Querencias

Miguel Ángel Sánchez


La vergüenza de lo de las Tablas

02/10/2020

Lo de las Tablas al final, y al principio, es la incapacidad para recuperar un ecosistema único, el del Alto Guadiana, no sólo ligado a las Tablas y su Parque nacional, mera muestra mínima de lo que fue la Mancha húmeda, los rebosaderos de ríos que ya tampoco existen, de acuíferos enterrados a decenas de metros de profundidad. El Alto Guadiana fue la joya de España, y el primer gran humedal en desaparecer, aunque siguen sus pasos el Delta del Ebro y Doñana. De todo aquello, de lo que fue la delicada red hidrográfica del Alto Guadiana, no queda nada, salvo en los cada vez más cortos y esporádicos episodios húmedos, donde el agua vuelve a reclamar por unos días, semanas, y ya pocas veces meses, lo que fueron sus dominios.
El fracaso de las Tablas es el fracaso de toda una timorata política ambiental, de cara a la galería las más de las veces, e incapaz de atacar de raíz los problemas, de proponer soluciones al menos a medio y largo plazo. A las Tablas no las mata la sequía, porque el acuífero tiene memoria, y podría funcionar y mantener aportes; a las Tablas las mata la decisión adoptada hace mucho tiempo de que malvivan como un embalse más, un descansadero de patos. Porque el agua se sigue yendo por los aspersores, por las espaderas, por los olivos en intensivo… Y cada vez se permiten más extracciones, se legaliza lo alegal, e ilegal. Y no pasa nada. Bueno, sí, las Tablas se secan, y es un desastre. El juego de siempre. Cansa.
No hay voluntad de que las Tablas vuelvan a ser un ecosistema vivo, que manen los ojos, que el agua circule por el Záncara, el Azuer y el propio Guadiana, que llegue agua abundante por el Gigüela. El medio ambiente no importa, no da votos, al menos en estos territorios. Y las Tablas estorban, tanto al Gobierno de Castilla-La Mancha, como al propio Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Las Tablas son una foto en sepia, un fósil de otro tiempo, quizá un fogonazo para cuando algún día seamos de otra manera, e importe más un ecosistema vivo que un sistema de producción, de explotación del territorio que lo mata.
He visto secas las Tablas, las he visto arder, con las máquinas hurgando las tripas de la turbera. Ahora piden un trasvase de urgencia del Tajo. ¿Por qué no se han puesto en funcionamiento los pozos de emergencia como el año pasado? ¿Por qué no se exige de una vez por todas que se ponga orden, control y sensatez en el Alto Guadiana? ¿Por qué el Gobierno de Castilla-La Mancha sigue apostando por más regadíos, por llevar a toda costa el agua del Tajo a satisfacer nuevas demandas en la Mancha, parapetándose tras el fracaso de la ‘tubería’ manchega? ¿Por qué el Gobierno de España propone como casi única solución para el Alto Guadiana en su Esquema provisional de Temas Importantes, trasvases desde el Tajo?
Quizá este invierno llueva como hace una década, y los ríos despierten, y algún ojillo se atreva a manar. O a llorar. Iré a verlo y a disfrutarlo, será efímero. El trasvase desde el Tajo es imposible, técnica y ambientalmente, aparte de que sería una vergüenza. Estamos en el circo de siempre, alentado por los que se han resignado a que todo debe seguir igual. Las Tablas, inmenso desprecio desconectado de su ecosistema. ¿A quién importa? ¿Quién quiere conocer la verdad? Nadie.