CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Los vencedores

No es difícil imaginar la euforia que debieron sentir Irene Montero y Pablo Iglesias cuando llegaron el martes por la noche a casa. Habían conseguido el pacto de su vida: los dos formarían parte de un gobierno de coalición y, los dos, porque las negociaciones las han llevado los dos, habían conseguido que Pedro Sánchez se tragara sus palabras despectivas hacia el partido que lideran.

Felipe González no quiso que dos Solana se sentaran en la mesa del Consejo de Ministros, aunque tanto Luis como Javier eran personas relevantes y con peso en el partido; tuvo la misma actitud con los hermanos Fernández Ordóñez, mientras que Rajoy aplicó la misma norma a los hermanos Nadal. Y en la memoria de todos está que Alvaro Espina, al que se consideraba seguro ministro, se tuvo que conformar con una secretaría de Estado porque su mujer, Rosa Conde, fue nombrada ministra. La cosa cambia ahora con un Sánchez dispuesto a todo, incluso a dejar atrás sus principios, con tal de seguir siendo presidente, y si es verdad lo que dicen los vencedores del pacto Psoe-Podemos, la pareja Iglesias-Montero, los dos estarán en la mesa más apetecida en Moncloa, aquella en la que se reúne el gobierno y toma decisiones.

Sánchez tiene un enemigo en las hemerotecas, donde se encuentran auténticas perlas que recogen lo que piensa de una alianza con Podemos. No solo le quitaría el sueño esa posibilidad, sino que correría el riesgo de tener un gobierno dentro de su gobierno. Por no hablar de cómo se come que en el borrador conjunto reiteren su defensa de la Constitución cuando los socialistas se han hartado de recordar que no se puede gobernar con quien cree que los dirigentes independentistas que cumplían prisión preventiva eran presos políticos, o que el problema de Cataluña pasa por la convocatoria de un referéndum de autodeterminación. Inconstitucional. Ilegal.

Todo está por negociar, pero se comprende la inquietud que invade a infinidad de españoles, incluidos recalcitrantes votantes socialistas, cuando hacen balance de algunas de las propuestas tradicionales de Podemos: nacionalización de la banca, más control de los medios privados de comunicación, nacionalización energética, e incrementar aún más el salario mínimo interprofesional cuando los propios empresarios reconocen que el incremento del paro de los últimos meses está directamente relacionado con esa medida. En cuanto a las pensiones, todo el mundo desea su subida pero hay que hacerla con prudencia pues, de vincularla al ipc, la mayoría de los economistas de prestigio, conservadores y progresistas, coinciden en que hacerlo a las bravas puede provocar la quiebra del sistema, lo que hace peor el remedio que la enfermedad.

Un gobierno de coalición Psoe y Podemos ha provocado una ola de entusiasmo entre los podemitas, que nunca se han visto en una situación mejor. Entre los socialistas hay división de opiniones, a la espera de cómo se concreta. De momento, en el tablero las fichas moradas ganan de calle a las rojas.