LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


Los Reyes Magos de Alcázar

22/10/2020

El Ayuntamiento de Alcázar de San Juan ha dado un paso adelante y, a falta de tres meses para la celebración de la cabalgata de los Reyes Magos, ha dicho que preparará un desfile que pueda pasar por casi quinientas calles del pueblo para evitar aglomeraciones y conseguir de esta forma que los niños vean a Sus Majestades el gran día de la ilusión. Al leer la noticia, debo reconocer que me emocioné porque no hay fiesta más grande en el año que la de la Epifanía. De hecho, el día que me nombraron embajador del Rey Melchor en Toledo fue uno de los más importantes de mi vida, porque tengo dicho y escrito que una vida sin ilusión no merece la pena ser vivida. Los Reyes son algo muy grande, tanto que de mayor sigo creyendo en ellos. Porque son magos o si no, no podría explicarse que familias verdaderamente humildes recibieran su visita y dejaran su regalo. Hubo alguien un día que contó no sé qué secreto sobre los Reyes y un niño mosqueado se volvió hacia el padre para preguntarle. Y este le dijo: son magos porque te han hecho inmensamente feliz a través de nosotros. Y lo seguirás siendo porque te acompañaremos toda la vida.
Rosa Melchor ha vuelto a demostrar su sensibilidad adelantándose a algo que ahora mismo no está sobre la mesa, pero llegará más pronto que tarde. Tiene la ventaja de que Alcázar celebra los últimos carnavales del año, en plena Navidad; los primeros son los de El Toboso. Pero, al margen de cuestiones puntuales, dentro del laberinto en el que nos encontramos, se agradecen puntos de luz, lugares a los que mirar, señales de esperanza. Organizar una cabalgata a estas alturas del año, con todo el otoño por delante y la fiereza desgarradora de la pandemia, parece utopía. Sin embargo, hay que hacerlo; o, al menos, pensarlo, que es el paso previo. Los Reyes existen y es la certeza de que con amor superaremos la más adversa de las situaciones.
No me he vuelto un Paulo Cohelo de la vida o una madre Teresa de Calcuta. Escuché al principio de la pandemia, cuando la negritud se cernió sobre nosotros de la noche a la mañana, la historia de Marco Aurelio. Un historiador contaba que las pandemias no son nuevas en la vida del hombre. Y tiene toda la razón del mundo. Lo que pasa es que al hombre soberbio del XXI se le olvidó y pensó que dominaba el mundo con el botón de Internet. Manolito, dale al botoncito. Tecnología digital. Y, sin embargo, sucedió todo lo contrario. Que el hombre que se creía dueño y señor del planeta sucumbió ante un bichito chico que lo puso bocabajo. Y reaccionó además con el miedo terrible, único, paralizante de quien no está acostumbrado a la adversidad. Tanto algodón es lo que tiene, que cuando llega el llanto y crujir de dientes nos disolvemos como un azucarillo.
Pues bien, decía Marco Aurelio allá por el siglo II después de Cristo, en el corazón de una de las primeras pandemias, que si la adversidad sale a tu encuentro, que te pille con quien amas y junto a quien te ama. La frase fue como un aldabonazo en la conciencia que aun hoy resuena bajo mis sienes. Y es cierto. Dije, y me di cuenta al principio de la aciaga primavera, que el coronavirus era tiempo de verdad, porque es en las situaciones límite cuando emerge. Y ahora comprendo que la verdad más hermosa es aquella que es guiada por el amor y junto al amor muere. De ahí que sea tan cruel el maldito virus que deja morir en soledad. Solo el amor explica al hombre; el resto es animal e instinto. Por eso los Reyes existen y vendrán. ¡Bien por Rosa!