Mi media Fanega

Jorge Jaramillo


Arañazos a un león

Europa dice que responderá a la ‘Guerra Comercial’ abierta por Estados Unidos con la misma moneda de cambio porque «no quedan más alternativas». Una reacción tibia como normal y previsible cuya repercusión solo comprobaremos cuando la Comisaria de Comercio presente la lista de bienes norteamericanos que quedarán gravados al llegar a nuestro territorio. Ahí será cuando veremos si les duele igual o son simples arañazos o pequeños jirones en la economía de un león.
Posiblemente no queda más remedio que esperar a que la OMC (Organización Mundial del Comercio) resuelva -quizá en sentido similar- contra la política de subvenciones americanas al gigante Boeing para saber si hay posibilidades reales de retirar estas medidas por parte de ambos bloques. Aunque de entrada, será inevitable que los nuevos aranceles, en vigor desde el viernes, trastoquen la rentabilidad y las estrategias de tantas empresas vitivinícolas, aceiteras, cárnicas o lácteas.
   Con impotencia, por ser otra vez paganas de tensiones geopolíticas, el sector agroalimentario español acusa falta de diligencia y capacidad política de Europa al no haber evitado este final y llevarles a un callejón sin salida en plena campaña navideña donde algunos envíos se intensifican. Les condenan así a tener que reforzar sus inversiones en promoción para consolidar imagen en un país de ensueño que marca tendencias y está dispuesto siempre a pagar la calidad.
   La Denominación de Origen de vinos La Mancha por ejemplo, vendió el año pasado en los Estados Unidos un millón y medio de botellas que, sin ser el mercado donde más peso tienen, sí es donde más han notado el crecimiento moviéndose en un segmento medio-alto. De ahí que el Consejo Regulador asuma este escenario con resignación hasta que pase la tormenta arancelaria y anime a sus cooperativas y bodegas a reforzar la publicidad para que nadie pierda posiciones.
   En el aceite de oliva, algunos analistas creen que hay que reaccionar con inteligencia ‘inundando de graneles’ los Estados Unidos cual caballo de Troya. De hecho algunas firmas de distribución de capital español que vienen realizando fuertes inversiones en nuevas plantaciones de olivar intensivo y superintensivo en Portugal, tienen plantas de envasado allí con lo que les resultará fácil ‘burlar’ este bache. Otras pymes ya han iniciado contactos para envasar en territorio de Trump.
   Cierto es que el embotellado, y todas las empresas españolas que venían trabajando con intensidad en esta banda de mayor valor añadido son las más preocupadas por la ventaja competitiva que -de una manera dirigida- tendrán otra vez los italianos en esa carrera por liderar el lineal estadounidense. Pero se trata de revisar el modelo aunque sea de forma provisional. Según algunos expertos, de las 60.000 toneladas que se venden allí en botella, se verían afectadas unas 15.000 por el formato.
   Por si acaso se hunden más los precios, el próximo 31 de octubre quedará aprobado previsiblemente el almacenamiento extraordinario de aceite de oliva por un tiempo todavía impreciso. De momento, los operadores ya han empezado a moverse porque no solo vendemos a Estados Unidos, ni es el único mercado estratégico. En ese sentido hablamos de una medida más paliativa que curativa como ya vimos en 2012 con la retirada de 100.000 toneladas.
   Pero es aquí y ahora donde hay que replantear cosas. Porque en el caso del olivar,  mientras el arbolado de bajo rendimiento siga perdiendo ventaja competitiva frente a las nuevas plantaciones y nadie vea la necesidad de apuntalar su rentabilidad incentivando el consumo, diversificando la exportación o consiguiendo una ayudas asociada de la PAC, será por Trump, por Putin o mañana por Boris Johnson, pero este -como otros sectores- solo recibirán zarpazos del león.