Barrio de Santo Tomé

Juan Ignacio de Mesa


El silencio de los corderos

12/10/2020

Con el título de esta columna no quiero hacer referencia a la estupenda película en la que Anthony Hopkins protagoniza al espeluznante Dr. Hannibal Lecter, al que da respuesta una maravillosa Jodie Foster. Solo quiero decir que, si no han visto la película, la vean. Arrasó en los Oscar de 1991 llevándose los cinco premios principales. Cuando hago referencia al ‘Silencio de los corderos’ es por recordar el poema, para algunos atribuido a Bertolt Brecht y para otros al pastor protestante Martín Niemöller, titulado, en el caso del primero ‘Y por mi vinieron’ y en el del segundo ‘Que hubiera hecho Jesucristo’. En ambos casos, los dos se refieren a la crueldad del régimen nazi y a la indiferencia de una sociedad que permaneció en silencio mientras se iban atacando las libertades del pueblo y deteniendo a todo colectivo que no estaba de acuerdo con el ‘nuevo régimen’. Todo me vino a la cabeza viendo los primeros capítulos de la serie ‘Patria’ basada en el libro escrito por Fernando Aramburu y que es de lectura imprescindible para conocer una realidad basada en las víctimas y verdugos en el País Vasco debidas a las acciones de ETA. Ver la evolución del trato de los amigos del Txato antes y después de que ETA le señale, la ruptura y el silencio de las amigas de Bittori. El rechazo de la ‘buena’ sociedad filoetarra, cuando Bittori vuelve al pueblo. La hipocresía, la cobardía y el silencio, todo esto sirve para recordar que, si la acción y el ruido de unos es preocupante, mucho más lo es el silencio cómplice de los demás. El último párrafo del verso atribuido a Bertolt Brecht es suficientemente explicito: «…Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi, no había nadie más que pudiera protestar».
Lo dicho hasta ahora son solo ejemplos con los que podemos comparar situaciones actuales por muy distintas que consideremos que sean. El silencio solo sirve para que se oiga más el ruido de los que atacan la convivencia y el Estado de Derecho, además no aporta soluciones y no servirá para acallar nuestras conciencias. No confundamos prudencia con cobardía.