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Pilar Gil Adrados

Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


¿Extensivo o Intensivo?

13/01/2022

A estas alturas, después de una semana de fuego graneado, resulta aburrido escribir sobre la entrevista del Ministro Garzón, aunque algunas de las salidas de pata de banco que ha suscitado sean conmovedoras y hasta interesantes.
Este episodio, como el de hace meses cuando recomendaba comer menos carne para proteger nuestra salud del cáncer y la del planeta de las emisiones, reabre controversias publicas entre posiciones que nunca se van a encontrar. Fundamentalmente, porque para discutir no solo emplean conocimiento más o menos racional, sino que llevan al debate factores no epistémicos - opiniones, deseos, anhelos, ideología, moral o ética- que escapan a toda lógica y, entonces, no hay quien lo ordene.
A mí puede parecerme racional, también sostenible y saludable, como gestionan los suizos su ganadería. Destinan la montaña, donde no hay posibilidad de cultivar ni cereales, ni oleaginosas, ni frutas ni verduras, para pasto, incomestible para humanos, con el que dar de comer a los herbívoros, sus vacas. De esta manera, reservan los llanos de suelos muy ricos para la agricultura productivista que les provee de concentrados para animales, de alimentos y de bienes con los que comerciar. Aun así, y aunque, por razones obvias, la agricultura no llega al uno por ciento de su PIB, buscan su eficiencia económica, compensando la reducción de la cabaña con una mayor productividad por cabeza.
Lógica natural suiza que puede sorprenderte con destellos de lógica difusa, esa que emplea el razonamiento aproximado tolerante con la imprecisión. Paseando por Lucerna, puedes toparte con una manifestación, tan concurrida que te obliga a sentarte en la acera a esperar, que duda de la pandemia, se opone a vacunas, mascarillas, restricciones sanitarias y, en general, a todas las reglas, convicciones y convenciones que sustentan al sistema.
Volviendo a los pastos, a los cultivos y a las vacas, no dejar de ser sorprendente en pleno siglo XXI, con su endiosada sociedad de la información especializada y tecnológica, que se asimile lo intensivo directamente con lo dañino y lo perverso. Por eso, cuando se cuestiona el tamaño de algunas explotaciones ganaderas españolas tildándolas de intensivas o macrogranjas -algo que la literatura científica, administrativa o jurídica no sabe reconocer por el momento-, no se tiene en cuenta que responde a criterios de eficiencia. Utilizar mejor los recursos económicos para generar ingresos, ser competitivo, crear empleo y aprovisionar a la industria agroalimentaria que nos lleva la comida hasta casa, evitando, eso también, efectos perjudiciales para el medio ambiente.
Es decir, ser intensivo no lo determina, necesariamente, el número de animales por superficie, sino el uso intensivo de capital. Para alcanzar las demandas de la sociedad europea y cumplir con toda la normativa que regula hasta el más mínimo detalle, emprender o mantener una ganadería requiere gran cantidad de recursos económicos para producir alimentos sanos y seguros a un precio poco justo, para cuidar del bienestar de los animales y para disponer de la tecnología necesaria que no dañe los ecosistemas, siendo eficiente en el uso de la energía y de los recursos naturales, agua, suelo y aire.