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Miguel Ángel Flores

Amboades

Miguel Ángel Flores


Memento mori

27/09/2021

Muchos quizá hayan oído esta expresión del latín memento mori, expresión anterior a los cristianos. Porque, ya en la antigua Roma se usaba en actos tan importantes, como lo eran cuando, los generales romanos triunfantes de las batallas conquistadas para el esplendor de Roma, entraban en la ciudad eterna, en olor de multitudes, en un desfile excelso con vítores y alabanzas por la gloria conseguida. Justo en esos momentos repletos de gloria, orgullo y máxima felicidad por los éxitos conseguidos, dado que incluso, le incrementarían más fama y hasta más poder. Pues en esos momentos únicos, cuando iban en un pedestal de arrogancia y vanidad (insanas), como si llegados a esos momentos sublimes, estos instantes, no tuvieran nunca término, fueren como infinitos. Siempre en su carro triunfal llevado por un excelente auriga, con ellos iba un esclavo, que, sobre la cabeza del triunfador, sin llegar a tocarla, sostenía en su mano derecha una corona de laurel, mientras el resto de los romanos eufóricos y enloquecidos, le vitoreaban mucho más que los actuales aficionados al fútbol. El esclavo no dejaba de repetirle al oído memento mori, expresión que se puede traducir, como: recuerda que morirás. Pues por las trazas de esta sociedad, que me ha tocado vivir y, seguro a mí siempre en todo tiempo me hubiera ocurrido igual, respecto de la sociedad y gentes de mi alrededor.
Bien, pues por lo que se ha venido vendiendo a la sociedad occidental de Europa, EEUU, Canadá, Japón, Australia, Nueva Zelanda o hasta Corea del Sur, parece ser que somos inmortales, y que nunca nos vamos a morir, pero hay que tener en cuenta y mucho más de lo que se hace, que la muerte en los hombres es inexorable. Por ello, creo que una muy pequeña minoría de la sociedad occidental, y por ende de todo el mundo, hace todo lo posible por vivir en una vida arrogante y llena de vanidad, a la par que destructiva y terrible para el resto de los hombres que le rodean. Porque saben que son finitos, y a ese tiempo corto lo hacen que todo sea lo más cuasi infinito de una banalidad extrema, mal llamándolo felicidad, a costa que el resto de la sociedad, viva cada vez más una tortura continua, provocada por esa minoría indolente que, la componen los que mandan de arriba, todos los que están a los mandos, los privados y también los que les ha puesto el pueblo ‘soberano’ y…