Mi media Fanega

Jorge Jaramillo


No hay punto muerto

12/10/2020

El décimo mes del año es un mes de recogidas y de siembras. Se acerca el final del calendario agrícola y empieza un nuevo tiempo, también de preguntas y sobre todo respuestas. Termina una campaña PAC, se inicia la siguiente con los primeros anticipos de ayudas (que llegarán el mismo viernes 16, según la Consejería), la vendimia toca a su fin aguardando operadores, y las máquinas cambian de líneas para peinar las fincas intensivas de olivar. No hay punto muerto.
En el ámbito político, probablemente la crisis del coronavirus impidió ir más rápido con tantos proyectos legislativos y revisiones de leyes como la de la Cadena Alimentaria que, en las próximas semanas, debería iniciar en el Congreso la tramitación para incluir las prácticas comerciales desleales que Bruselas identificó hace un año. De alguna manera es la última oportunidad para reformular el artículo sobre los costes, dadas las lagunas legales que han surgido en los contratos firmados estos últimos meses. Pero el discurso ha perdido rotundidad, o este se ha tornado en una máxima que el Gobierno repite porque ahora aclara que no puede fijar ni costes de referencias, ni mucho menos, precios mínimos.
El próximo 13 de octubre, la Organización Mundial del Comercio (OMC) podría despejar desde Ginebra la gran incógnita que lastra el futuro de sectores como el del aceite de oliva, o el vino, en un mercado tan estratégico como el norteamericano. Porque si ratifica la propuesta de sanción a la administración Trump por las ayudas a Boeing, Europa tendría una baza  diplomática perfecta para solucionar lo que en un año ha sido imposible hasta que se conozca el esperado pronunciamiento del verdadero órgano regulador del comercio mundial. Las elecciones del 3 de noviembre dirán con quién hablar.
Asimismo, el 20 de octubre, el Parlamento Europeo celebrará una sesión para fijar una posición común sobre el modelo de aplicación de la nueva Política Agrícola Común. Hay fisuras respecto al diseño del pago básico a la renta, o en relación al presupuesto que deberán reservar los Estados miembros para configurar el nuevo método de subvenciones de los denominados ‘ecoesquemas’. Y mientras eso ocurra, en Luxemburgo, ese mismo día, los ministros de Agricultura buscarán el mayor consenso posible sobre el margen y la flexibilidad que cada país tendrá para desarrollar los tres nuevos reglamentos de la PAC sin que ello propicie la temida ‘renacionalización’ de las ayudas públicas ni cree más agravios entre las agriculturas del norte, del sur o del este.
Aquí más cerca, el sector olivarero, a punto de sacar las varas, espera la orientación final de la anunciada norma de calidad. Hay muchas dudas sobre el desarrollo del artículo 167 bis para articular almacenamientos, y muchas más, entre almazaras, industriales y envasadores, sobre la imposición del cristal en los vírgenes extra. La negociación sigue abierta.
En el vino, cooperativas y productores empiezan a inquietarse por la parálisis de las ventas, y urgen a buscar fondos adicionales por si hubiera que destilar más, almacenar otro poco, o subir las prestaciones vínicas. Francia e Italia ya están moviéndose. Aquí esperando no sé qué señal.
La ganadería de vacuno que desde el Estado de Alarma arrastra bajos precios por el cierre del Horeca, también espera que el consumo nacional se reactive. Los del queso manchego dicen haber salvado lo peor; la leche de oveja ha subido. Y mientras todos intentan llegar al final del año maldito en las mejores condiciones, la vida en el campo vuelve a sembrar ilusión con los ajos del que viene, y un cereal de invierno -cotizando al alza- que deja buen margen para encargar la nueva semilla del Pilar en adelante, a la espera de la bendición de las lluvias para una buena germinación.