En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Loor al ‘garbancero’ Galdós

22/10/2020

Apenas muerto Galdós, Valle Inclán acuñó para él un despectivo adjetivo que hizo fortuna entre sus detractores y aún hoy se esgrime de vez en cuando: don Benito, ‘el garbancero’. Aunque algunos han querido explicar el epíteto como una referencia a la predilección del escritor canario por las clases populares, la RAE también aplica esa expresión a persona o cosa ordinaria y vulgar.
Aunque ahora, máxime en este año de su centenario, hay amplia unanimidad en situar a Galdós entre los más grandes de nuestra literatura, cuyo ambicioso y complejo proyecto narrativo, en palabras de Muñoz Molina, no tiene comparación en las letras hispanas, lo cierto es que su figura y su obra no siempre fueron tan apreciadas y valoradas.
En Toledo, ciudad que frecuentó, disfrutó y retrato en sus textos, la carcunda local no le ahorró coces y descréditos. El día de su muerte, en ‘El Castellano’, diario del Arzobispado, se afirmaba que «quien no conociese nuestro país nada más que a través de sus libros no tendría una imagen adecuada de la España verdadera». Cuando en 1912 se le propuso para el premio Nobel, los sectores católicos de la ciudad se movilizaron para evitarlo, considerando su candidatura como «un nuevo arañazo del satanismo español a la roca inquebrantable de la Iglesia». Y dos años después, al iniciarse una suscripción nacional para darle un bienestar decoroso en su deteriorada vejez, los concejales conservadores impidieron que el Ayuntamiento se sumase a la misma, sosteniendo que nada había hecho por Toledo, «porque las escenas de ‘Ángel Guerra’, lo mismo pudo ponerlas en aquí que en otro pueblo».
En 1932 y a propuesta del concejal socialista Domingo Alonso, se dio su nombre al paseo de la Virgen de Gracia. La iniciativa también levantó suspicacias entre los ediles monárquicos. Poco le duró tal honor a don Benito, pues el franquismo le proscribió del nomenclátor toledano, al eliminar todos los cambios de calles realizados durante la República, entre los que estaba también Blasco Ibáñez, cuyo nombre se dio al paseo de Recaredo. Semejante desafuero será reparado mañana, víspera del Día de las Bibliotecas, cuando la alcaldesa Milagros Tolón, descubrirá una placa dedicándole a Galdós el mismo espacio urbano que ya tuvo. Loor, pues, a quien tanto honró a Toledo, que esto también es recuperar memoria histórica.