más explicación que la de esperar a septiembre para tensar aún más la cuerda y garantizarse esos puestos.
Claro que todo esto importará poco si Donald Trump (EEUU) y Hassan Rohani (Irán) no dejan de acariciar el botón nuclear. Ellos deberían leer también a Saramago, pero no su Ensayo sobre la lucidez, sino su libro anterior: Ensayo sobre la ceguera.