Mi media Fanega

Jorge Jaramillo


La cifra importa

19/10/2020

Hacer estimaciones prematuras de cualquier cosecha siempre comporta riesgos de quedarse corto o de pasarse de frenada. Sobre todo porque esas previsiones quedan después en manos de la suerte o, mejor dicho, de una climatología imprevisible que con poco que haga, puede subir o hundir las cifras repentinamente.
Pero no sería lo peor. Porque en un mercado tan globalizado, manejar con la mayor precisión posible esas primeras pistas de producción, si hablamos sobre todo de sectores tremendamente volátiles o sensibles al control de oferta y demanda, resulta clave para evitar que entren en acción aquellos aventajados en las artes especulativas. Ocultar los datos, o retrasar su publicación como hicieron alguna vez países competidores de nuestro entorno, puede dejar rédito en los que con intención buscan esquivar pérdidas.
Italia ya nos dio lecciones muchas vendimias cuando a mitad de la campaña comercial, por marzo o abril, o incluso más tarde, desvelaba los volúmenes reales de vino y mosto que albergaban sus depósitos. No en vano, es el principal elaborador de Europa, por delante de Francia y de España.
Precisamente en sectores como el vino, o incluso en el aceite, las declaraciones obligatorias de producción han tratado de evitar malas jugadas, pero hasta completar la entrega de la información, siempre hay un par de meses delicados.
Por eso, la reacción de las principales organizaciones agrarias al aforo oficial de cosecha de aceituna y de aceite que la Junta de Andalucía publicó el viernes, evidencian sorpresa y preocupación por considerarlo exagerado. La consejería de la comunidad vecina, la región olivarera más importante del país, estimó en su ya tradicional estudio de campo, casi 1,7 millones de toneladas.
En este sentido, las cifras más parecidas -por elevadas- venían de la parte industrial que habían asegurado estas últimas semanas que estábamos otra vez ante una recolección alta por la entrada en producción de muchas hectáreas intensivas o superintensivas, y por un buen cuajado en junio tras la fuerte floración. Sin embargo, sus previsiones quedaron siempre por debajo de 1,6 millones.
En la otra cara, los representantes de los agricultores -que vienen de meses de bajísimos precios, y de un año de enormes tensiones por el nulo efecto del almacenamiento privado que subvencionó Euroa- hablaban estos días de 1,2 millones de toneladas o poco más. ¿Tanta diferencia puede haber entre una estimación y otra?
Es cierto que la ausencia de lluvias es un factor que puede restar aún muchos kilos de aceituna, como engordarla si vienen generosas y a tiempo. Las “opas” andaluzas -como queriendo corregir a la propia administración- creen que el daño ya está hecho. Y es que no es un dato menor hablar de un escenario u otro, ya que de ese dibujo depende la conformación de los primeros precios. De ahí tanta prudencia o cautela cuando al final no queda tanto aceite en los depósitos con un enlace inferior a las 500.000 toneladas.
   En Castilla -La Mancha, segunda comunidad productora, cifra muy a la baja su estimación. Cooperativas habló hace semanas de 120.000 toneladas, y la propia Consejería de Agricultura ha asumido como propio el cálculo. Todo está por ver cuando parece que Grecia, Italia y otros países del arco Mediterráneo traen menos aceituna.
   Si miramos al final de la vendimia, el debate es similar. ¿Estamos en 23 millones de hectolitros de vino y mosto como ha certificado estos días la Junta? ¿Podrían ser más como aseguran algunos industriales y las propias cooperativas? Ese margen, arriba o abajo, es clave para entender cómo arrancarán las ventas.