Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


Moda sostenible

22/10/2020

Al Desarrollo Sostenible que caracteriza nuestro siglo, nada de lo humano le es ajeno. Habrá algo más humano que la vanidad y la creatividad que satisfacemos con la moda. Cuando es sostenible se preocupa por el efecto económico, ambiental y social de las prendas de vestir a lo largo de su ciclo de vida. Desde la producción de los materiales que la componen, pasando por su diseño, confección, puesta en el mercado y uso por el consumidor hasta su destino final. Así, la ropa sostenible cuida del medio ambiente y de la salud de las personas, respeta los derechos de los trabajadores y de las poblaciones locales, emplea fibras naturales, reutiliza y recicla textiles. Procura la producción local, respeta el folclore y promueve el consumo responsable.
Hay algunas actividades que muchos se empeñan en señalar, sin que sirva de gran cosa la información publicada, como perjudiciales para el medio ambiente. Le pasa a la producción de carne, aunque haya menor controversia sobre su efecto positivo en la economía y en la sociedad que también son factores claves para un desarrollo sostenible. En cambio, sobre los productos textiles, la mayoría tenemos menor conciencia sobre las consecuencias negativas de su insostenibilidad.  
La producción de ropa necesita millones de metros cúbicos de agua y genera millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero. Un porcentaje muy pequeño se reutiliza, recicla o recupera y sin recogida selectiva la mayor parte acaba en los vertederos incinerada. Los productos químicos que se emplean contaminan el medio ambiente y perjudican la salud de quienes fabrican o usan las prendas y las fibras sintéticas liberan microplásticos que llegan hasta los océanos.
Pasar de la moda de usar y tirar -un español consume una media de 34 prendas al año y desecha unos 14 kilos de ropa- a integrar nuestro vestuario en la economía circular supone un reto considerable al que van sumándose consumidores, empresas e instituciones. ‘Reimaginar la moda: Cambiando pautas para una moda sostenible’ es precisamente el tema elegido para la edición de este año del Concurso Europeo de Innovación Social que convoca la Comisión Europea.
Ayer se publicaron los finalistas, diez proyectos de nueve países que compiten por tres premios. Nuevas ideas para reducir el impacto ambiental  reutilizando el CO2, para crear conciencia selectiva, para reciclar como el hilo de coser soluble y los remaches desmontables por calor, para fabricar fibras sostenibles de hongos o cáñamo o servicios innovadores para una producción eficiente. Y un bonito proyecto dedicado a revivir el legado de la artesanía textil rumana en la moda contemporánea.
Entre las semifinalistas quedaron Woolways de Rumania que propone  conectar ganaderos y operadores del mercado de hilaturas, atendiendo demandas sociales y ambientales relativas al esquilado, lavado y conversión de lana cruda en hilo. O la tecnología sueca Vividye que imprime diseños y colores que pueden borrarse, por lo que puedes actualizar las prendas cuando te aburren.