TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Tristes

22/10/2020

Hemos visto la 'cucaracha', el trenecito, el clásico y nunca bien ponderado salto con puñetazo al aire, la voltereta simple, la doble y la triple, el balón a la panza, el chupete, un baile de moda, dos, tres, cinco y mil, un arquero, una vuelta al banderín del córner, un beso a la cámara, un 'apolo' señalándose los muslos, un genio mostrando su camiseta a la grada… Todo eso sucedió después de un gol, el interruptor que abre la puerta de la euforia.

El Barça marcó cinco y, salvo por algunas sonrisas, parecían ex jugadores del Ferencvaros que no festejaban por respeto al equipo que los parió.

Y si al fútbol le quitas la alegría, le quitas casi todo.

El vestuario del Barça, por lo visto, está roto. Descosido en torno a una política deportiva estrepitosa y a las consecuencias de la misma y de la pandemia, que obligan a recortar sueldos para asegurar la viabilidad del club. Unos lo asumen, otros se aferran al diente afilado de sus abogados y representantes para exprimir el limón hasta la última gota. Eso se une a las resacas de mil temporadas pasadas. Y a relaciones turbias con el 'clan francés': Griezmann, Dembelé, Umtiti… Y a que Messi no está siendo Messi. Y a que Koeman no parece el típico entrenador-psicólogo con mano izquierda capaz de manejar con suavidad situaciones de depresión.

Justo en el momento en que tres o cuatro niños están disfrutando de su ingreso por la puerta grande en la elite, y qué hay más bonito que la felicidad de un crío, encontramos al equipo más triste. Puede que los triunfos (y el clásico que viene tiene mucha vitamina en la victoria) le ayuden a ir reencontrando la sonrisa que perdió en Lisboa, cuando el Bayern le hizo ocho. Diagnóstico: estrés post traumático.