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Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Klandestinos vuelven a la cárcel

23/09/2022

Han pasado 15 años y recuerdo perfectamente la fisonomía de Carlos. Pelo rapado al dos, ojos tristes detrás de las gafas y una chaqueta de chándal con rayas a los lados. Poco acostumbrado a las visitas, aquel 24 de septiembre de 2007 le incomodó una comitiva en la que se mezclaban responsables de Instituciones Penitenciarias y periodistas. Apenas levantó la mirada y, con un fino hilo, siguió tejiendo un cuadro en el que representaba a Mickey Mouse y a su lado la figura del diablo. Me detuve un instante detrás de su trabajo y Carlos me preguntó: «¿Te gusta?». Sin cuestionarme qué es lo que quería representar, le contesté, de forma automática, que sí.
El interior de los muros de una cárcel da para pocas confesiones a extraños. Pero Carlos comenzó a abrirse y en una charla que no llegaría a los cinco minutos me contó que llevaba 21 años en prisión y que todavía le quedaban otros 11 para terminar de cumplir su última condena. Dentro del talego, es demasiado osado preguntar a un preso el delito que le mantiene entre rejas. Te expones a recibir cualquier tipo de respuesta. Carlos contestó sin titubear: «Homicidio». Este recluso estaba en uno de los talleres de los denominados módulos de respeto de la cárcel de Mansilla de las Mulas, en León.  Se presentaba lo que entonces era un novedoso proyecto de celdas abiertas para aquellos reclusos que se comprometan por escrito a cumplir un contrato con claras normas de convivencia. Aceptan distintas responsabilidades diarias, velar por la limpieza y el aseo personal, asistir a los programas de formación o desintoxicación, acudir a terapias y, por supuesto, nada de drogas. No hay robos en el módulo, a pesar de que las celdas están abiertas; se expulsa a quien protagoniza algún acto violento.
Antes de conocer a un colombiano condenado por tráfico de drogas y a otro preso gallego que manipulaba latas de refresco, Carlos, con voz muy pausada, me dejó un mensaje que se me quedó grabado: «Por la experiencia que tengo, este nuevo proyecto -los módulos de respeto- no deshumanizan tanto como el sistema clásico de prisiones, que te acaba convirtiendo en un hombre muy frío». Aunque hay delincuentes, como los violadores sistemáticos, cuyas tasas de reinserción son muy bajas, hay un artículo recogido en la propia Constitución que lo deja claro: «Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social». Sin ser las únicas finalidades, siempre es lo deseable y a lo que se debería de aspirar.
Esa humanización de las prisiones es el objetivo. La práctica totalidad de los reclusos cumple condenas justas, pero esa no es razón que nos lleve a olvidar que estamos ante personas, con casuísticas muy variopintas y diversas. Y este sábado, con motivo de la festividad de Nuestra Señora de la Merced, patrona del cuerpo de prisiones y de todas las cárceles de España, los reclusos del centro penitenciario Madrid 2 (Alcalá-Meco) van a tener una gran oportunidad de acercarse a ese escenario más humano. Klandestinos, veterana charanga de Guadalajara con 33 años de vida, vuelve a la cárcel. Ya estuvieron en el mismo talego hace once años en una experiencia inolvidable para los reclusos, los funcionarios y para todos los músicos de la formación. Esta vez, recorrerán varias galerías del centro para que esa desconexión entre el interior de la prisión y el mundo real no se convierta en un abismo.