MIS RAZONES

Pilar Gómez


Pablo Iglesias quiere un Ministerio

Aunque sea de Marina, como decía el clásico. Pablo Iglesias, que ha perdido votos a espuertas en la cita electoral del 26-M, pugna con fruición por una cartera. Quiere entrar en el Gobierno de Pedo Sánchez a cualquier precio. Una obsesión basada en una necesidad. Si Podemos no consigue enjaretar siquiera un elemento en el Ejecutivo socialista, habrá perdido el principal argumento para su propia existencia.
Casado basó su campaña en armar un gobierno de coalición de la izquierda para frenar a la derecha. Sánchez no se siente seducido por tal posibilidad. El líder del PSOE ya ha dicho que pretende gobernar en solitario con acuerdos concretos y puntuales. Ora con Podemos, ora con Ciudadanos... lo que vaya saliendo. Todo lo más que está dispuesto a conceder el presidente del Gobierno en funciones es la incorporación de algunas figuras independientes con las que Iglesias se encuentre cómodo o se identifique.  O sea, todo lo más, un guiño.çPodemos se resquebraja. Hay deserciones por doquier. Sus socios gallegos de las Mareas han desaparecido. En Andalucía van por libre. En Castilla La Mancha han renunciado. Un panorama desolador que anuncia la decrepitud de una formación nacida hace cinco años al rebufo de la gran crisis económica y con la guerra contra la casta como eslogan. El matrimonio Iglesias incurrió en el error de adquirir una mansión suntuosa y ahí empezó el problema. Iglesias ha perdido credibilidad. Ya no es un socio necesario. Hace aspavientos de advertencias  a Sánchez con amenazas de no secundar su investidura. No resulta creíble. Podemos es la muestra más evidente de la decrepitud. Un partido sin demasiado futuro. Iglesias no será ministro, ni siquiera de Marina.