EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


El síndrome de Pinocho

26/11/2020

Dicen los más entendidos que la novela ‘Las aventuras de Pinocho’, escrita por Carlo Collodi, representa la historia del alma humana en su viaje de evolución espiritual.
Mentir no es un recurso fácil. Cuanto más se miente más difícil es controlar la abundante base de datos de las múltiples versiones dadas y más difícil resulta mantener la coherencia de lo inventado, de lo novelado. Los psiquiatras se refieren al síndrome de Pinocho como una compulsión irremediable que sufren algunas personas para mentir, lo que se conoce como ‘mentira patológica’.
Pero mientras que el mentiroso patológico miente sin ninguna intención y sus mentiras son espontáneas, y una vez entrada en esta dinámica de farsa y engaños no puede parar, resulta que no todos los mentirosos sufren el síndrome de Pinocho, y que algunos mienten conscientemente para conseguir un beneficio.
Dicho lo anterior, traigo aquí el obligado ejercicio de valorar si, en referencia al personaje político que está en la mente de todos ustedes, éste pertenece al grupo de los que mienten exclusivamente para obtener un beneficio o miente de forma compulsiva, sin poder evitarlo, como un acto inconsciente que se le escapa de las manos. O si, habiendo empezado su vida política como un mentiroso consciente, con la intención exclusiva de obtener un beneficio, la habitualidad en la mentira provechosa y su propio ‘viaje de evolución espiritual’, le habrían llevado a la mentira compulsiva propia del síndrome de Pinocho, llegando ya a creerse sus propias mentiras sin discernir qué es realidad y qué es producto de sus mentiras.
Para averiguar la categoría clasificatoria de nuestro mitómano de telediario, les traigo aquí algunas pistas y señales de gran utilidad para observarlas en sus ruedas de prensa, en las performances que monta y en la posterior divulgación por parte de sus palmeros mediáticos. La primera señal consiste en comprobar si lo que cuenta el mentiroso de marras es delirante, o si entremezcla la mentira con parte de la verdad. Otro punto importante de observación consiste en comprobar si la misma mentira se repite en el tiempo, si la mentira llega a considerarse como verdad. También es muy importante observar si el mentiroso se cree sus propias mentiras, si es capaz de discernir entre lo que son fantasías de su mente de lo que no lo es.
Finalmente, lo mejor sería utilizar una cámara termográfica para registrar la temperatura del rostro del mentiroso. Existen estudios que concluyen que cuando alguien miente la temperatura de la nariz baja y la de la frente sube, y que cuanto mayor sea la diferencia de cambio de temperatura entre ambas regiones de la cara, más probable es que esa persona esté mintiendo. Como le sucede a Pinocho, su nariz indica que miente.
Observen todo esto y ya me contarán sus conclusiones.