CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Sí se puede... con otros

26/11/2020

Claro que se puede hacer una política de Estado en coalición, una política sensata, anteponiendo los intereses de los ciudadanos a los intereses de los partidos que forman parte de la coalición. Por supuesto que se puede … siempre que Podemos no forme parte de esa coalición y el presidente del gobierno coaligado, que lógicamente es el líder del partido mayoritario, no haga una dejación absoluta de sus compromisos electorales y de sus planteamientos políticos, para ceder a todas las exigencia de su socio incluso aunque supongan la ruptura ética, que no formal, del Consejo de Ministros.

Iglesias, con un ego desmesurado que se acrecienta a medida que Sánchez le da más poder, ha hecho unas declaraciones a La Stampa que son un ejemplo de desfachatez. Lo hace en una de las principales revistas de un país, Italia, que sabe mucho de coaliciones, y que nunca se ha visto en una situación como la española, con el minoritario imponiendo su criterio. Desfachatez porque Iglesias defiende como habitual en las coaliciones lo que ocurre en el gobierno español, cuando no se va visto situación parecida ni en Italia o Alemania - países expertos en coaliciones- o incluso en el Reino Unido, donde son menos frecuentes. El jefe de gobierno manda. Puede pactar determinadas decisiones con su socio, pero a él corresponde la última palabra, sobre todo cuando se trata de defender posiciones que formaban parte no solo de su programa electoral sino de sus propios principios políticos e incluso personales.

No tendría que ser inquietante para los españoles que haya un gobierno de coalición, como intenta hacer creer Iglesias dando por sentada la falta de madurez de nuestro país. Lo inquietante es qué ocurre en este gobierno de coalición, en éste. De qué manera es un peligro para España que haya un gobierno con un socio minoritario que marca el paso, que se toma la Constitución a título de inventario, que pone condiciones sobre la mesa que asemejan a chantaje y que presiona a Sánchez –con éxito- para que acepte exigencias de Bildu y ERC que con toda seguridad serán tumbadas por los tribunales, como por ejemplo cuando Rufián pretende cambiar políticas fiscales de Madrid sobre las que no tiene competencias el gobierno central. O que en el caso del PNV va mucho más allá de lo que han ido gobierno anteriores y saca al ejército de su cuartel en San Sebastián, una vieja reivindicación ante la que no han cedido gobiernos del PP ni del Psoe.

No hay español sensato, que respete el juego democrático, que rechace de plano un gobierno de coalición, porque se puede hacer política constructiva y rigurosa con esa fórmula. Sin embargo no puede haber seriedad ni rigor con un Podemos disparatado y con un presidente que esconde las vergüenzas de su socio, lo defiende incluso sin razón … y hace suyas sus políticas más abominables.