Vidal Maté

Periodista especializado en información agraria


El cereal viene fuerte en volumen y bajo en precios

19/06/2020

A punto de iniciarse la recolección en las zonas de producción más importantes, todas las previsiones apuntan a una gran cosecha cerealista, aunque permanecen los riesgos de los pedriscos localizados y los aires secos que pueden agostar las cosechas en territorios determinados. 
Las buenas condiciones climatológicas de los últimos meses desde que llegó la pandemia, con lluvias muy abundantes y temperaturas suaves, han propiciado un crecimiento favorable de las plantas. En la parte negativa se halla el desarrollo de diferentes plagas de hongos. Ello se ha traducido en unos mayores costes de producción para los agricultores así como la reducción de los rendimientos cuando no se han hecho a tiempo los tratamientos necesarios o se ha reducido la efectividad de los mismos por la eliminación progresiva de los mercados de los productos fitosanitarios más eficientes.
Según los datos provisionales de Agroseguro, la cosecha no se ha visto afectada por la sequía en ninguna zona, pero sí por los pedriscos con daños de unos 15 millones y que se prevé puedan llegar a los 60 millones de euros.
En la parte más alta de las previsiones se hallan las elaboradas por las Cooperativas Agroalimentarias, las que más se han acercado a la realidad. De acuerdo con las mismas, la cosecha esperada ascendería a los 25,8 millones de toneladas con unos rendimientos por hectárea récord (una media de 4,4 toneladas). En ese cómputo se halla una cosecha de 7,2 millones de toneladas de trigos blandos, 0,9 millones de trigos duros, 11,5 millones de cebada a las que se suman 1,3 millones de avena, 0,45 millones de centeno y 0,8 millones de triticale. Para el maíz los pronósticos apuntan a la estabilidad en el entorno de los 3,5 millones de toneladas.
Desde Asaja se han rebajado las previsiones más optimistas de semanas precedentes, consecuencia de las diferentes plagas, para situar la cosecha total de cereales en 22,6 millones de toneladas de las que 6,5 serán trigos blandos, 0,7 trigos duros, 9,8 de cebada, un millón de toneladas de avena y 1,1 millones de centeno y triticale.
A pesar de estas importantes producciones, las necesidades de importación siguen siendo elevadas ante una demanda global de cereales de más de 36 millones de toneladas de las que 27 corresponden a la fabricación de piensos y cinco millones a la de harinas, lo que exige comprar en el exterior más de nueve millones de toneladas. En la campaña anterior donde la cosecha se hundió por la sequía, las importaciones se acercaron a los 17 millones de toneladas colocando a España como uno de los grandes importadores mundiales. 


Contratos

De cara a esta campaña, cabe recordar que, en base a la Ley de la Cadena Alimentaria, los operadores tienen la obligación de suscribir contratos con los agricultores para la compra de las producciones. Aún así, el sector de los cereales es uno de los que menos cumplen con esa formalidad.
En esos contratos debería figurar el precio de compra y demás condiciones para el cobro o exigencias en materia de entregas y calidades. De esta exigencia de contratos están exentas las cooperativas donde el agricultor, al ser socio de las mismas, es uno más en la sociedad y donde, en líneas generales, se opera en función de los precios logrados a lo largo de la campaña de comercialización. El cooperativista está obligado a colocar toda su producción en su entidad si de verdad cree en el modelo.
Otra segunda exigencia en las operaciones de compraventa es que se fijen unos precios por el cereal que supongan, cuanto menos, cubrir los costes de producción. En este caso, hay una dificultad añadida: los agricultores no tiene datos concretos sobre sus costes reales. Además, al tratarse de un acuerdo voluntario entre dos partes, agricultor y operador, la fijación del precio es un pacto. Todo ello, sobre el papel, porque en estas operaciones existen reglas de juego diferentes en cada zona. En la mayor parte de los casos, los agricultores entregan sin precio con el compromiso de fijar el mismo a la hora de la liquidación según cómo se hallen los mercados, pero sin una referencia concreta a una o varias lonjas, como debería ser lo habitual.
De ello se deduce que, a pesar de las nuevas disposiciones, en el sector de los cereales se sigue operando en base a costumbres de siempre en cada territorio.
Para esta campaña, las previsiones apuntan a una estabilidad a la baja en las cotizaciones en base a la existencia de una producción mundial, donde se espera un incremento del 2,8% hasta los 2.780 millones de toneladas y la disponibilidad de importantes stocks por un descenso de la demanda. En el caso comunitario, se prevé una ligera reducción estimada en un 5% por los efectos de unas condiciones climatológicas negativas que han afectado fundamentalmente los trigos. Sin embargo, confían en una mayor cosecha para otros cereales como cebada y muy especialmente para el maíz. En ese contexto, los precios oscilan entre los 0,14 euros kilo para la cebada y entre los 0,17 y los 0,18 euros para trigos blandos y para el maíz.
Desde las Cooperativas Agroalimentarias, el responsable de las producciones cerealistas, Antonio Catón remarca la necesidad de que los agricultores, en lugar de retener la mercancía a la espera de un milagro que no se va a producir con el riesgo de quedarse con ella en las manos, vayan dando salida progresivamente a la misma ante la existencia de unas cabañas ganaderas muy importantes que comen todos los días. El almacenamiento abusivo tiene el riesgo teórico de provocar desabastecimiento y que ese hueco se cubra rápidamente con el cereal de importación y, si ello va con un contrato de suministro a medio o largo plazo, se estén cerrando las puertas a la salida del cereal nacional.